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NOVEDADES BIBLIO
GRÁFICAS

Cuentos Completos (1891-1908)
Edith Wharton, editorial Páginas de Espuma, Madrid, abril, 2018.

Este libro de cuentos reúne por primera vez en español todos los cuentos de Edith Wharton (Estados Unidos, 1862 - Francia, 1937). Aunque su nombre sea bien conocido para un lector atento, ya que fue la primera mujer en ganar el premio Pulitzer, estuvo nominada al Nobel en varias ocasiones, firmó más de cuarenta libros de todos los géneros, aún queda mucho por conocer de una de las escritoras más difíciles de encasillar de la historia de la literatura: sus cuentos son un brillante ejercicio de pasión, síntesis, armonía, encanto discreto y un agudísimo sentido del humor que no han llegado a ser todo lo reivindicados que deberían. Páginas de Espuma pretende saldar esta deuda.
Este primer volumen de sus "Cuentos completos", que comprende los escritos entre 1891 y 1908, nos ofrece una nueva visión de la autora de “La edad de la inocencia” que sorprenderá a no pocos y hará disfrutar a muchos. Diecisiete años de relatos reunidos en este primer tomo, prologado por la escritora Clara Obligado, y cuya traducción corre a cargo de un equipo de traductores –Emma Cotro, Maite Fernández Estañán, Eva Gallud y Juan Carlos García– que no solo ha logrado traernos la voz de Wharton de la mejor manera posible, sino hacerlo en el momento y de la forma que merece.
Los cuentos que se incluyen en la presente edición son los que fueron compilados por Richard Warrington Baldwin Lewis en 1968 dentro de “The collected Short Stories”. En ellos hay además conversaciones con la pintura, los viajes, el propio oficio de escribir y la casa, la casa como espacio poético. En “Almas vencidas”, uno de sus cuentos más destacados por la crítica, aquí recogido, podemos leer: "Nada más desconcertante para un hombre que el proceso mental de una mujer que razona sus emociones". Hoy, que la mujer sigue andando hacia su reconocimiento como Una, la publicación de estos cuentos es un modo magnífico de saber cómo fue el despertar. El primer tomo se publica en abril y el segundo el año próximo. Esta recopilación rescata a una autora que no solo escribió, sino que reflexionó sobre el proceso de escritura, ya en el siglo pasado.


Nueva York 2140
Kim Stanley Robinson, Editorial Minotauro, Barcelona, marzo, 2018.

Cuando subió el nivel del mar, cada calle de Nueva York se convirtió en un canal, y cada edificio, en una isla. Sin embargo, para los residentes de un bloque de apartamentos de Madison Square, la Nueva York del 2140 dista mucho de ser una ciudad anegada. Está el corredor de bolsa, capaz de encontrar oportunidades en las desgracias ajenas. La agente de policía, cuyo trabajo nunca termina. Está la estrella de internet, adorada por millones de espectadores que siguen las aventuras de su dirigible, y la respetada administradora del edificio, donde dos niños jugarán un papel decisivo. También están los dos programadores afincados en el tejado y cuya desaparición desencadena una secuencia de acontecimientos que pone en peligro la supervivencia de todos, incluidos los cimientos sumergidos sobre los que descansa la ciudad.
Tal y como cuenta el propio autor: “En Nueva York 2140 he contado la historia de una revolución popular y una revolución política que crea un postcapitalismo para resolver el problema ecológico, porque es la única solución posible. El mercado no tiene cerebro, ni consciencia, ni moral, ni sentido de la historia. El mercado solo se rige por una consigna, y es una mala consigna, una consigna que solo funcionaría en un mundo en el que las materias primas fuesen infinitas”.

a) Mutt y Jeff

El que escribe el código genera el valor.
—Eso ni siquiera se acerca a la verdad.
—Claro que sí. El valor reside en la vida y la vida está codificada, como
el ADN.
—¿O sea, que las bacterias tienen valores?
—Claro. Todas las criaturas vivas quieren cosas y las persiguen. Desde
los virus y las bacterias hasta nosotros.
—Lo que me recuerda que te toca limpiar el baño.
—Lo sé. La vida significa muerte.
—¿Lo harás hoy?
—En algún momento del día. Volviendo a mi argumento: nosotros
escribimos código. Y, sin ese código, no existen ordenadores. Ni finanzas,
ni dinero, ni valor de intercambio, ni valor en general.
—Salvo lo último, entiendo lo que quieres decir. ¿Y?
—¿Hoy has leído las noticias?
—Pues no, claro.
—Deberías. Son malas. Se nos comen.
—Qué novedad. Es lo que has dicho: la vida significa muerte.
—Más que otras veces. Esta vez es demasiado. Nos van a dejar en
los huesos.
—Ya. Por eso vivimos en una tienda de campaña sobre un tejado.
—Exacto. Y ahora, a la gente le preocupa incluso la comida.
—Lógico. Ese es el auténtico valor: tener la tripa llena. El dinero no
se come.


Un andar solitario entre la gente
Antonio Muñoz Molina, Seix Barral, Barcelona, febrero, 2018.

La novela es la historia de un caminante que escribe siempre a lápiz, recortando y pegando cosas, recogiendo papeles por la calle, en la estela de artistas que han practicado el arte del collage, la basura y el reciclaje como Diane Arbus o Dubuffet, así como la de los grandes caminantes urbanos de la literatura: de Quincey, Baudelaire, Poe, Joyce, Walter Benjamin, Melville, Lorca, Whitman… A la manera de Poeta en Nueva York, de Lorca, la narración de Un andar solitario entre la gente está hecha de celebración y denuncia: la denuncia del ruido extremo del capitalismo, de la conversión de todo en mercancía y basura; y la celebración de la belleza y la variedad del mundo, de la mirada ecológica y estética que recicla la basura en fertilidad y arte.
Una novela fragmentaria, sin trama, articulada mediante secciones cuyos títulos son frases extraídas de la atmósfera mediática. Es la novela de un paseante que recorre Madrid o Nueva York, pero también París o Lisboa; que transcribe conversaciones callejeras o fragmentos mediáticos, pero también fantasea con los grandes nombres de la tradición literaria en torno a la idea de ciudad o se va encontrando con un personaje fantasmagórico que le anima a imaginar el gran poema de hoy como una acumulación de detritos. De vez en cuando, se reproducen fragmentos de los collages que el autor ha ido elaborando durante el tiempo de creación del libro: es una forma valiente de exponer todas las minucias de la construcción de una voz como esta. Y desde luego, reserva chispas de belleza por todas partes.

I OFICINA DE INSTANTES PERDIDOS

Escucha los Sonidos de la Vida. Soy todo oídos. Escucho con mis ojos. Escucho lo que veo en los anuncios y en los titulares de los periódicos y en los carteles y letreros de la ciudad. Voy viajando a través de una ciudad de palabras y voces. Las voces hacen vibrar el aire y llegan por mi oído interno al cerebro convertidas en impulsos nerviosos. Las palabras las oigo al pasar o cuando alguien se queda un rato a mi lado hablando por un teléfono móvil o las leo en cualquier lugar o en cualquier superficie hacia la que mire, cada pantalla. Las palabras escritas me llegan como sonidos de voces, notas que leo en una partitura, a veces queriendo distinguir varias palabras simultáneas, deducir las que no oigo porque se han alejado muy rápido de mí o porque las borra un ruido más fuerte. Las diferencias en las tipografías forman una incesante polifonía visual. Soy una grabadora en marcha, oculta en el teléfono futurista de un espía de los años sesenta, en el iPhone que llevo en el bolsillo. Soy la cámara que quería ser Christopher Isherwood en Berlín. Soy una mirada que no quiere distraerse ni para un parpadeo. El bosque tiene oídos, dice al pie de un dibujo del Bosco. Los campos tienen ojos. En el interior del tronco hueco de un árbol fosforecen en la oscuridad los ojos amarillos de una lechuza. Un árbol corpulento tiene dos orejas grandes como de elefante que casi rozan el suelo. Una escultura de Carmen Calvo es un gran portalón viejo de madera tachonado de ojos de cristal. Las puertas tienen ojos. Las paredes oyen. Los enchufes oyen, dice Gómez de la Serna.


El legado de los espías
Jonh Le Carré, Editorial Planeta, Barcelona,enero, 2018.

El autor británico, regresa a los turbios escenarios de las primeras obras de su extensa producción. Vuelven, como cadáveres mal enterrados, todos los personajes y los climas angustiantes que rodean a Smiley, el superespía protagonista de toda la saga. En esta entrega es Peter Guillam, su adjunto, quien, en un extenso alegato en primera persona, dirige desde el primer párrafo toda la atención sobre Alec Leamas, su amigo asesinado en el Muro y protagonista de “El espía que surgió del frío”. Y también, lo sabemos ahora, quien desveló a Smiley la existencia de un topo, un infiltrado, en lo más alto de la rígida jerarquía del Servicio Secreto inglés.
Guillam es llamado a Londres desde su retiro en la Bretaña francesa para responder ante una posible denuncia de los hijos de las dos víctimas que protagonizaban aquella novela. En un constante ir y venir desde el Berlín de 1959, con el Muro empezando a levantarse, al presente de los nuevos servicios secretos en manos de jóvenes tecnócratas que desconfían e ignoran a las viejas glorias, Le Carré reconstruye una trama donde podemos seguir el hilo que se ocultaba en aquella primera novela, y que, según recoge en “Volar en círculos”, fue considerada por uno de los oficiales de mayor rango de la Inteligencia británica como "la única puñetera operación con doble agente que ha salido bien". Pero algo no salió del todo bien cuando hubo que sacrificar a uno de los mejores agentes ingleses, amigo y compañero de Peter, y a un buen grupo de civiles de ese "ejército gris de ocasionales, mutuamente desconocidos, que con una sola llamada lo dejaban todo para trabajar para la causa". Smiley y Guillam abandonan cualquier rasgo de humanidad hasta descubrir quién era el topo, el agente durmiente que los soviéticos, a quienes Le Carré siempre consideró más imaginativos y eficaces, lograron situar en la cumbre de la Inteligencia inglesa. Sesenta años después, un Guillam ya viejo pero no anciano, en un tardío acto de rebelión cierra su relato visitando a su mentor Smiley, quien ya definitivamente retirado intenta calmarle con otra muestra de su refinado cinismo: "Nunca fuimos despiadados, teníamos una piedad más amplia. Quizás mal dirigida. Y sin duda inútil", sin dejar muy claro a Peter Guillam, y al lector, cuál será el final, si es que lo hay. Esa forma de quedar en paz con su belicoso pasado, bien puede ser la obsesión del autor.


Origen
Dan Brown, Editorial Planeta, Barcelona, octubre, 2017.

Se trata de la quinta novela protagonizada por el célebre profesor de Harvard experto en simbología, Robert Langdon, y transcurre íntegramente en España y recorre lugares tan emblemáticos como el museo Guggenheim de Bilbao, la Catedral de Sevilla o la Sagrada Familia de Barcelona.
Este libro está inspirado por la siguiente pregunta: ¿sobrevivirá Dios a la ciencia? Esto no ha pasado nunca antes en la historia de la humanidad. ¿Somos tan inocentes como para creer que los dioses del presente van a sobrevivir y estar aquí dentro de cientos de años? Convencido de que el cambio tecnológico y el desarrollo artificial van a transformar el concepto de lo divino, Dan Brown profetiza que la sociedad comenzará a buscar sus experiencias espirituales a través de interconexiones con los demás.
Robert Langdon, profesor de simbología e iconografía religiosa de la universidad de Harvard, acude al Museo Guggenheim Bilbao para asistir a un trascendental anuncio que “cambiará la faz de la ciencia para siempre”. El anfitrión de la velada es Edmond Kirsch, un joven multimillonario cuyos visionarios inventos tecnológicos y audaces predicciones lo han convertido en una figura de renombre mundial. Kirsch, uno de los alumnos más brillantes de Langdon años atrás, se dispone a revelar un extraordinario descubrimiento que dará respuesta a las dos preguntas que han obsesionado a la humanidad desde el principio de los tiempos.
Al poco tiempo de comenzar la presentación, meticulosamente orquestada por Edmond Kirsch y la directora del museo Ambra Vidal, estalla el caos para asombro de cientos de invitados y millones de espectadores en todo el mundo. Ante la inminente amenaza de que el valioso hallazgo se pierda para siempre, Langdon y Ambra deben huir desesperadamente a Barcelona e iniciar una carrera contrarreloj para localizar la críptica contraseña que les dará acceso al revolucionario secreto de Kirsch.
Perseguidos por un atormentado y peligroso enemigo, Langdon y Ambra descubrirán los episodios más oscuros de la Historia y del extremismo religioso. Siguiendo un rastro de pistas compuesto por obras de arte moderno y enigmáticos símbolos, tendrán pocas horas para intentar desvelar la fascinante investigación de Kirsch… y su sobrecogedora revelación sobre el origen y el destino de la Humanidad.

Prólogo

A medida que el viejo funicular ascendía lentamente la pendiente vertiginosa, Edmond Kirsch contemplaba la irregular cumbre de la montaña. A lo lejos, construido en la pared de un acantilado escarpado, el enorme monasterio parecía colgar en el aire como si estuviera soldado al precipicio por arte de magia.

Este atemporal santuario de Cataluña había soportado el implacable tirón de la gravedad durante más de cuatro siglos sin faltar nunca a su propósito original: aislar a sus ocupantes del mundo moderno.

«Irónicamente, ahora serán los primeros en conocer la verdad», pensó Kirsch, preguntándose cómo reaccionarían. A lo largo de la historia, las personas más peligrosas siempre habían sido los hombres de Dios... sobre todo cuando sus dioses se veían amenazados. «Y yo estoy a punto de arrojar una lanza en llamas a un nido de avispas.»

Cuando el funicular alcanzó la cumbre, Kirsch vio la solitaria figura que lo esperaba en el andén. Un hombre de frágil constitución ataviado con una tradicional vestimenta católica: sotana negra, fajín y solideo púrpura y roquete blanco. Kirsch reconoció los enjutos rasgos que había visto en distintas fotografías y sintió una inesperada oleada de adrenalina.
«Valdespino ha venido a recibirme en persona.»

El obispo Antonio Valdespino era una figura importante en España: no sólo se trataba de un fiel amigo y consejero del mismísimo rey, sino también de uno de los más firmes e influyentes defensores de la preservación de los valores católicos conservadores y las políticas tradicionales.

—Edmond Kirsch, supongo —dijo el obispo en cuanto Kirsch descendió del vagón.

—El mismo —afirmó éste sonriendo y extendiendo un brazo para estrechar la huesuda mano de su anfitrión—. Obispo Valdespino, quiero agradecerle que haya hecho posible este encuentro.

—Y yo aprecio que usted lo solicitara. —La voz del obispo, clara y penetrante como el repique de una campana, era más fuerte de lo que Kirsch había esperado—. Los hombres de ciencia no suelen acudir a nosotros en busca de consejo, y menos todavía los de su relevancia. Por aquí, por favor.


Una columna de fuego
Ken Follet, Editorial Plaza y Janés, Barcelona, septiembre, 2017.

Última entrega de la saga que Ken Follet comenzó con Los pilares de la Tierra (1989) y continuó con Un mundo sin fin (2007).
La historia comienza cuando el joven Ned Willard regresa a su hogar en Kingsbridge por Navidad. Corre el año 1558, un año que trastocará la vida de Ned y que cambiará Europa para siempre.
Las antiguas piedras de la catedral de Kingsbridge contemplan una ciudad dividida por el odio religioso. Los principios elevados chocan con la amistad, la lealtad y el amor, y provocan derramamientos de sangre. Ned se encuentra de pronto en el bando contrario al de la muchacha con quien anhela casarse, Margery Fitzgerald.
Cuando Isabel I llega al trono, toda Europa se vuelve en contra de Inglaterra. La joven monarca, astuta y decidida, organiza el primer servicio secreto del país para estar avisada ante cualquier indicio de intrigas homicidas, levantamientos o planes de invasión.
En París, a la espera, se encuentra la seductora y obstinada María Estuardo, reina de los escoceses, en el seno de una familia francesa con una ambición descomunal. Proclamada legítima soberana de Inglaterra, María cuenta con sus propios partidarios, que conspiran para deshacerse de Isabel.
Entretanto, Ned Willard busca a Jean Langlais, un personaje escurridizo y enigmático, sin saber que tras ese nombre falso se esconde un compañero de clase de su infancia, alguien que lo conoce demasiado bien.
A lo largo de medio siglo turbulento, el amor entre Ned y Margery parece condenado al fracaso mientras el extremismo hace estallar la violencia desde Edimburgo hasta Ginebra. Isabel se aferra precariamente a su trono y a sus principios, protegida por un pequeño y entregado grupo de espías hábiles y agentes secretos valerosos.
Los auténticos enemigos, tanto entonces como ahora, no son las religiones rivales. La verdadera batalla es la que enfrenta a quienes creen en la tolerancia y el acuerdo contra tiranos dispuestos a imponer sus ideas a todo el mundo... y a cualquier precio.

PRIMERA PARTE
1558

1
I

Ned Willard regresó a casa, a Kingsbridge, en plena ventisca.

Navegó río arriba desde la ciudad portuaria de Combe Harbour a bordo de una lenta barcaza cargada con telas de Amberes y vino de Burdeos. Cuando advirtió que la embarcación se aproximaba al fin a Kingsbridge, se arrebujó la capa sobre los hombros, se subió la capucha para protegerse las orejas, salió a cubierta y miró al frente.

Al principio se llevó una gran decepción, pues lo único que acertaba a vislumbrar era nieve y más nieve. Sin embargo, su ansia por ver al fin la ciudad, aunque solo fuese un pequeño atisbo de ella, era insoportable, de modo que aguzó la vista a través del vendaval, con la esperanza dibujada en el semblante. Al poco, sus deseos se hicieron realidad, y la tormenta empezó a amainar. Un retazo de cielo azul asomó por sorpresa entre las nubes y, mirando por encima de las copas de los árboles, Ned vio la torre de la catedral, de ciento veintitrés metros de altura, un dato que sabía cualquier alumno de la Escuela de Gramática de Kingsbridge. Un manto de nieve ribeteaba ese día las alas del ángel de piedra que vigilaba la ciudad desde lo alto de la aguja, y teñía las puntas grisáceas de sus alas de un blanco brillante. Mientras Ned la contemplaba, un fugaz rayo de sol iluminó la estatua e hizo refulgir la nieve, como bendiciéndola. Entonces la tormenta arreció de nuevo y la estatua desapareció de su vista.

Ned no vio nada más que árboles durante largo rato, pero su imaginación trabajaba con desbordante frenesí. Estaba a punto de reencontrarse con su madre, tras una ausencia de un año. Había decidido que no le diría cuánto la había echado de menos, pues a los dieciocho años un hombre debía ser independiente y autosuficiente.

Sin embargo, por encima de todo lo demás, había echado de menos a Margery. Se había enamorado de ella, con un pésimo sentido de la oportunidad, unas pocas semanas antes de abandonar Kingsbridge para realizar una estancia de un año en Calais, el puerto de dominio inglés en la costa norte de Francia. Conocía a la traviesa e inteligente hija de sir Reginald Fitzgerald desde la infancia, y también le había gustado desde entonces. Con el tiempo, la niña se había convertido en toda una mujer, y su picardía y vitalidad habían ejercido un nuevo atractivo sobre él, de manera que en ocasiones llegaba incluso a sorprenderse mirándola embobado en la iglesia, con la boca reseca y la respiración agitada. Él había tenido sus dudas respecto a hacer algo más que limitarse a observarla, pues la muchacha era tres años menor que él, pero ella no había mostrado semejantes reservas. Se habían besado en el camposanto de Kingsbridge, tras el voluminoso montículo que formaba la tumba del prior Philip, el monje encargado de la construcción de la catedral, cuatro siglos antes. No había habido nada de infantil en aquel largo y apasionado beso; luego, ella se había reído y había echado a correr.

Pero al día siguiente, ella lo besó otra vez, y la noche antes de su partida hacia Francia, ambos se habían confesado que se amaban.

Las primeras semanas se habían intercambiado cartas de amor. No habían dicho nada a sus padres acerca de sus sentimientos —les parecía demasiado pronto—, de modo que no podían escribirse abiertamente, pero Ned había confiado su secreto a su hermano mayor, Barney, quien se convirtió en el intermediario de ambos. Luego Barney se había marchado de Kingsbridge para ir a Sevilla. Margery también tenía un hermano mayor, Rollo, pero no confiaba en él del modo en que Ned confiaba en Barney, así que la correspondencia entre ellos cesó.

La falta de comunicación no hizo mella en los sentimientos de Ned; era consciente de lo que solía decirse sobre los primeros amoríos, y se cuestionaba a sí mismo de forma constante, esperando que lo que sentía por Margery cambiase en cualquier momento; sin embargo, nada cambió. Tras unas pocas semanas en Calais, su prima Thérèse le dejó bien claro que se había quedado prendada de él y estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para demostrárselo, pero Ned no se sintió en absoluto tentado. Eso le produjo cierta sorpresa, pues hasta entonces nunca había dejado pasar la oportunidad de besar a una muchacha hermosa de pechos generosos.


El manuscrito nazi
Juan Martorell, Editorial Planeta, Barcelona, junio, 2017.

El manuscrito nazi vuelve a tener como protagonista a Nicole Pascal, una arqueóloga especializada en el Antiguo Egipto. Trabaja en el Museo del Louvre de París y se la conoce por ser una mujer abierta y comunicativa. Es una apasionada de las plumas estilográficas, especialmente de aquellas que tienen cierta antigüedad, como la Montblanc negro brillante que le regala su novio, Jean. Su tinta favorita es la de color rojizo y es con ella con la que escribe las palabras que desencadenan una serie de acontecimientos que la arqueóloga nunca habría podido imaginar: Hans SS Himmler. Este nombre pertenece a un antiguo general de las SS que estuvo en el cargo desde 1929 hasta el final de la guerra.
En esta nueva historia, la arqueóloga se adentrará en los secretos y en las creencias esotéricas de los grandes jefes del nazismo alemán. La pluma que le regala su novio, Jean Massard, es el desencadenante que llevará a la pareja a hacerse con un manuscrito de Hans Heins, quien se hizo llamar Jean La Fontaine, marido de Helga, dueña de la pluma, quien hace entrega a Nicole del primer manuscrito escrito por su marido y el que desentierra la historia de El manuscrito nazi. Jeans es el autor del manuscrito, un texto que comenzó a escribir el 15 de mayo de 1985, cuando tenía 80 años y tras guardar sus recuerdos durante más de cuatro décadas de manera secreta. Su origen, al igual que el de su segunda mujer, era alemán, aunque el destino les llevó a terminar viviendo en Francia. Durante su estancia en su país de origen fue miembro del partido nazi e hijo y nieto de militar.
En él, el autor narra su vida y sus relaciones con la plana mayor de los dirigentes nazis. Protegido por Himmler, Hans Heins fue íntimo amigo de los gurús del pensamiento sobre la supremacía nazi. Narra en el sorprendente manuscrito su vida y sus relaciones con la plana mayor de los dirigentes nazis, las creencias mágicas y ariosóficas que conformaron buena parte de la filosofía de quienes dirigieron el destino de Alemania en aquella época.
Nicole y Jean conocerán de primera mano la verdad sobre la Lanza Sagrada, sobre la muerte de Himmer y sobre el enigmático castillo de Wewelsburg. Verdades que podrían alterar la percepción de lo sucedido en aquellos años y que afectarían al curso de la historia.


Palabras contra el olvido: Vida y obra de María Teresa León (1903-1988)
José Luis Ferris, Fundación José Manuel Lara, Sevilla, mayo, 2017.

Obra basada en la figura de María Teresa León, vinculada a la de Rafael Alberti durante al menos cincuenta años, en los que ambos vivieron juntos las experiencias decisivas de la guerra y el exilio. Pero su relación con el poeta no debe ocultar la contribución de una de las escritoras más deslumbrantes de la Generación del 27.
Autora de relatos, novelas, biografías, ensayos, piezas teatrales, guiones y artículos de prensa, María Teresa León encarnó el ideal de la "nueva mujer" emancipada que preconizaba la España republicana y dejó en su obra, de acusado carácter autobiográfico, numerosas pistas de un itinerario marcado por el amor y el desamor, el combate y el destierro, el compromiso y la soledad, el ruido y el silencio, la guerra y la pasión por la vida. Profundo conocedor de la época, José Luis Ferris traza en libro la apasionada semblanza de una mujer extraordinaria que, pese a haberse definido a sí misma como "la cola del cometa", no puede ser reducida a un papel secundario. Ya que su voz suena a la voz de un tiempo, a la garganta viva de todas las mujeres, de todos los desterrados, de todos los seres maltratados y heridos por la vida. Hay libros suyos reveladores, como Menesteos, marinero de abril, Fábulas del tiempo amargo y Memoria de la melancolía, que merecen ser ensalzados y puestos en primera línea.

I. PRIMERA Y ÚLTIMA INFANCIA

Por favor, cierra la puerta.
No quiero oír mi infancia.

La hija del coronel.

La vida de María Teresa León y Goyri comienza el 31 de octubre de 1903 en Logroño, aunque su infancia, su adolescencia y parte de su juventud habrán de transcurrir en Madrid, Burgos y, en menor medida, Barcelona. Tanto en la partida de nacimiento del registro civil como en la hoja eclesiástica de la iglesia parroquial de Santa María de la Redonda donde fue bautizada el 25 de noviembre, hay constancia de ese origen riojano: «Yo, don Sabiniano González –certificaba el capellán segundo del Cuerpo Eclesiástico del Ejército – bauticé solemnemente y ungí con los Santos Óleos a una niña que nació a la una de la tarde del día treinta y uno de octubre anterior en la casa número seis de la calle General Espartero, poniéndole por nombre María Teresa de Jesús, María del Rosario, Juana Lucila…».
Hija del coronel Ángel León Lores, militar de Húsares, y de la burgalesa Oliva Goyri de la Llera, parecía destinada a formar parte de esa alta burguesía cercada por derechos y deberes, de buena familia, de un hogar reinado que recibe visitantes de cierta categoría, que respeta las bellas artes y que se mueve entre uniformes y etiquetas.
Ser hija de militar suponía, además, cambiar con cierta frecuencia de paisaje, de ciudad, de casa, de escuela, de amigos de juego y hasta de parientes cercanos. Y dentro de esas maniobras del destino, fue Madrid, a poco de venir al mundo, el espacio verdadero de una infancia primera que marcaría, de modo elemental, aspectos decisivos de su vida.


Las ventanas del cielo
Gonzalo Giner, Editorial Planeta, Barcelona, marzo, 2017.

Siglo xv, Hugo de Covarrubias decide renunciar al destino que su padre, un mercader de lanas, le ha marcado. Su decisión hace que abandone Burgos, pero también a Berenguela, su íntima amiga, y a su ambicioso hermanastro Damián, que ansía hacerse con la empresa familiar. Pero todo cambia al descubrir que su padre está siendo traicionado. Se ve obligado a huir para salvar la vida embarcándose en un ballenero vasco, en el que conoce a Azerwan, un fascinante hombre que se define como contador de leyendas y con quien compartirá en África un prometedor negocio de venta de sal.
La venganza le hace escapar de nuevo, esta vez con una mujer, Ubayda, y un extraordinario halcón, Aylal, en busca de su verdadero destino: aprender el arte de las vidrieras.
Una novela épica y de aventuras que se desarrolla en escenarios tan dispares como el desértico norte de África, la inexplorada Terranova y algunas de las más pujantes ciudades europeas de la época (Brujas, Lovaina o Burgos) y sus catedrales, en un tiempo en el cual sus viejas paredes se fueron abriendo para convertirse en auténticos sagrarios de cristal, ante los cuales los fieles creían sentirse a los pies de las ventanas del cielo.

Burgos. Reino de Castilla. Mayo de 1474

Hugo y Damián se suponía que eran hermanos, se apellidaban Covarrubias y tenían la misma edad. Pero solo coincidían en eso.

La madre de Damián vivía, la de Hugo no. Si a sus veinte años el primero sabía lo que quería hacer de su vida, el otro solo tenía claro lo que no iba a ser. Si Damián asentía, Hugo negaba. Si uno se apremiaba en cumplir lo que se le pedía, el otro se perdía en excusas.

Quizá por eso y desde hacía un tiempo su padre había tomado partido.

Nunca se lo había hecho saber, pero empezaba a ser evidente.
Don Fernando de Covarrubias era hombre de linaje y uno de los comerciantes de lana más importantes de Castilla. Además, desde hacía siete años era el prior de la Universidad de Mercaderes de Burgos, la institución gremial que agrupaba y protegía los intereses de un selecto grupo de comerciantes dedicados a la venta del preciado vellón. Sin embargo, en los últimos años, ni su apellido ni la prestigiosa posición comercial que se había ganado con el tiempo compensaban su cansancio y el mal estado de sus arcas, y justo por eso aquel año no podía ser uno más dentro de sus habituales citas con la feria de Medina del Campo. Necesitaba con urgencia nuevos clientes para sus lanas, pero también frenar la pérdida de los actuales, y centenares de ellos pisaban las calles y plazas de Medina durante los cincuenta días que duraba la feria. Unos venidos desde Flandes, otros de Francia, Inglaterra o Lombardía; la ciudad castellana se convertía en el principal enclave europeo para el comercio de lana, tejidos, créditos, artesanía, especias y libros.
Pero no solo necesitaba clientes y más negocio…


El bar
Mario Suárez, fotografías de Javier Sánchez, Lunwerg editores, Barcelona, marzo, 2017.

Si existe una ciudad que no puede entenderse sin sus bares, esa es Madrid. Para captar su esencia hay que sumergirse en la vida que transcurre en ellos. Y es que los bares son el centro de la vida social de la capital española, el lugar donde todo puede suceder. Son espacios de alegría, de reunión, de celebración, de noticias importantes, pero también escenario de todo tipo de personajes, de momentos cotidianos, de reconfortante rutina alrededor de un café o de una caña bien tirada.
Este libro es un homenaje al espíritu inmortal de unos locales míticos que conforman la identidad del Madrid más auténtico. Un original y completo recopilatorio de los bares más famosos de la capital en el que conoceremos su historia, sus anécdotas, personajes ilustres que los han frecuentado y cómo han ido evolucionando con el paso del tiempo. Los textos de Mario Suárez van acompañados de las fotografías de Javier Sánchez, muchas de ellas inéditas.
Un total de 45 reseñas en las que conoceremos que fue en Casa Labra, famoso por sus croquetas de bacalao, donde Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español; que en La Fontana de Oro pernoctó el mismísimo Alejandro Dumas, y Pérez Galdós lo inmortalizó en su libro; que Ortega y Gasset tomaba embutidos y vinos en Casa González; que Alfonso XIII se escapaba a la barra de El Anciano Rey de los Vinos; o que la familia Clinton se tomó un bocadillo de calamares en el archiconocido El Brillante. Leyendas vivas de la ciudad que guardan miles de historias entre sus sillas.
El Bar está prologado por Álex de la Iglesia. Incluye un capítulo final en el que algunos de los actores comparten anécdotas de bares madrileños que han sido o son importantes para ellos. Entre los actores que comparten sus locales favoritos en el libro están Mario Casas, Terele Pávez, Carmen Machi o Blanca Suárez, Secun de la Rosa, Jaime Ordónez y Joaquín Climent.

Prólogo: Álex de la Iglesia

“Los bares no son bares. Son universos. En un bar se encierra el microcosmos: quién soy, adónde voy, lo que anhelo. Cuando entro en un bar lo pongo todo encima de la barra. Mis aciertos y, sobre todo, los fracasos que intento ocultar, sin éxito. El pasado y el futuro de tu identidad, encerrados en sus cuatro paredes…


Descendiendo hasta el infierno
Iván Mourin, Ediciones Luciérnaga, Barcelona, enero, 2017.

No es ningún secreto que hoy en día no podemos vivir sin internet. Lo usamos para consultar información, comprar, hacer transacciones bancarias y pasamos gran parte de nuestro tiempo en las redes sociales. Pero, ¿y si alguien nos estuviera vigilando desde la red? ¿Y si accediésemos, de modo accidental, a un espacio que puede despertar algo que sería mejor que permaneciera entre los bits en los que ha sido encerrado?
Este libro trata de esto, nos propone un viaje para descubrir las raíces de lo que se oculta en la temida Deep Web, una red profunda a la que no se accede a través de buscadores estándar, que esconde entre el 80 y el 90% de la información albergada en internet y permite el acceso e intercambio de información de forma totalmente anónima.
Traficantes de cadáveres, caníbales, páginas malditas, vídeos que muestran fantasmas y ovnis, hombres del saco modernizados y toda una retahíla de monstruos y misterios que habitan en un mundo virtual tan grande como el nuestro, y que alcanza a éste. Estas son tan sólo algunas de las cosas que podemos encontrar si nos sumergimos en la Deep Web.
En un lugar así, por supuesto, también hay lugar para los bulos y las informaciones falsas, que campan a sus anchas: historias sobre videojuegos encantados, páginas malditas, monstruos o rituales satánicos que alimentan el morbo y la curiosidad humana.
En este relato, Iván Mourin se adentra en las entrañas de la Deep Web para dejar al lector sin aliento. Mourin ha realizado una investigación exhaustiva, con la participación de diversos expertos, en la que no se limita a relatar todas las barbaridades que se pueden encontrar en la Deep Web, sino que pone todos sus conocimientos sobre audiovisuales, videojuegos y/o programación al servicio de la obra, para tratar de argumentar la veracidad o no de los contenidos que se hallan en la red. A veces se trata de la cruel realidad, y otras de meros bulos y falsificaciones.

RASCANDO LA SUPERFICIE

Se calcula en más de veinte mil millones el número de correos spam que circulan por la red en un único mes. Correos electrónicos de bancos en el extranjero y asesores que «regalan» créditos de cifras generosas, desconocidos que piden dinero para diversas causas (no demasiado benéficas muchas de estas), ofertas de trabajo inexistentes, venta de pastillas milagrosas para solucionar los problemas de infertilidad, y una infinidad de basura poco elaborada, pero con un alto rango de infección para nuestros equipos informáticos.
(…)Internet es rica en lo que podríamos denominar «neofabulas», historias elaboradas para generar todo tipo de sensaciones, como los clásicos infantiles, y que pasan de usuario a usuario, modificándose con cada clic, unas perdiéndose por el inacabable sendero de bits y otras adquiriendo tal poder como para pasar por reales, o convirtiéndose en reales para temor de muchos. Y, para ello, necesitan ese nexo que es la Deep Web, un lugar sórdido, la oscuridad más lóbrega en ese armario donde habitan los monstruos.


EL BEBÉ VERDE. Infancia, transexualidad y héroes del pop
Roberta Marrero, Lunwerg editores, Barcelona, noviembre, 2016

“No nací hombre ni mujer. Nací bebé. Necesito tiempo para saber quién soy.” Así empieza esta autobiografía ilustrada de Roberta Marrero: la historia real de una niña que nace en el cuerpo de un niño y de su camino hacia el autodescubrimiento y la afirmación de su propia identidad.
Este es un libro diferente a todos, por la forma y por el fondo. Nació como el proyecto de un taller creativo en la que Roberta Marrero (artista multifacética, cantante y actriz) se decidió a romper tabúes para hablar de sí misma, de su propio nacimiento. Decidió entonces contar la historia de la difícil infancia de un niño que sabía que era una niña encerrada en un cuerpo masculino. Era su forma de aportar su granito de arena a la lucha de un colectivo, de abandonar la marginalidad con la que se asocia a las personas trans, y a colaborar de esta forma a educar a la gente.
Así es como plantea Roberta Marrero esta novela gráfica llena de nombres, de letras de canciones de citas, de historias personales y de otras no tan personales pero que marcaron su transición, su aceptación y su proyección como artista. Por aquí desfilan, con su especial estética y en forma de cuaderno casi infantil, personajes como su tía Nina, la sepulturera, o su prima Nini, de corazón generoso; aquí están también sus padres y sus hermanos; está Susi, la chica que solo quería alguien con quien pasear de la mano y que terminó tirándose por un puente. Están también sus ídolos del pop de los ochenta a los que convirtió en dioses, empezando por Boy George cuyos ojos maquillados surgiendo un día en la televisión a principios de los ochenta transformaron su vida. “Nunca había visto a una persona así. Fue entonces cuando entendí que había otras formas de ser”.
Y para hablar de todo esto y sobre todo de su infancia, ha escogido al bebé que fue, y que según le contaron, nació verde por los fluidos ingeridos en el útero materno. Es el bebé verde quien relata las luces y las sombras de la transexualidad, la hostilidad y la incomprensión a las que tuvo que enfrentarse hasta convertirse en la artista segura y triunfadora que es hoy.
Desde la infancia hasta la adolescencia vamos conociendo el mundo interior de este personaje “extraterrestre”, el bebé verde, que crece viendo negada constantemente su propia imagen, su alma, su personalidad, su yo más auténtico. ¿Cómo se sobrevive en un entorno tan hostil? No olvidando que “siempre tienes que ser tú misma, no importa el precio. Es la forma más alta de moralidad”.
Un libro dedicado a todos los que sienten que no hay un lugar en el mundo para ellos; a todos los niños que se sienten atrapados en un cuerpo que no sienten como el que les correspondería tener.


En el Requeté de Olite
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, Córdoba, noviembre, 2016

Mikel Azurmendi, en esta obra pone voz a los requetés de Olite que salieron a reclamar el derecho a mantener sus modos de vida tradicionales, proscritos y solapados por otros nuevos que les fueron impuestos. Aquellos navarros asumieron que no era posible defenderlos sino a costa de una guerra civil. Fueron individuos a los que las circunstancias históricas situarían en dos bandos antagónicos. El autor aborda sus conversaciones y motivaciones durante la rebelión armada siguiéndola en sus dos meses iniciales, que los llevaron de Pamplona a la toma de San Sebastián.
El hilo narrativo es la crónica bélica de esos dos primeros meses de contienda, tal y como Azurmendi la ha recogido de diferentes partes de guerra, así como de numerosos diarios y apuntes de los propios protagonistas. Su trama de ficción la conduce un adolescente que huye de casa para enrolarse furtivamente en ese Tercio de Olite, al amparo de un viejo requeté. En ese muchacho se da una toma de conciencia paulatina de la crueldad del conflicto. Ese entramado sentimental -que un joven saliera a la guerra a buscar a su hermano menor, fugado de casa- fue no obstante un hecho que se prodigó entre los requetés, y que el autor ha tomado del caso concreto de aquel muchacho en fuga llamado Ignacio Hernando de Larramendi. Entender lo que realmente pasó es esencial para hacernos con la verdad, pero también para tener esperanza en un futuro compartido.


Eso no estaba en mi libro de historia del Antiguo Egipto
José Miguel Parra, Editorial Almuzara, Córdoba, octubre, 2016

Que el lugar ideal para tener sexo en el Antiguo Egipto era el jardín y no la cama, que los trabajadores del valle del Nilo tenían una especie de Seguridad Social, que la maldición de Tutakhamón es falsa y que Nefertiti era una reina de belleza imaginaria, son afirmaciones contrastadas por el egiptólogo, José Miguel Parra, y que se pueden leer en este libro.
La novela tiene clara vocación divulgativa, pretende contar aspectos concretos, curiosos o poco conocidos de la cultura del antiguo Egipto, y poner en valor hechos de cierta importancia que apenas si ocupan sitio en los libros de historia, y en el peor de los casos, se omiten, pero que pueden ser esclarecedores para comprender la intrahistoria de una de la primeras civilizaciones.
Hechos contrastados y a la vez tan dispersos y esclarecedores como el descubrimiento del “tabaquismo” que sufría faraón Ramsés II; el desconocimiento por parte de los egipcios del manido número Pi y de la sección aurea para explicar las dimensiones de las pirámides; o el de la igualdad legal que gozaban las mujeres con respecto a los hombres – ellas eran las que solían ligar-, irán apareciendo en cada capítulo, que unidos en este singular libro conformarán un nuevo imaginario en el lector sobre la verdadera realidad del Antiguo Egipto.
En definitiva, desmitificar los numerosos enigmas, explicar el día a día de una excavación arqueológica, mostrar las posturas sexuales favoritas de los egipcios, esclarecer el misterio cámaras ocultas de las pirámides y adentrarse hasta la cocina de la casa de un egipcio y contar cómo discurría su vida desde que va al cuarto de baño hasta que se acuesta, serán, entre otros, los capítulos que conforman este divertido libro, no por ello carente de base científica, y que harán cambiar, en algunos casos, nuestra percepción de una civilización que ya apostaba por combatir la violencia de género.


Falcó
Arturo Pérez-Reverte, Editorial Alfaguara, Barcelona, octubre, 2016.

Lorenzo Falcó es el protagonista absoluto de esta historia, un excontrabandista y espía que trabaja para los servicios de inteligencia en la España de los años treinta y cuarenta. Una época convulsa, una Europa desquiciada y a punto de desmoronarse y un personaje que lo tiene todo para que queramos seguir sus aventuras.
Nos trasladamos a 1936, un momento en el que la historia de España está a punto de cambiar y Falcó recibe una misión tan importante como difícil. Acompañado por los hermanos Eva y Montero Rengel, Lorenzo Falcó se enfrentará a una intriga llena de secretos y traiciones en la que, como buena novela de espías, nada es lo que parece en un principio.


1. Trenes nocturnos

La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era la suya una conversación banal, intrascendente: la temporada en Biarritz, la última película de Clark Gable y Joan Crawford. La guerra de España apenas la había mencionado de pasada en un par de ocasiones. Lorenzo Falcó la escuchaba con un cigarrillo a medio consumir entre los dedos, una pierna cruzada sobre la otra, procurando no aplastar demasiado la raya del pantalón de franela. La mujer estaba sentada junto a la ventanilla, al otro lado de la cual desfilaba la noche, y Falcó se hallaba en el extremo opuesto, junto a la puerta que daba al pasillo del vagón. Estaban solos en el departamento.

—Era Jean Harlow —dijo Falcó.

—¿Perdón?

—Harlow. Jean... La de Mares de China, con Gable.

—Oh.

La mujer lo miró sin pestañear tres segundos más de lo usual. Todas las mujeres le concedían a Falcó al menos esos tres segundos. Él aún la estudió unos instantes, apreciando las medias de seda con costura, los zapatos de buena calidad, el sombrero y el bolso en el asiento contiguo, el vestido elegante de Vionnet que contrastaba un poco, a ojos de un buen observador —y él lo era— con el físico vagamente vulgar de la mujer. La afectación era también un indicio revelador. Ella había abierto el bolso y se retocaba labios y cejas, aparentando unos modales y educación de los que en realidad carecía. La suya era una cobertura razonable, concluyó Falcó. Elaborada. Pero distaba mucho de ser perfecta.

—¿Y usted, también viaja hasta Barcelona? —preguntó ella.

—Sí.

—¿A pesar de la guerra?

—Soy hombre de negocios. La guerra dificulta unos y facilita otros.

Una fugaz sombra de desprecio, reprimida en el acto, veló los ojos de la mujer.

—Entiendo.

Tres vagones más adelante, la locomotora emitió un largo silbido, y el traqueteo de los bogies se intensificó cuando el expreso entró en una curva prolongada. Falcó miró el Patek Philippe en su muñeca izquierda. Faltaba un cuarto de hora para que el tren parase cinco minutos en la estación de Narbonne.

—Disculpe —dijo.

Apagó el cigarrillo en el cenicero del brazo de su asiento y se puso en pie, alisando los faldones de la chaqueta tras ajustarse el nudo de la corbata. Apenas dedicó un vistazo al baqueteado maletín de piel de cerdo que estaba con el sombrero y la gabardina en la red portaequipajes, sobre su cabeza. No había nada dentro, excepto unos libros viejos para darle algo de peso aparente. Lo necesario —pasaporte, cartera con dinero francés, alemán y suizo, un tubo de cafiaspirinas, pitillera de carey, encendedor de plata y una pistola Browning de calibre 9 mm con seis balas en el cargador— lo portaba encima. Llevarse el sombrero podría despertar las sospechas de la mujer, así que se limitó a coger la gabardina, dirigiendo un apesadumbrado y silencioso adiós al impecable Trilby de fieltro castaño.

—Con su permiso —añadió, abriendo la puerta corredera.


Tres días y una vida
Pierre Lemaitre, Editorial Salamandra, Barcelona, septiembre, 2016.

Pierre Lemaitre retrata con mano maestra la trayectoria vital de un adolescente que, en un fugaz e impremeditado arranque de ira, se ve envuelto en un crimen y debe cargar con el horror y la culpa el resto de su vida. El relato, dividido en tres momentos espaciados en el tiempo, 1999, 2011 y 2015, es una invitación a acompañar el fascinante proceso de formación de la psique de Antoine Courtin, durante el cual se vislumbra el lacerante destino de una persona que, paradójicamente, ha sido víctima de su propia culpabilidad.
Todo comienza en Beauval, un pequeño pueblo enclavado en una región cubierta de bosques, donde la apacibilidad y belleza del lugar son el contrapunto perfecto a la sucesión de acontecimientos que conforman la trama. Al complejo microcosmos de sus habitantes, no exentos de hipocresía y cinismo, se añaden los ambiguos gestos, los comentarios maliciosos, la maldad y la insidia parapetadas detrás de las buenas intenciones, elementos todos ellos determinantes en la gestación y desenlace de la apasionante historia de Antoine.
La novela logra combinar una historia de suspense, donde la tensión no decae en ningún momento, con la riqueza de una prosa que nos sumerge en un mundo de emociones soterradas y nos invita a reflexionar sobre la cara más sombría de la condición humana. En cualquier caso, al final del libro quizá no nos sintamos más sabios, pero sí más conscientes de la dificultad de llevar una vida honesta, gratificante y en paz con uno mismo.


La Fuente Clara
David Bosc, Editorial Demipage, Madrid, mayo, 2016.

En 1873, el pintor Gustave Courbet fue acusado de ser el responsable de la demolición de la columna Vendôme, a raíz de su participación activa en la Comuna de París. Para evitar volver a la cárcel, se refugia los últimos años de su vida en un pueblo a orillas del Lago Leman, en Suiza. Este libro rinde un homenaje sobrio a la etapa final de este inmenso artista, gran amante de la libertad, anarquista gobernado por sus pasiones y su sed de vida. Courbet merecía esta mirada certera, admirable desde cualquier punto de vista literario. Con esta biografía novelada, Bosc transfigura el crepúsculo punzante de aquellos últimos días en una luminosa puesta de sol. Un bello encuentro entre un escritor y un pintor.
Nos acerca a un Courbet cuyo máximo placer era bañarse «en cualquier corriente, arroyo, río o lago que no fueran alcanzados por el hielo o la sequía». Bosc hace que resurjan todos los matices de este hombre singular, con su barrigón y su barba de leñador, a quien le gustaba reír y hacer reír, opinando de todo, sin dejar su libertad. Amante de la carne y con las venas llenas de sangre, sensual, continuamente maravillado por la alegría de vivir, posaba sobre la naturaleza «una mirada certera, a la altura de la existencia, sin escamotear ni cielo ni tierra».


El hombre inacabado
Manuel Calderón, Editorial Berenice, Córdoba, mayo, 2016

¿Se puede ser uno de los artistas más importantes de su tiempo y, a la vez, un asesino? Tras una personalidad sofisticada y genial, tras el gusto por una vida suntuosa y llena de placeres estéticos, se esconde un hombre vulgar, alguien educado en la penuria y el desarraigo, perseguido por su pasado.
Supo imponer el magisterio de su obra, gracias a una inmoralidad sin límites y a sus cómicas dotes de manipulación, a una sociedad que prefería el arte a la verdad, la belleza a la justicia. Pero su incuestionable prestigio emprendió el camino hacia la ruina cuando reapareció en su vida la mujer a la que abandonó en su juventud, tan triste y pobre como él; la única persona que podía revelar su verdadera identidad. Su insolencia acabó traicionándole. Señalado por un prestigioso crítico de arte y por un estudioso marginal, el tribunal que le juzgue por asesinato se convertirá en algo más que un ágora judicial... será un debate sobre el arte y la muerte.
Es una novela que traza un amplio recorrido espectral por las luces y sombras del agitado siglo pasado en un libro plagado de emotivas situaciones y fascinantes protagonistas. Una intrincada historia en la que se esconde un hombre vulgar, educado en la penuria, el desarraigo y perseguido por su pasado, que supo imponer el magisterio de su obra gracias a una inmoralidad sin límites y a sus cómicas dotes de manipulación a una sociedad que prefería el arte a la verdad y la belleza a la justicia.


El cazador de historias
Eduardo Galeano, editorial Siglo XXI, Madrid, abril, 2016.

Este libro devela al narrador que acecha detrás de todos los relatos. Y así, aunque siempre fue reticente a hablar de sí mismo, Galeano cierra esta obra con un puñado de bellas y poderosas historias que sorprenden tanto porque ofrecen pistas de su biografía, como porque expresan sus ideas sobre la muerte. Lejos de cualquier lamento, con el puro impulso de la curiosidad y la imaginación, se pregunta cómo será el final, qué deseos, afectos o necesidades aparecerán entonces.
En esta obra, que terminó un año antes de morir, Eduardo Galeano sale a cazar en esa jungla para mostrarnos con crudeza, con humor, con ternura, el mundo en que vivimos, desnudando ciertas realidades que, pese a estar al alcance de la mano, no todos llegan a ver. El autor uruguayo dejó este libro a modo de testamento literario, donde incluyó un puñado de textos autorreferenciales y más de 200 microficciones inéditas que incluyen personajes como el dios Tezcatlipoca, el cero maya, los conquistadores, la mitología griega, el infierno, la guerra, la muerte, la dictadura y la poesía, por mencionar algunos.
Se divide en cuatro secciones: Molinos de tiempo, Los cuentos cuentan, Prontuario y Quise, quiero, quisiera, donde Galeano explora la microficción, la fábula, el tablero de divagaciones y la memoria. Algo excepcional de este libro es que contiene tres secciones autorreferenciales, donde cuenta historias de sus primeros viajes por América Latina, viajes iniciáticos que lo marcaron el resto de su vida, como su relación con Juan Carlos Onetti, historias que se generaron a partir de sus relatos y un poema de despedida.

Huellas

El viento borra las huellas de las gaviotas. Las lluvias borran las huellas de los pasos humanos. El sol borra las huellas del tiempo. Los cuentacuentos buscan las huellas de la memoria perdida, el amor y el dolor que no se ven, pero no se borran.


Ensayo y error (Una autobiografía)
Mikel Azurmendi, Editorial Almuzara, Córdoba, marzo, 2016.

Se trata de un libro autobiográfico en el que se desarrollan una serie de claves que han llevado a otros a considerar la propia existencia del autor como la de un proscrito, y, a él mismo, a pensarse avergonzado por la tajadura radical de su ideario.
Según cuenta en este ensayo, la práctica de la escritura le condujo hacia la humildad y la búsqueda de iconos para dibujar la raya moral de sus acciones desde una primera juventud, y dada que su relación con lo vasco fue determinante, Azurmendi muestra en este libro autobiográfico la naturaleza y causas de por qué miles de vascos no nacionalistas tuvieron que marcharse de su tierra por causas de intolerancia.
Asimismo, en su faceta de escritor euscaldún, Mike Azurmendi, reflexiona en este volumen sobre el malintencionado mutismo por parte de los nacionalistas sobre su obra, sin renunciar también a la crítica perversa que intenta liquidar su larga reflexión con trazos gruesos y maliciosos de españolismo.
Con este escrito Azurmendi, ntenta hilvanar piezas para mostrar una vida. Y además reflexiona sobre qué significa el hecho de haber vaciado la memoria de una vida ante los lectores. Las cuatro partes de este ensayo son muy próximas y constituyen, en todo caso, un ensayo de autobiografía.

1

Vascos Comunicantes

Mucho de mi vida se me la han llevado los vascos y eso ha sido muy frustrante para mí. Es lo primero que se me ocurre escribir cuando tropiezo de manos a boca con mi vida. Parte de ella la he vivido fuera de mi tierra: más de nueve años en Francia, casi dos en Alemania, entre América y África se me fueron también dos y he residido casi un año en Madrid y cuatro en Almería. Lugares del mundo donde he reflexionado y escrito sobre la democracia, la inmigración, el colonialismo y el multiculturalismo. Sin embargo, presiento que casi toda mi vida de pensar se me la han llevado los vascos. Me resiento de ello, claro está. Ocho años de juventud en el exilio bajo Franco y otros ocho cuando ETA me metió miedo en el cuerpo y, sexagenario en ciernes, hube de dejar familia y casa, se debieron a que yo pensaba, decía y hacía con los ojos abiertos a lo que pasaba en mi tierra. Sí, los vascos han cebado el candil de mi pensamiento robándome otra luz posible. Pero no puedo reclamar que encierren a los ladrones, no se trata de un robo. Se trata más bien de una enfermedad, un padecimiento en la libertad de pensar sobre el mundo en que se asienta uno. Un mal no exactamente hereditario sino trasmitido entre los vascos por el virus de la identidad colectiva. Una infección patriótica, que el desquite tribal puede volver letal a quien se le resista.


Relatos tempranos
Truman Capote, Editorial Anagrama, Barcelona, marzo, 2016.

Los catorce relatos de los que consta este libro son las primeras tentativas literarias de quien se convertiría poco después en uno de los grandes narradores del siglo XX. Textos de su adolescencia y primera juventud, desde los relatos que vieron la luz en la revista del instituto en el que estudiaba hasta los ya ambientados en Nueva York, donde se instaló con la determinación de triunfar como escritor.
Los manuscritos de estas catorce piezas se han rescatado de entre los documentos del Archivo Truman Capote depositado en la Biblioteca Pública de Nueva York. Los originales, con las correcciones manuscritas del autor, muestran ya su obsesión por conseguir ese estilo tan característico, esa prosa limpia y precisa, vigorosa y liviana al mismo tiempo. Además, permiten descubrir la construcción de un universo literario propio, y una empatía precoz hacia personajes de un modo u otro marginales, en cualquier caso distintos, según los cánones de la época. Y así, aparecen en estas páginas una chica que espera la llegada de su amor en una pequeña población sureña, dos señoras de mediana edad que elucubran sobre el arte de asesinar maridos, un condenado en fuga, dos chicos perdidos en una zona pantanosa, un niño que recibe como ansiado regalo un perro, una anciana solitaria e incomprendida, una mujer negra del Sur que viaja a Nueva York para trabajar como cocinera, una muchacha que parece tenerlo todo y a la que un gesto motivado por los celos le transformará la vida...todos ellos espléndidamente matizados.

LA SEÑORITA BELLE RANKIN

Cuando vi por primera vez a la señorita Belle Rankin yo tenía ocho años. Fue un día caluroso de agosto. El sol declinaba ya en el cielo veteado de escarlata, y el calor se alzaba de la tierra seco y vibrante.
Yo estaba sentado en los escalones del porche delantero, viendo acercarse a una mujer negra, y preguntándome cómo podía llevar un bulto de la colada tan enorme encima de la cabeza. Se detuvo y, en respuesta a mi saludo, se echó a reír, con aquella oscura, arrastrada risa de negro. Fue entonces cuando vi que la señorita Belle venía despacio por la otra acera. La lavandera la vio y, como si se hubiera llevado un susto, dejó a medias la frase y siguió apresuradamente su camino.
Me quedé mirando fijamente a aquella desconocida que se acercaba por la acera de enfrente y que había sido capaz de hacer que la lavandera actuara de un modo tan extraño. Era una mujer menuda, toda vestida de un negro veteado y polvoriento, increíblemente vieja y arrugada. Le surcaban la frente unas finas hebras de pelo gris, húmedo de sudor.
Caminaba con la cabeza agachada y la mirada fija en la acera sin pavimentar, casi como si buscara algo que hubiera perdido. Un viejo sabueso negro y marrón iba a su espalda, siguiendo erráticamente los pasos de su ama.
A partir de entonces la vi muchas veces, pero aquella primera visión, casi de ensueño, será siempre la más clara: la señorita Belle caminando sin hacer ruido por la acera de enfrente, levantando pequeñas nubes de polvo rojo mientras desaparece en el crepúsculo.
Años después estaba sentado en el drugstore de la esquina, del señor Joab, tomándome uno de los batidos de su especialidad. Yo estaba a un extremo de la barra, y al otro había dos holgazanes habituales bien conocidos en el pueblo y un desconocido…


El regreso del catón
Matilde Asensi, Editorial Planeta, Barcelona, octubre, 2015.

Los protagonistas de El último Catón, Ottavia Salina y Farag Boswell, tendrán que averiguar poniendo de nuevo sus vidas en peligro, qué pueden tener en común la Ruta de la Seda, las alcantarillas de Estambul, Marco Polo, Mongolia y Tierra Santapara, resolver un misterio que arranca en el siglo I de nuestra era.
En esta segunda parte del tan exitoso libro, el lector descubrirá que aquella monja, que al final de la novela vive un idilio paradisiaco con el profesor, ya no es monja, aunque sigue muy pendiente de sus creencias. Ahora Ottavia Salina y Farag Boswell se han casado. Son los protagonistas, pero también tendrá importancia Kaspar, el antiguo capitán de la Guardia Suiza del Vaticano, que se ha convertido en el nuevo Catón. La búsqueda del cuerpo de Cristo, impulsada por unos millonarios canadienses, será lo que desencadene una peligrosa aventura, que se mueve por los paisajes de Mongolia, Estambul, la China de la Ruta de la Seda, Roma y el Monte Orón, en Galilea .
Escrita con rigor, con un ritmo que mantiene en vilo a los lectores página a página y capítulo a capítulo hasta el final, El regreso del Catón es una combinación magistral de aventura e historia con la que Matilde Asensi nos atrapa de nuevo para no dejarnos escapar hasta la última palabra.

Capítulo 1

Como es bien sabido, la historia la escriben los vencedores y los vencedores, con el tiempo, adquieren el poder de obligarnos a creer lo que escribieron, de hacernos olvidar lo que no se escribió y de inducirnos a tener miedo de lo que jamás ocurrió. Todo para seguir ostentando el poder, sea poder religioso, poder político o poder económico. Da igual. A ellos, a los vencedores, deja de importarles la verdad y a nosotros, la gente, también. A partir de ese momento el pasado lo reescribimos entre todos, haciéndonos cómplices de aquellos que nos engañaron, nos asustaron y nos dominaron. Pero la historia no es inamovible, la historia no está escrita en piedra, no tiene una única versión ni una única interpretación aunque así nos lo hagan creer y, lo que es aún peor, aunque así nos lo hagan defender con nuestras vidas, nuestro fervor o nuestro dinero. De este modo aparecen las ortodoxias, las grandes verdades, pero también las guerras, los enfrentamientos y las divisiones. Y ahí es cuando nos han ganado para siempre. Sin embargo, a poco que nos armemos de valor, demos un paso atrás y, como ejercicio, miremos el mundo desde puntos de vista diferentes al nuestro, descubriremos y aprenderemos la más importante de las lecciones: la incertidumbre. La verdad os hará libres, dijo Jesús. Sí, pero la verdad la escriben los vencedores, así que, para ser realmente libres sólo tenemos la incertidumbre, la desconfianza y la duda. Y también un pequeño truco que a mí me costó mucho tiempo aprender: tener siempre muy presente que las herejías —de cualquier clase, no sólo religiosas— son tan ciertas como las ortodoxias y que, además, nunca intentaron imponerse por la fuerza o vencer por el miedo. Por eso perdieron.


La vida perenne
José Luis Sampedro, Editorial Plaza&Janés, Barcelna, marzo, 2015

Un cuaderno de notas hecho con citas, reflexiones y fotografías, como si fueran la carpeta en la que un adolescente apunta sus referencias, sus ideas, las cosas que le gustan, con el fin de hacerse una identidad.
Es un revelador y fascinante viaje a través de la filosofía vital del autor, acompañado por las sugestivas imágenes del fotógrafo Chema Madoz. Es este un libro que acerca a los lectores al José Luis más íntimo, apenas conocido. Un compendio esencial y sorprendente. La vida perenne descubre una faceta inédita de la rica personalidad del autor. Su compromiso vital con la escritura y la sociedad es de sobra conocido, pero sólo sus más íntimos sabían de los caminos que exploró para llegar al desarrollo de su ideal humanista. Este libro recoge ese camino hacia la sabiduría perenne.
"Quienes conocieran a Sampedro, encontrarán en este libro la sensación de que él vuelve y charla con ellos. Los que no, encontrarán sabiduría, píldoras que les harán reflexionar y aquietarán su espíritu", Olga Lucas, esposa de Sampedro.


Bipolar
Elena Méndez, Linajes Editores, México, julio, 2011

Se trata de un libro compuesto por 21 cuentos que nos hablan sobre personajes con trastorno afectivo bipolar (padecimiento anteriormente conocido como psicosis maniacodepresiva). Está dividido en dos apartados: ‘El cuerpo del delito’, donde se aborda la fase maniaca; y ‘Tal vez morir en soledad’, que alude a la fase depresiva.
Dicho trastorno no se nombra explícitamente, sino que se permite que el lector lo deduzca, basado en el comportamiento de los personajes, que suelen moverse en la clandestinidad y ejercer las más inusitadas transgresiones.
Las temáticas abordadas son, entre otras: el amor, el erotismo, la soledad, la amistad, la muerte… todo lo que rodea al ser humano y lo hace ser como es.
También hay una fuerte crítica social, enfocada, sobre todo, a la doble moral y la hipocresía.
El estilo de la autora muestra una enorme influencia de autores como Julio Cortázar, José de la Colina y Élmer Mendoza, particularmente en los tópicos, el uso de la temporalidad y el empleo lúdico del lenguaje.

Sinaloa y sus ojos cafés

Te disgusta viajar adelante adelante o hasta allá atrás, pero ni modo, te tocó la última opción.

Bueno, hay que resignarse y traes un chingo de cargamento; haces algo inusual en ti; pedir ayuda; le dices a un pasajero que te ayude a subir unos cartones llenos de libros, y tu compañero de asiento se ofrece a colocar tu maletota allá arriba.

Admiras sus piernas, piensas que es basquetbolista, pero no, es beisbolista. Es un chavo buena onda; sin querer, empiezas a confesarle tu vida a este desconocido, tal como Arreola contaba que solía hacerlo, y es que a veces es preferible contarle tu vida a un extraño que a una persona supuestamente confiable.

Te saca de onda, porque dice que tiene veinte años. ¡Ja…! ¿Quién te va a creer? Y claro, le exiges muestre su credencial de elector. El güey viene tomadillo (de hecho, no podría dejar de darte el tufo), y te muestra su identificación.

17-10-79; por lo tanto, te lleva un poco más de dos años. Su amigo viene en calidad de cucaracha fumigada; permanece en posición fetal durante buen tiempo, mientras este bato se ríe de él.


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