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The Kid de Chaplin: simplemente amor
Laura Brasstein Martín
12/02/2021



The KidFICHA TÉCNICA DE 'EL CHICO' (THE KID)

+ Dirección y Guión: Charles Chaplin
+ País: Estados Unidos
+ Año: 1921/1971
+ Duración
: 68 min./50 min.
Interpretación: : Charles Chaplin (vagabundo), Jackie Coogan (el chico, John), Edna Purviance (madre del chico), Carl Miller (padre del chico), Tom Wilson (policía), Henry Bergman (propietario del refugio), Lita Grey (ángel de la tentación), Charles Reisner (matón del barrio), Raymond Lee (hermano pequeño del matón), Albert Austin (médico)
+ Fotografía: Roland Totheroh (B&W)
+ Música: Película muda. En 1971 Charles Chaplin incorpora banda sonora original
+ Montaje: Javier Fesser
+ Producción: First National Picture

 

La película tiene lugar en Londres. Una joven madre soltera, pobre y sola, abandonada y olvidada por su compañero, da a luz un niño en el Hospital de Caridad de la ciudad. En un momento de desesperación, lo abandona en el interior de un Rolls Royce de una familia adinerada, pero el destino decide que lo recoja un vagabundo, que se convierte en su padre adoptivo.


Se trató del primer largometraje tras años de filmaciones cortas. En 1919, la productora First National Pictures dio la oportunidad a Chaplin para que dirigiese The Kid. Para este trabajo el británico buscó en su niñez en las calles de Londres, en sus días de miseria, ya que la infancia de Chaplin se desarrolló entre la desidia, los hospicios y las instituciones [Nota 1], y en la reciente muerte de su bebé Norman Spencer, que había nacido prematuro y con malformaciones genéticas, y con apenas 3 días de vida, para crear el guion.

Desarrolla una trama de intenso dramatismo con una fuerte carga de crítica social, con altas dosis de comedia, cuyo eje central es la importancia del amor humano, de los afectos.

   

  

A partir del primer rótulo la película deja claro que está realizada para provocar una sonrisa, o tal vez una lágrima (“A comedy with a smile and perhaps a tear”). La narración hace uso de todos los registros para entender el abandono, el sentido social de la maternidad, el acogimiento, la educación, la caridad, la actitud de las instituciones y el cariño de los padres adoptivos. Pero también hay cabida para el humor. Chaplin es un buen conocedor de los resortes psicológicos de la risa. Pero la risa no es incompatible con la ternura que aflora en esta película, así como en el resto de su filmografía.

El film narra la historia de un niño abandonado por una madre soltera, Edna, quien deja a su bebé dentro de un Rolls Royce, modelo Silver Ghost, de una familia adinerada, junto a una nota en la que brevemente pedía que se hicieran cargo de su hijo. Pero el destino hace que unos ladrones roben el coche y dejen al niño cerca de un contenedor de basura, en un barrio pobre, donde es encontrado por un vagabundo que se convierte en su inseparable compañero de aventuras.

En un principio no quiere quedarse con él e intenta buscar a alguien que lo cuide, pero tras varios intentos y no lograrlo, termina llevándolo a su destartalado piso. Le pone de nombre John, y lo “educa” a su manera. El chico crece y sobreviven a base a divertidas pillerías. Los dos pícaros se ganan la vida haciendo trampas en los alrededores del suburbio: el pequeño rompe los cristales de las ventanas para que el vagabundo pueda ofrecer servicios de reparación. Pero más allá del tratamiento humorístico, el padre trata al pequeño con afecto, amor, respeto y reconocimiento de su dignidad como igual, se reparten a partes iguales la comida.

  

  

Mientras tanto, la madre de John se ha convertido en una famosa cantante. Pero su riqueza no calma su dolor por la pérdida de su hijo, e intenta aliviar sus sentimientos de culpa repartiendo regalos a los niños de los barrios marginales. Y, casualidades de la vida, va a parar justo delante de la puerta del edificio donde viven John y el vagabundo. Allí al ver a una madre con su bebé, le pide cogerlo en brazos por un instante, no puede evitar acordarse del suyo, y su rostro, antes sonriente, se nubla. El plano encuadra la puerta, todavía cerrada, y a la mujer, con la mirada perdida fuera de campo, cuando esta se abre y aparece John.

El pequeño la mira mientras ella mira al bebé; luego, se vuelve hacia él y sus miradas se encuentran. La supresión dramática del espacio a la distancia mínima entre madre e hijo, a través de un acercamiento tan vertiginoso cuanto natural, hace del espacio, como el tiempo, algo relativo en las películas de Chaplin. La imaginación contiene en sí misma la distancia y la proximidad, en el instante habitan simultáneamente pasado, presente y futuro. Y Chaplin no necesita más que una puerta para hacer que todo ello cambie de manera mágica en la pantalla (Silveira dos Santos, 2010).

La escena está cargada de significación: sentado en el umbral, el niño mira a su madre, pero ella, hundida en su culpa y su dolor, mira al bebé que tiene en los brazos sin sospechar que su verdadero hijo está justo a su lado.

  

  

Más tarde, John se pelea con un chico mientras la gente se reúne para ver el espectáculo, al ganar la pelea, provocando la ira del hermano mayor del niño, que ataca al vagabundo. De nuevo aparece la madre que se encuentra con la pelea y media para que paren.

La mujer le informa que ha encontrado a su hijo, y que está gravemente enfermo. Llaman a un médico, que al ver la casa destartalada informa a los funcionarios del orfanato que vengan y se lleven al niño. Mientras Charlot lucha para recuperarlo. Se trata de una de las escenas más conmovedoras y crudas, cuando las autoridades arrebatan el niño al vagabundo. Este, impotente y con ojos vidriosos, intenta burlar a las autoridades y trepando por los tejados ve, desgarrado, como se llevan a ese hijo en el que ha depositado el amor más sincero y desinteresado que un padre podría dar a un hijo. Pero no se da por vencido y consigue rescatarlo. Él y John se refugian para pasar la noche en un ruinoso albergue.

La madre vuelve al suburbio y encuentra la nota que ella misma había escrito hacía cinco años. Por lo que para encontarlo pone un anuncio en el periódico ofreciendo una gran recompensa a cualquiera que pueda ayudarla a localizarlo. El gerente del albergue lee este anuncio, y roba a John de su cama mientras el niño y el vagabundo están durmiendo, y lo lleva a la fuerza a la comisaria de policía, donde la madre va a recogerlo.

Al despertar y ver que John ha desaparecido comienza un intensa búsqueda sin resultado. Finalmente, exhausto, regresa a su casa y sentándose en la puerta se queda dormido, y comienza a soñar. El barrio es una especie de paraíso, colmado de flores, niños y ángeles (“Dreamland”), aparecen todos los personajes de la realidad como ángeles, sin embargo lo bueno dura poco y al final algunos demonios se cuelan en el país de los sueños y siembran las semillas de la tentación y los celos. Charlot se mete en problemas y es abatido de un tiro en pleno vuelo “angelical”.

  

  

De vuelta a la realidad el policía lo despierta y lo mete en su coche para llevarlo a la mansión de la mujer para encontrarse con John. El vagabundo es invitado a vivir con ellos en su lujosa casa, curiosamente, la misma en la que años antes había dejado a su hijo dentro del automóvil. Al final los destinos fortuitos de la vida, entre la miseria con esperanza y la riqueza sin sentido se concilian en el rencuentro de los tres protagonistas.
Un film al más puro estilo de novela de Charles Dickens, lo burlesco se mezcla con el drama dejando lugar también para el humor.

El rodaje duró casi seis meses, entre el 30 julio de 1919 y agosto de 1920, en escenarios reales de Los Angeles en Olvera Street y Pasadena en Colorado Street Bridge; y en los platós de Chaplin Studios en Hollywood, L.A. Ocupó 150.000 metros de negativos y seis rollos de película. El chico se estrenó el 6 de febrero de 1921 en Estados Unidos, no sin antes conseguir que la First National Pictures le pagara lo que consideraba justo, por dos rollos cobraba 500.000 dólares, por lo que al ser seis debía ganar el triple y así fue. El éxito fue rotundo.

   

Años más tarde, en 1971, Chaplin decide hacer un nuevo montaje del film, al que añade una banda sonora para orquesta completa, de nueva creación y autoría propia. En ella ofrece un tema de amor, que es el tema principal. Añade ritmos de fox, fox-trot y marchas, que aportan dinamismo y gracia. Suprime varias escenas, con lo que reduce el protagonismo de la madre, evitando digresiones y elevando la dignidad de la figura materna. Elimina el encuentro de la madre con una pareja de recién casados, la escena rodada en Colorado Street Bridge, en la que la madre se arrepiente de su decisión y vuelve al lugar donde ha dejado a su hijo para recuperarlo. Pero es demasiado tarde, el coche ha sido robado, y la mujer se desmaya delante de la puerta de la mansión, y el encuentro casual cuando ella ya es una estrella con su antiguo amante, padre del chico.


Bibliografía

BAZIN, André (2002) Charlie Chaplin. Barcelona, Paidós Ibérica.

SILVEIRA DOS SANTOS, Daniela (2010). El niño eterno: un acercamiento mítico al personaje Charlot. [Tesis Dictoral]. Barcelona. Universitat Pompeu Fabra. Departament de Comunicació.
Recuperado de: https://repositori.upf.edu/bitstream/handle/10230/11348/TFM_Silveira.pdf?sequence=1&isAllowed=y

STOURDZÉ, Sam (2007). Chaplin en imágenes. Barcelona, Obra Social Fundación “la Caixa”

VV.AA. (1965). El cine. Libreria Editorial Argos. Barcelona.


Nota 1: Charles Spencer Chaplin nació en East Street, en el barrio de Walworth, Londres el 16 de abril de 1889, según información dicha por él mismo ya que no consta documentación oficial de su nacimiento. Su padre alcohólico murió en 1894, cuando él tenía cinco años, y su madre era una enferma mental, por lo que su hermano mayor, Sidney, y él pasaron todo tipo de penalidades y estrecheces. Durante algunos periodos, cuando la madre era internada en un sanatorio, los hermanos eran llevados a orfanatos.