Magdalena
Carmen Frida Kahlo Calderón nace en el barrio de Coyoacán, entonces
a las afueras de la Ciudad de México, el 6 de julio de 1907, a las ocho
y media de la mañana. Fue la tercera hija del matrimonio de Matilde
Calderón [1] y Guillermo Kahlo
[2]. Once meses después
del nacimiento de Frida, nació su hermana Cristina, por lo que fue una
nodriza indígena la que la amantó [3]. Esto la marcó mucho,
ya que el ama de cría se convirtió en la encarnación de la herencia
mexicana, algo de lo que siempre se enorgulleció. En 1937, dejó constancia
de ello en su obra Mi nana y yo o Yo mamando. Este hecho
hizo que Frida no se sintiera unida a su madre, a quien calificaba como
activa, inteligente, pero también calculadora, cruel y fanáticamente
religiosa.
Guillermo
Kahlo adquirió en 1904 un terreno de 800 m2, situado en la esquina de
las calles de Londres y Allende, que formó parte de la Hacienda del
Carmen, antigua propiedad de los carmelitas. En este mismo año se inició
la construcción de la casa cuyo plano original era de forma rectangular
e incluía algunos espacios interiores al aire libre. Esta casa, de un
solo piso y grandes ventanales, recibe el nombre de "Casa Azul" por
el color de sus paredes. Tiene un aire colonial por sus patios, sus
amplios cuartos y su distribución.
Aquí
vio por primera y última vez el mundo Frida y fue un verdadero refugio
a lo largo de toda su vida, siempre volvía a este lugar cuando se encontraba
triste o sola.
El 7 de julio de 1910, estalló la Revolución mexicana, que duró diez
años. Comenzó con sublevaciones en distintas partes de país y con la
formación de ejércitos guerrilleros en Chihuahua, bajo Pascual Orozco
y Pancho Villa; en Morelo, bajo Emiliano Zapata. En noviembre de 1920
y tras la toma de poder de Álvaro Obregón, se cerró uno de los episodios
más sangrientos de la historia de México. Desde el ventanal de su casa,
según cuenta en su diario de una forma algo poética [4], presenció la lucha
entre zapatistas y carrancistas y vio como su madre abrió los balcones
para atender al ejército de Zapata.
Lo que para Frida fue
una aventura y hasta un orgullo, ella decía haber nacido el mismo día
en que comenzó la revolución, para los padres fue un varapalo. La familia
Kahlo poseía una situación económica holgada, Guillermo Kahlo era el
fotógrafo oficial del patrimonio cultural mexicano, y tras la caída
del gobierno de Porfirio Díaz, era difícil obtener comisiones fotográficas
de cualquier tipo. Para salir de la penuria, hipotecaron la casa, vendieron
muebles, alquilaron habitaciones y regateaban con los comerciantes.
Esto hizo que el padre, tan entrañable y cariñoso, se volviera taciturno
y misántropo. En cambio Matilde, se convirtió en el motor del hogar,
llevando las cuentas y regateando continuamente: no sabía leer ni
escribir, sólo sabía contar dinero.
Los sentimientos contrarios que su madre, a la que llamaba mi jefe,
le inspiraba, amor-odio, se volvieron auténticas batallas. Sin embargo,
no paró de llorar cuando esta murió.
Cuando
era niña, era muy activa y extrovertida, pero en 1913, con sólo seis
años, enferma de poliomelitis y, como secuela, la pierna derecha le
queda más corta y delgada, y el pie derecho ligeramente deformado. Cuando
se recuperó y volvió a la escuela, al Colegio Alemán de México, ella
seguía siendo una niña traviesa y enérgica. Pero sus compañeros se burlaban
llamándola “la coja”, algo que la hizo sufrir mucho y le cambió su forma
de ser, comenzó a vestirse con pantalones, para disimular su pierna
deformada, y mas tarde utilizó larguísimas faldas mexicanas (se convirtió,
según sus propias palabras, primero en un “marimacho” y posteriormente
“peculiar”). Esto también le hizo crearse un mundo propio, con una amiga
imaginaria, que si la aceptaba como era y no se burlaba de ella. [5]
A
principios del siglo, pocas niñas asistían a la escuela, pero los padres
de Frida le dieron la oportunidad de una educación formal.
Asistió a la Escuela Nacional
Preparatoria en México, uno de los centros más prestigiosos del país,
donde fue una de las treinta y cinco chicas en una clase de dos mil
chicos. Quería hacer el bachillerato, pues deseaba ser médico. Aquí,
formó parte del grupo “Las Cachuchas” (nombre tomado de las gorras de
traficante que sus miembros llevaban como elemento de identificación),
quienes defendían las ideas social nacionalistas del ministro de cultura
José Vasconcelos. Algunos de sus miembros serían líderes de la izquierda
mexicana.
La
desgracia volvió a su vida, cuando el 17 de septiembre de 1925, sufre
un grave accidente de tráfico al chocar un tren con el autobús que la
llevaba, junto a su amigo Alejandro Gómez Arias, de la escuela a casa.
Frida se rompió la columna, unas costillas, la pierna derecha, y el
pie. Una barra de metal le perforó la pelvis y le salió por la vagina,
dejándola estéril. Pasa un mes en el hospital de la Cruz Roja, donde
inicia su afición a la pintura.
[1]:
Matilde Calderón González (1876-1932) nació en Oaxaca. Hija
de Isabel González y González, procedente de una familia de un general
español, y de Antonio Calderón, fotógrafo de origen indio nacido en
Morelia. Era la mayor de doce hermanos.
[2]:
Wilhelm Kahlo (1872-1941) nació en Baden-Baden. Hijo de un joyero
y orfebre, Jakob Heinrich Kahlo y Henriette Kaufmann Kahlo. Judíos húngaros
de Arad, emigrados a Alemania. Tras la muerte de la madre, su padre
contrae nuevo matrimonio, y le da el dinero suficiente para viajar a
México en 1891. Al legar cambia su nombre por Guillermo. Se gana la
vida como dependiente en diversas tiendas. Se casa por primera vez en
1894 y tiene dos hijas, María Luisa y Margarita, en el parto de esta
segunda muere. Conoce a Matilde Calderón y se vuelve a casar, a las
dos niñas del anterior matrimonio las interna en un convento. Del suegro
aprende el arte de la fotografía.
[3]: En
una charla que mantuvo con Raquel Tibol le dijo al respecto: Mi madre
no me pudo amamantar porque a los once meses de nacer yo nació mi hermana
Cristina. Me alimentó una nana a quién lavaban los pechos cada vez que
yo iba a succionarlos.
[4]:
Recuerdo tener cuatro años cuando tuvo lugar la “decena trágica”.
Con mis propios ojos vi la batalla entre los campesinos de Zapata y
los carrancistas. Mi ubicación era muy buena. Mi madre abrió las ventanas
que daban a la calle Allende para dar entrada a los zapatistas y se
encargó de que los heridos y los hambrientos saltaran de las ventanas
de la casa a la sala de estar. Ahí los curó y les dio gorditas de maíz,
lo único que se podía conseguir de comer durante esos días en Coyoacán.
[5]:
Debo haber tenido seis años cuando viví intensamente la amistad
imaginaria con una niña de mi misma edad o menos. En la vidriera del
que entonces era mi cuarto y que deba a la calle de Allende. Sobre uno
de los primeros cristales de la ventana echaba vaho y con el dedo dibujaba
“puerta”. Por esa “puerta”, salía en la imaginación, con gran alegría
y urgencia. Atravesaba todo el llano que se miraba, hasta llegar a una
lechería que se llamaba “PINZÓN”... Por la “O” de PINZÓN entraba y bajaba
impetuosamente al interior de la tierra, donde “mi amiga imaginaria”
me esperaba siempre.(...) era alegre, se reía mucho, sin sonidos era
ágil y bailaba como si no tuviera peso alguno. Yo la seguía en todos
sus movimientos y le contaba, mientras ella bailaba mis problemas secretos
(...) yo era feliz (...) Han pasado 34 años desde que viví esa amistad
mágica y cada vez que la recuerdo, se aviva y se acrecienta más y más
dentro de mis mundos.
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