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La
estela del delirio ciberpunk
Diego
Saucedo Tejado
15/03/2007
No
sigo de cerca la televisión, me da miedo. Prefiero mantenerme
lejos de ella, por aquello de las radiaciones mentales. De hecho,
he seccionado el cable de antena y ahora sólo puedo ver películas
blancas y negras en el armatoste pre-bélico que tengo por dvd.
Sin embargo, estoy al tanto - aunque puedo haber sido engañado
- de la programación actual y sé de los tejemanejes
de 'telahinco'a la hora de confeccionar su agenda fílmica.
Hay películas que por su chispa e ingenio, válgame el
sarcasmo, merecen ser emitidas una y otra vez, casi siempre en la
sesión de tarde, que es la mejor hora y a ser posible en fin
de semana. Una de las clásicas ya es 'Demolition Man' con Wesley
Snipes y Sylvester Stallone cara a cara. El rubio teñido contra
el moreno natural. El policía contra el asesino. El negro contra
el blanco en una sociedad del futuro (por supuesto americana, véase
el Pizza Hut), excesivamente aburguesada en el que la violencia ha
dejado de ejercerse. No durará mucho tiempo. Lo peor de todo
es la película que suelen poner después. Siguiendo con
el tirón de Rambito en el futuro, el espectador comienza a
pensar en el suicidio cuando lee los créditos iniciales de
la infumable 'Juez Dredd' de cuyo director, prefiero no acordarme.
No se lo merece.
No obstante, estas películas rescatan de las vitrinas un género
mítico que sigue insuflando energía aunque constreñido
entre las barreras de la comercialidad. Hablo de la ideología
Cyber-Punk entendida como movimiento cultural. Una revolución
gestada a finales de los 70 y que se convirtió en la contracultura
de los 80. Se trataba de una nueva forma de mirar al mundo. Según
uno de sus padres fundadores, Bruce Sterling, era un esfuerzo generoso,
abierto y anárquico que buscaba conmover las bases del establishment
literario de la ciencia-ficción anglosajona, y que compartía
en ese sentido, la ética de las bandas punk de garaje de los
70.
De esta forma, el cyberpunk se transformó rápidamente
en objeto de culto, en una corriente que atraía con gran fuerza
la atención del público. Planteaba una ciencia- ficción
"de 20 minutos", extrapolando al lector a un futuro no muy
distinto ni alejado del de nuestro tiempo pero pesimista y deshumanizante.
Era allí donde sembraba todas las carencias e inseguridades
del hombre del presente, rodeándolo de un futuro apocalíptico
y aterrador en el que las maquinas se verán potenciadas en
perjuicio del hombre. El cyberpunk había emergido como forma
de expresión de una bohemia literaria que se hallaba sumida
bajo la superficie, en lo que ellos denominaban underground. Sin embargo,
una vez llegado el éxito y la fama, la propia contracultura
predicada se convirtió en cultura misma y la esencia de su
movimiento quedó anulada.
La revolución que había supuesto el cyberpunk, con la
novela 'Neuromancer' de William Gibson como buque insignia, quedó
etiquetada y vendida a la productora de mejores efectos especiales.
El movimiento se vio reducido a género y salvo ciertas producciones
underground de los 80, la mayoría de las historias fueron adquiridas
por las grandes compañías y rodadas más mal que
bien, orientando el producto a un público de masas, sin demasiadas
pretensiones más allá de las lucrativas.
Como
antecedente a la filmografía cyberpunk, sería anatema
no mencionar 'Metrópolis', dirigida en 1928 por el genio germano
Fritz Lang. El expresionismo alemán de los años 20 firma
la estética de esta famosa película que hizo estragos
en su época. Planteaba un futuro que ahora se ha convertido
en pasado: el año 2000. La enorme urbe de Metrópolis
dividida en dos enormes grupos, el de aquellos que se dedicaban al
ocio y a la cultura, y el de los obreros que eran explotados en la
fábrica subterránea. Se llegó a plantear la idea
de un robot, concebido como copia metalizada de un ser humano, que
hará que arranque el motor de la historia. Sin duda, tanto
por su estética como por su recorrido se trata de un precedente
que sentó sus influencias en la posterior visión cyberpunk.
Ya en la década de los 70, surgen las primeras películas
de clara tendencia cyberpunk: plantando sus personajes en un futuro
cercano y poco esperanzador, 'Westworld'y 'Soylent Green', ambas de
1973, son las más representativas del momento. Dos años
más tarde, Norman Jewison, estrena 'Rollerball' que propone
un 2018 en el que se ha superado la pobreza, el nacionalismo y también
la cultura. Para tener arengadas a las masas, se ha diseñado
un deporte en el que ningún jugador pueda vencer. Cuando uno
de ellos supera las trabas impuestas, la sociedad se tambaleará.
Esta película estuvo de actualidad hace un par de años,
cuando se estrenó el patético remake teenager con el
capullo romántico de 'American Pie' como protagonista taquillero.
Sin embargo no recuerdo su nombre, así que no habrá
sido tan taquillero.
La saga apocalíptica escrita por George Miller, 'Mad Max',
se llevó al cine generando gran sorpresa, éxito y descarriadas
pasiones. Un aniñado Mel Gibson recorría las áridas
y desoladas tierras australianas, en busca de víveres y venganza.
El petróleo será uno de los objetos de deseo de la historia,
por el que lucharán los buenos contra los malos para restaurar
la paz y el orden de las ciudades devastadas. Nostalgia, decadencia
y nomadismo son parámetros que se repiten en el esquema cyberpunk.
De concepción más distinta era el libro 'La Naranja
Mecánica', de Anthony Burguess. Sobre el lenguaje preexistente,
el autor cambiaba los fonemas de las palabras. Me veo en la obligación
moral de transcribir un bonito párrafo que capta parte de la
esencia de la novela:
<<Teníamos
los bolsillos llenos de dengo, de modo que no había verdadera
necesidad de crastar un poco más, de tolchocar a algún
anciano cheloveco en un callejón, y videarlo nadando en
sangre mientras contábamos el botín y lo dividíamos
por cuatro, ni de hacernos los ultraviolentos con alguna ptitsa
tembleque, starria y canosa en una tienda, y salir smecando con
las tripas de la caja. Pero como se dice, el dinero no es todo
en la vida.>>
La
película fue llevada al cine por Stanley Kubrick en 1979 y
el día de su estreno se armó mucho revuelo. Airadas
críticas se levantaron contra el film, pero la calidad del
mismo hablaba por sí sólo. Alejada del clásico
cyberpunk, planteaba una sociedad futura, igual de pesimista y violenta
hasta el extremo, en la que el humano alcanza su grado máximo
de degeneración como individuo. La estética de los escenarios
futuristas creó escuela en posteriores directores cyberpunk.
En 1982 llegó a nuestras pantallas 'Tron'producida por Disney
e interpretada por un increíble y trasmutado Jeff Bridges,
el nota. La película narra la vida de Flynn, un hacker muy
peculiar capaz de vivir extrañas aventuras dentro de una computadora.
Éste descubrirá un virus y se introducirá en
el interior de la máquina a través de la digitalización
de su propio cuerpo. Es allí dentro, cuando comienza realmente
su aventura.
Ese mismo año, Harrison Ford estrenaba película de culto:
'Blade Runner', dirigida por Ridley Scott. Proyectaba a la humanidad
hacia una atmosfera gris y sobrecargada en la que era difícil
respirar. Concebida en términos de thriller, el film se torna
reflexivo y adopta un tono negativo y pesimista, que se aclimatará
al arco de transformación del protagonista. Un policía
que tendrá reticencias a la hora de enfrentarse a la supresión
de cierta replicante que se cruzará en su camino.
Antes de atormentar a California con su reinado republicano, Arnold
Schwarzenegger se dedicaba más modestamente al campo de la
actuación y la exhibición muscular. En la década
de los 80 y principios de los 90 protagonizó una serie de películas
- por supuesto de acción - pero que estaban entroncadas directamente
con los argumentos más fatalistas del cyberpunk. Sin duda,
las películas más destacables de su homogénea
y deplorable filmografía.
Bajo la dirección de James Cameron, en 1984 encarnó
a 'Terminator', un temible robot programado por las máquinas
que venía del futuro para exterminar a la joven que engendraría
al carismático líder de los humanos futuros, John Connor.
En un giro de guión, la segunda parte de la película
cambiaba radicalmente la concepción ética del personaje
de Terminator. De temible villano pasaba a ser el bueno protector
del adolescente John Connor del que defendía a su vez de otro
robot más avanzado de rápida capacidad curatoria. Las
dos películas son de un ritmo trepidante aunque sin mayores
pretensiones en materia artística. Sin embargo, son claras
deudoras de las más bajas pasiones de la corriente cyber-punk
en cuanto a planteamiento narrativo y sello pictográfico. La
imagen de una humanidad futura, devastada por la guerra, enfrentada
a las máquinas en una batalla sin cuartel es una idea que se
repetiría profusamente en el futuro.
El contacto con seres extraterrestres no es nuevo en el planteamiento
de las sociedades futuristas. Basada en un pequeño relato de
Philip K. Dick, 'Desafío Total' (Total Recall, 1990) preveía
un siglo XXI en el que los viajes a Marte y el trato con los marcianos
era factible, pero caro. Sin embargo, existían máquinas
que fabricaban sueños a la carta y empresas dispuestas a comercializarlo.
A partir de uno de esos sueños, el protagonista que no es otro
que nuestro querido Arnold, descubrirá quién es en realidad:
un líder de la resistencia marciana al que sus despiadados
enemigos le han sustraído parte de su memoria. La película
combina los destellos de la mejor fantasía futurista con una
acción envolvente, cuyo uso de la violencia, justificado por
la tendencias del cyberpunk, a veces rayaba con el espectáculo
gratuito. Sin dejar de ser una superproducción, con las características
que eso conlleva, la historia da continuas vueltas de tuerca, retorciéndose
en una narrativa simple contada con ciertas complejidades. Una teoría
que suele funcionar cuando se lleva a la práctica.
Unos años antes, el director Paul Verhoeven había expuesto
su "particular distopía cyberpunk" titulándola
'Robocop', que con el tiempo se convirtió en una saga sin demasiado
interés. La historia era la de un policía muerto al
que se revivía a partir de unos implantes informáticos,
creando un cyborg policía denominado Robocop. La máquina
funciona adecuadamente, hasta que la memoria de sus partes orgánicas
empieza a interferir en su programación. Esta película,
junto con 'Desafío Total' inauguró la década
de los 90, donde el cyber-punk había pasado de la gloria a
la etiqueta y a las plataformas de las superproducciones. Sin embargo,
en la era digital de los ordenadores portátiles un gran presupuesto
no se hacía indispensable a la hora de rodar decorados futuristas.
De esta manera llegó 'El cortador de césped' dirigida
por Brett Leonard en 1992. El doctor que encarnaba Pierce Brosnan
utilizaba a su jardinero en un experimento que rebuscaba en el inconsciente.
A través de una realidad creada, la virtual, el hombre conseguía
aumentar su poder cognoscitivo así como perdía la perspectiva
de la verdadera realidad. A través de un viaje megalómano
y espasmódico, donde se combinan los pequeños grandes
efectos virtuales de la época, el jardinero se transformará
en un ser vengativo y violento, en un dios de la realidad virtual
cuyo poder lo llevará a intentar dominar el cyber-espacio.
Una de las películas más atrayentes del género
fue 'Doce Monos'. Tanto por la historia como por la manera discontinua
de contarla, se presenta un conflicto irresuelto entre la humanidad
y el ejército de los Doce Monos, que determinado día
inocularan un virus a la población que la exterminará
en su mayor parte. Desde un futuro apocalíptico, Bruce Willis
es enviado al pasado en misión no oficial para eliminar el
virus y de este modo salvar a la humanidad. Sin embargo el tratamiento
de la acción no tiene nada que ver con el que Willis nos tiene
acostumbrado. Drogado, desorientado casi todo el tiempo, el errante
personaje recibe mucho durante el film al que no clasificaría
de acción, sino de thriller existencial altamente embaucador.
Por lo menos en mi caso funcionó.
1995
es un año de cambios, reveses y progresos, en el que se produce
una verdadera explosión del espíritu del cyberpunk.
'Ghost in the Shell' plantea a través de un manga estilista
e innovador, un Japón del futuro en el que una cyborg policía
se ve envuelta en una serie de problemas existenciales que surgen
al desempeñar su trabajo y que forman el leit-motiv de toda
la obra. Sin embargo el misterio que la envuelve es mucho más
cruento: un grupo de hackers que se dedican a programar humanos para
alterar sus conciencias y utilizarlos a su antojo. Una de las grandes
películas manga, junto con Akira, que vendrían a formar
una revolución en cuanto a técnica y disposición
de personajes.
La sobrecarga de elementos vino cuando a Keanu Reeves se le ocurrió
alquilar su cerebro como banco de memoria. La película no llegó
a ser lo que pretendía. 'Jhonny Mnemonic' se esperaba como
la película cyberpunk por antonomasia ya que estaba basada
en uno de los grandes relatos de William Gibson, consagrado autor
de ciencia-ficción postmoderna, pero se quedó en un
triste intento fallido. El propio autor llegó a declarar que
se habían gastado 30 millones en un producto que no había
satisfecho a nadie. Demasiados personajes, muy desapegada de la historia
original y absolutamente carente de un hilo conductor, afirmaba que
la película le había decepcionado y que resignaba a
quienes esperaban que la maravilla cyberpunk fuera finalmente traducida
al cine. Habría que ser pacientes.
Sin embargo, la sorpresa llegó a cargo de 'Strange Days' dirigida
por Kathryn Bigelow y escrita por el titánico James Cameron.
Se escribió mucho sobre la muerte del cyberpunk a raíz
del fiasco de J.Mnemonic, pero al movimiento aún le quedaban
los mejores años de su vida. La película plantea un
futuro cercano (días previos al año 2000) en el que
la violencia y la devacle cobran forma en la ciudad de Nueva York.
El protagonista comercia con vivencias ajenas, con experiencias grabadas
en cerebros de otras personas. Esas experiencias tienen un alto poder
adictivo que sembrarán el hilo conductor de la trama a través
de variopintos personajes. Se trata de un film sorpresivo y recurrente,
extraño por su estética y apetecible, a priori por sus
actores principales: Juliette Lewis y Ralph Fiennes. La inolvidable
Mallory de 'Natural Born Killers' y la momia chamuscada de 'El paciente
inglés'.
Dos grandes películas se producirían en los años
posteriores. En 1997 se estrenó directamente al video-club
'Gattaca', firmada por Andrew Nicol. El romance - ahora escindido
- formado por Hawke y Thurman quedaba a un lado en este singular historia
del futuro, en la que los seres humanos han dejado
de ser concebidos de manera natural. Son sometidos a mejoras moleculares
y su genoma es seleccionado cualitativamente de entre una diversa
gama. El protagonista es un joven que ha sido concebido a la manera
antigua y que, a pesar de sus limitaciones, sigue escalando la montaña
de sus sueños, que es viajar al espacio. Se trata de un film
original y anodino, sutil y elegante, que arroja al espectador a una
fría paleta de tonalidades en la que la caída de una
sola pestaña puede suponer algo así como la caída
del Imperio.
La otra película se estrenó en 1998 y se tituló
'Dark City'. El director fue Alex Proyas, que ya había dirigido
al difunto Brandon en 'El Cuervo' y dirigiría al todavía
no difunto Smith en la adaptación del relato de Asimov 'Yo,
Robot' en 2004. La película irradia una imaginación
desbordante y un misterio embaucador que no deja de respirarse en
toda la trama. Ya desde el comienzo, el protagonista descubre que
a determinada hora la ciudad deja de funcionar, quedándose
sin vida, inerte, dormida. El planteamiento inicial desembarca en
un mundo terrorífico dominado por unos oscuros entes de lejana
procedencia que utilizan su poder en las mentes para atrapar a la
ciudad en un sueño diario en el que cambian todo de sitio,
incluyendo a los ciudadanos que adquieren diferentes roles cada día,
sin recordar lo que han hecho los días pasados. Un film gratamente
recomendable.
Un año después y esta vez desde Europa, se estrena 'Nivel
13' de Josef Rusnak. Basado de manera bastante libre en 'Simulacron
3'de F. Galouye, la película versa sobre la realidad y sus
pesquisas materiales. A raíz de un descubrimiento, unos científicos
son capaces de crear una nueva realidad en un pequeño soporte
y se introducen en él para investigar. La pregunta que surgirá
a raíz de ese hecho será la siguiente: ¿Quién
nos dice a nosotros, que somos capaces de crear nuevas realidades,
que la realidad en la que vivimos no ha sido inventada por otros seres,
superiores a nosotros, y que por tanto no es la verdadera realidad?
El film indaga en las respuestas de manera compulsiva, casi obsesivamente.
La principal fuente del cyberpunk fue siempre la literatura. La obra
más representativa, 'Neuromant' de William Gibson, aún
no había sido transportada al cine con la calidad que se merecía
y fue necesario esperar hasta 1999 para que las voces entonaran que
el momento había llegado, que por fín se podía
hablar de la obra maestra del cyber-punk traducido en cine. El efecto
'Matrix', orquestado por los hermanos Wachowski atacaba con fuerza
exponiendo un futuro aun si cabe más tremendista que sus predecesoras:
Después
de sangrientas guerras civiles entre humanos y máquinas,
los primeros provocan una enorme nube de polvo para quitar la
energía solar a los segundos. Sin embargo, las maquinas
encontraran una nueva fuente de energía: los propios humanos.
Atrapados en campos de cultivo y explotación, a los humanos
se les extrae toda su energía y se les conecta a un programa
de realidad virtual llamado Matrix en el que todo es inventado.
Keanu Reeves, convertido en icono del cyberpunk, es liberado por
la resistencia humana y conducido a la realidad real. El personaje
de Neo será el elegido para libertar a los humanos, que
sólo conservan una ciudad, situada cerca del centro de
la tierra, donde todavía hace calor: SION.
La
historia se amplió al campo de la animación con un dvd
posterior llamado 'Animatrix'. En su interior se exhibían nueve
cortos de diferentes directores de bella factura y empapados de la
ideología matrix. Algunos de ellos eran terriblemente
realistas, al estilo de 'Final Fantasy' y otros volaban cerca del
manga más fantasioso de 'El viaje de Chihiro'. Narrados de
originales formas, estos cortometrajes son esenciales para entender
las dudas de Neuromante, los pasadizos de Matrix. Sin embargo, son
absolutamente prescindibles las dos secuelas con personajes de carne
hueso. Es triste decir que de una película sólo se salvan
los efectos, pero es así. 'Matrix Reloaded' marca un antes
y un después en la técnica de efectos, marcándose
una escena de persecución en una autopista (construida para
la ocasión) que resulta antológica. Sin embargo el guión
se cae por su mediocridad y su poco creíble puesta en escena.
No me atreví a ir a ver la tercera parte. Le tenía gran
predilección a 'Matrix' hasta que vi 'Reloaded', entonces todo
me pareció menos bello y más plano. En esta segunda
entrega, parecía como que, por exigencias del guión,
Neo tuviera que pelear con alguien distinto cada diez minutos, y cada
pelea ser más burra que la anterior. Lo poco que se ahonda
en la profundidad historia es lo más rescatable de la película
y el beso de Monica Bellucci resulta contraproducente.
Ha habido más peliculas cyberpunk, condenadas a la estantería
de video-club. Puede ser el caso de la interesante 'EXistenZ' con
Jude Law dentro de un video-juego futurista o 'Future Sport' de clara
descendencia rollerballiana, ideal para la sobremesa. Asimismo, 'Nirvana'
de Cristopher Lambert resulta mejor de lo que en apariencia parece.
Mucho mejor que 'Wild Wild West' una película de la que es
mejor huir, escapar muy rápido. No considero a 'Men in Black'
cyberpunk aunque se perciben ciertos rasgos, como en 'Mars Attack'
o 'Eduardo Manostijeras', de Tim Burton o en la increíble 'El
quinto Elemento' de Luc Besson. La más criticada fue 'La máquina
del tiempo', el remake of course¸ que planteaba un año
2019 con la luna partida.
El movimiento cyberpunk en España ha quedado reflejado en dos
películas bastante irregulares. La primera es 'Acción
Mutante', opera prima de Alex de la Iglesia, que presentaba un futuro
en el que los "desheredados" (cojos, paralíticos,
ciegos, mutilados) se habían unido como grupo terrorista para
destruir los cuerpos sanos. La segunda, 'La mujer más fea del
mundo', dirigida por Miguel Bardem, mostraba a la España del
futuro constituida como Tercera República y con Santiago Segura
como presidente. ¿Futuro apocalíptico? ¿Tremendismo
cyberpunk a la española?
A
raíz de 'Matrix' el movimiento se ha reiniciado de nuevo, iniciándose
nuevas adaptaciones de novelas ya clásicas del movimiento.
La gran olvidada es 'El juego de Ender'de Orson Scott Card, que presenta
a una humanidad futura enfrentada a los insectores. Ganadora del premio
Nebula en 1986, la novela es la primera de una saga de cinco libros
que se ha multiplicado por tres hasta llegar a los quince. Sin duda,
gran material para Peter Jackson que ahora estará aburrido
sin saber que hacer más que sacarle brillo a sus oscars. Se
rumorea también que el reputado director de videoclips, Michael
Cunningham, anda a estas horas encerrado en su mansión trabajando
en otra novela de William Gibson. Las nuevas tecnologías e
ideas, fusionadas con las ideas de la corriente cyber-punk seguirán
trayendo a la pantalla películas fantasiosas, tremendistas,
que presentan un futuro apocalíptico en el que el hombre se
ha deshumanizado y vive en perpetua melancolía. A partir de
ahí tendrá que empezar a ser feliz, a pesar de que se
manipulen sus recuerdos, a pesar de las invasiones de marcianos, de
las luchas contra las máquinas. La desencantada visión
de los escritores del siglo pasado, sólo podían mostrarnos
un nuevo siglo cargado de catástrofes, muertes y guerras civiles.
Un futuro en el que el Gran Hermano te observa las 24 horas. Por eso
he seccionado el cable de antena de mi tele. Para no ser espiado.
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