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Breve
historia del órgano de la catedral de Málaga
Chantal
Martínez Fernández
05/05/2005
Desde
los tiempos del Obispo D. Pedro Díaz de Toledo se cita en las Actas
la plaza de unorganero, lo cual nos lleva a deducir que ya existía
un órgano en el primitivo templo de esta época. Lo más probable es
que se tratara de un realejo [Nota
1], ya que la Catedral aún no se había construido y los
oficios litúrgicos se realizaban en la antigua mezquita musulmana
cristianizada.La
nueva Catedral se consagró el 31 de agosto de 1588 y, aunque en un
principio se siguiera utilizando el antiguo realejo, las nuevas necesidades
de culto para el solemne templo recién inaugurado harían que el Cabildo
promoviese incesantemente la construcción de un nuevo y monumental
órgano. De este modo, en 1598 encontramos noticias de un órgano construido
por un religioso dominico
[Nota 2] y comprado en la ciudad de Sanlúcar de Barrameda.
Aunque este instrumento debía tener cierta entidad dado que el fraile
dominico exige 500 ducados por “aderezar y asentar el órgano” [Nota
3], en 1648 debía encontrarse en un estado lamentable,
lo cual no deja de ser extraño. Ningún autor explica el porqué de
semejante deterioro en un instrumento de apenas medio siglo y notable
calidad técnica, es importante señalar que el uso es la garantía fundamental
de pervivencia de un órgano, es viable pensar entonces que quizás
no se utilizaba. Es posible que el primitivo realejo, con su movilidad
y adaptabilidad, se prestara mucho más al uso litúrgico que el órgano
construido exprofeso para una Catedral que, por otro lado, aún se
hallaba inconclusa.
Ante
el mal estado de conservación del primer órgano, el Cabildo, en la
junta del 25 de junio de 1648, decide que será el maestro Salvador
de Fuentes quien lleve a cabo el nuevo instrumento y se le da como
plazo un año. Sin embargo, debieron surgir problemas que no se concretan
en las Actas pues finalmente este proyecto no se ejecutó, como tampoco
llegó a buen fin la invitación del Cabildo al organero Lorenzo López
de Galarreta y Vaquedano ese mismo año. No obstante, y a pesar de
que los años iban pasando, el Cabildo no desistió en su idea de construir
un nuevo y monumental instrumento que sustituyera al de Mendoza en
el templo catedralicio. Finalmente, en la sesión del 20 de febrero
de 1655, se aprueban las bases del contrato del maestro franciscano
Fr. Jaime de Bergaños y se establecen las características y el lugar
exacto que debía ocupar el nuevo instrumento: “donde estaba el órgano
grande, que antiguamente servía para el culto, pues tenía hecha la
tribuna que había menester y era la más adecuada...” y no “donde al
presente estaba el Realejo, que se reconocía era de gran perjuicio
a la fábrica de la iglesia y también a la sillería del coro” [Nota
4]. No obstante, poco después de comenzar las obras ocurre
algo realmente inesperado ya que el organero franciscano es despedido.
El Tesorero D. Gregorio de la Paz había recibido noticias de la mala
calidad de un órgano realizado en la ciudad de Valencia por este maestro
lo que despierta dudas y reticencias en el Cabildo que deseaba un
instrumento realmente monumental y de magnífica calidad.
Habrá
que esperar cuatro años tras la despedida del maestro franciscano
para volver a encontrar noticias sobre el tema en las Actas, sin embargo,
el asunto seguía preocupando al Cabildo que persistía en su empeño
de dotar a la Catedral de un buen órgano [Nota
5]. En 1659, el frabriquero D. Cristóbal Ordoñez manda
venir desde Sevilla al organero D. Claudio Osorio que, tras observar
el estado del antiguo órgano, determina que sólo la caja es aprovechable
provisionalmente. El contrato se fija en 1500 ducados [Nota
6], y en poco más de un año la obra ya estaba terminada
como lo declara en el Acta del 8 de junio de 1660 donde, además, D.
Claudio Osorio pide un suplemento a los 1500 ducados pactados pues,
según dice, se le han ido en alimentarse él y sus oficiales. Para
ello manda que su obra sea tasada por un experto y para ello llega
el organista de Sevilla, el cual da su aprobación tras inspeccionar
el nuevo instrumento. No obstante, el organista de Málaga D. Miguel
Díaz Moreno no estaba de acuerdo con el acabado de la obra y no era
el único pues en la junta del 28 de julio del mismo año -1660- se
leyó un memorial en el que se recogía la opinión de varias personas
que conocían la obra y que habían observado numerosos defectos [Nota
7]. No obstante, la decisión final fue favorable a D. Claudio
Osorio puesto que el 21 de julio, y ante una orden del Sr. Obispo
D. Alonso de Santo Tomás, se formaliza la escritura de cancelación
de obligaciones y el organero recibe, además, 440 ducados extras para
costear sus viajes.
Algo
más de un siglo nos separa aún de la construcción de los grandes órganos
de D. Julián de la Orden, sin embargo, de los maestros organeros que
trabajan en Málaga y su provincia durante este tiempo ninguno interviene
en el órgano construido por Osorio, o al menos ninguna intervención
se refleja en las Actas. No obstante, el 6 de octubre de 1719 Cristóbal
García es nombrado Maestro organero de la Catedral de Málaga con cargo
de “refinar o afinar y templar los órganos de la Catedral y costear
los reparos menores que tuvieren” [Nota
8]. A pesar de que trabajó en muchos lugares de Andalucía,
no abandonó su residencia en la ciudad de Málaga donde murió en diciembre
de 1773. Su dilatada labor es muy reseñable como parte de la historia
del órgano en España pues pertenece a una de las dinastías organeras
más importantes de Andalucía: los García. El caso es que, entre otros
muchos trabajos, el día 17 de junio de 1765 se le abonan “1420 reales
por el Realejo que había hecho para la Catedral” [Nota
9].
Durante
todo este larguísimo periodo de la historia de la Catedral de Málaga
que hemos analizado podemos deducir, en lo que a m úsica
y órganos se refiere, que el Cabildo era consciente del papel decisivo
de la música en el culto y, por tanto, de la construcción de un buen
órgano acorde con las necesidades y la grandeza de un gran templo
como el que se estaba erigiendo en Málaga. No obstante, en un templo
catedralicio en permanentes obras hasta bien entrado el siglo XVIII
es explicable que el Cabildo tuviera otras prioridades y preocupaciones,
si bien la construcción del órgano siempre estuvo presente. De este
modo, podemos explicar la relativa lentitud por parte del Cabildo
hasta que se nombra a D. Claudio Osorio para la construcción de su
instrumento, asimismo, la escasa calidad de los órganos construidos
por Mendoza y Osorio explicarían en gran medida la importancia de
los Realejos -el primitivo de la primera Iglesia y el nuevo construido
por Cristóbal García-, sin duda, mucho más manejables y adaptables
a un templo en obras. Esta provisionalidad y lentitud de los acontecimientos
se refleja también en el movimiento de los organeros, con un claro
predominio de maestros locales de cuya competencia y profesionalidad
poco se interesaba el Cabildo [Nota
10], aunque nuevamente debemos resaltar que ésto no se
debe a una falta de interés por parte de los Capitulares hacia el
tema musical, sino por las necesidades de un templo catedralicio en
constantes obras donde las decisiones acerca del tema del órgano parece
que se tomaran para salir del paso y siempre de manera provisional.
Sin embargo, una vez concluidas las obras de la Catedral la situación
cambiará definitivamente con la construcción de los grandes órganos
de D. Julián de la Orden.
El
presente artículo forma parte de un estudio más amplio
sobre el Órgano de la Catedral de Málaga, compuesto
por tres partes, que en breve será publicado íntegramente:
-
Breve Historia del Órgano de la Catedral de Málaga,
- Los Órganos de D. Julián de la Orden: El gran proyecto
final
- Última restauración y nuevas aportaciones
Nota
1: Instrumento portátil que se utilizaba en las procesiones
(Información facilitada por el Profesor Adalberto Martínez Solaesa).
Nota
2: Aunque el Padre Llordén en sus Notas de los maestros
organeros que trabajaron en Málaga, Anuario musical, vol. XIII,
Barcelona, 1958, pg.2 afirma desconocer el nombre del monje dominico,
Medina Conde dice que se trata de un tal Joseph de Mendoza (MEDINA
CONDE, Descripción de la Santa Iglesia Catedral de Málaga desde
el 1487 de su erección, hasta el presente de 1785, Ed. facsímil
con introducción de Rosario Camacho Martínez, Málaga, 1978. Citado
por MARTÍNEZ SOLAESA, A., Catedral de Málaga. Órganos y música
en su entorno, Málaga, Studia Malacitana, 1996, pp. 23-24).
Nota 3: LLORDÉN,
A., Op. cit., pg.2.
Nota
4: Act. Cap. de M.: Nº 27, fol. 18. Citado
por MARTÍNEZ SOLAESA, A., Op. cit., pg. 27. Estamos, pues,
seguros de que en la Catedral habían dos órganos: el de planta de
Mendoza y el primitivo Realejo que, ante el mal estado del primero,
se seguía utilizando. Ésto corrobora nuestra hipótesis de que el
antiguo instrumento portátil se adaptaba mejor a las exigencias
de culto que el órgano de planta de Mendoza, quedando éste en un
segundo plano lo cual, en gran medida, precipitaría su degradación.
Nota
5: LLORDÉN, A., Op. cit., pg. 7.
Nota
6: El Padre Llordén realiza una transcripción textual de
la escritura del contrato que nos aporta una información valiosísima
para conocer las condiciones y características del nuevo instrumento,
inmediato antecedente de la magna obra de D. Julián de la Orden.
Ibídem., pp. 8, 9 y 10.
Nota
7: Ibídem., pg. 12.
Nota
8: MARTÍNEZ SOLAESA, A., Op. cit., pg. 35.
Nota
9: LLORDÉN, A., Op. cit. pg. 19. No
tenemos muchas más noticias de este nuevo Realejo pero sí sabemos
que aún se encontraba en uso en tiempos de Julián de la Orden pues
es citado en una vocación capitular del año 1799 (Act. Cap. C. de
M.: Nº 58, fol. 82. Citado por MARTÍNEZ SOLAESA, A., Op. cit.,
pg. 36.).
Nota
10: MARTÍNEZ SOLAESA, A., Op. cit., pg. 43.
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