Nº.2, mayo de 2005


Ramón Casas. El tránsito a la modernidad en la Cataluña de 1900
Marc Montijano y Susana Hermoso-Espinosa
05/05/2005


 

Nacido en Barcelona en 1866, Ramón Casas, siempre conoció la holgura económica, pues su padre había hecho fortuna en América. Tuvo una larga carrera profesional, durante la cual cultivó con igual fortuna la pintura, el dibujo y el cartel. Fue precoz, ya que en 1881, con sólo quince años, publicó su primer dibujo y dos años después participó en una exposición en el Salon des Champs Élysées de París, en la cual presentó su Autorretrato vestido de flamenco. En esta ciudad, llevó una vida bohemia, pero acomodada y sibarita. En Barcelona, instaló el taller en su casa del Paseo de Gracia. En su ciudad natal, el reconocimiento fue acompañado siempre del éxito económico. Murió en 1932, a los sesenta y seis años.

Concluida su primera estancia en París, realiza una serie de obras de tema taurino, en la década de 1880, en las que el artista abandona la paleta oscura y pone de manifiesto sus excelentes dotes de colorista. Con todo, su producción más numerosa durante estos años, y de hecho a lo largo de toda su carrera, es la dedicada al retrato. Género en el que, desde fecha temprana, destaca como el mejor retratista de la pintura catalana del cambio de siglo.

En cuanto a la pintura, la renovación que aportó a Barcelona fue básicamente la de un impresionismo de concepto, al estilo de Edgar Degas, pero nunca un impresionismo cromático como el de Monet. Se impregnó de obras parisinas, en la línea del nombrado Degas, y, sobre todo, de Whistler, que, en lugar de describir prolijamente un asunto, captaban una instantánea fugaz. También en sus dibujos, recibe influencias de Toulouse-Lautrec y Steinlen.

Casas rechaza el método de trabajo de la Academia.Este es realmente narcotizante y puede llegar a anular la personalidad del artista, pero una formación tradicional nunca es negativa, hay una gran diferencia entre intentar olvidar algo y no haberlo sabido nunca. Casas posee una gran formación y eso se nota a pesar de que trabaje de forma rápida y no realice un acabado meticuloso.

La representación incompleta, o abreviada que explotaron los impresionistas, aunque no fueron ni mucho menos los primeros en descubrirla, le va muy bien a Casas por su forma de trabajar. Este método, además, no le resta verosimilitud al retratado, se pude llegar a afirmar que son más verídicos, más próximos y cercanos para los que lo conocieron, que por ejemplo un retrato académico. El académico no ve, capta los rasgos y los plasma materialmente a través de unos principios que le han enseñado, puede ser mucho más proporcionado, estar más centrado en el lienzo y mejor acabado, pero Casas capta el alma de la persona, su psicología, su actitud. El académico abunda en detalles innecesarios a la hora de la identificación, la mente ya suple la falta de acabado como nos demuestra este escrito de finales del diecinueve, de William James:

"Cuando escuchamos a una persona que habla o leemos una página impresa, mucho de lo que creemos ver u oír es suplido por nuestra memoria. Pasamos por alto erratas de imprenta, imaginamos las letras correctas, aunque vemos las equivocadas; y de lo poco que oímos en efecto cuando escuchamos el habla, nos damos cuenta al asistir a un teatro extranjero, porque allí lo que nos desconcierta, más que el hecho de que no entendamos lo que dicen los actores, es que no logramos oír sus palabras. El hecho es que no oímos más, bajo mismas condiciones, en nuestra lengua, y solo nuestra mente, al estar más llena de asociaciones verbales inglesas, suple el material requerido para la comprensión, basándose en una insinuación auditoria mucho más leve."

Por eso en un retrato, el retratado se siente más identificado si se capta su psicología que si tiene la ceja a la altura perfecta. Es por ello que una obra de cualquier famoso del museo de cera nos parece horriblemente mala, los rasgos físicos están pero no se parece a la persona de la que provienen, y sin embargo un dibujo como el que Casas realiza de Mir es Mir.

No todo fue modernidad e innovación, es innegable que Casas hizo una pintura agradable y elegante, basándose en el culto a la belleza y al refinamiento. Oller ya indicaba la importancia que para el naturalismo tenía la "emoción". Algo similar sucede con otros textos de Josep Yxart, en los que afirma el ideal, el ennoblecimiento y la belleza. Esta característica de su producción artística fue en gran parte, la culpable de la extraordinaria y unánimemente acogida que la critica dispensó a esta primera exposición monográfica de Casas. Tanto por parte de los defensores del artista, como de los que habían sido sus más conspicuos detractores.

Casas va más allá del simple registro de los acontecimientos, no se limita a mirar. Penetra bajo la apariencia de las cosas, para ofrecerlas en una imagen más verdadera, más sincera y más profunda.

En 1894, se instaló con su familia en la residencia que se había hecho construir en la parte alta del Paseo de Gracia. Realizó entonces la mayoría de pinturas dedicadas a plasmar un acontecimiento ciudadano, como Garrote vil, Baile de tarde o Embarque de tropas. Estas obras le dieron una gran popularidad, porque aludían a hechos recientes acaecidos en Barcelona y estaban en la memoria de sus ciudadanos. Asimismo, entorno a este año, pintó una serie de desnudos, temática novedosa en la producción del artista, en la que la modelo suele aparecer echada en el suelo y en complejos escorzos.

Por estas fechas realizó, los ciento treinta y dos retratos que formaron parte de la exposición de la Sala Parés de 1899. Dibujados en Barcelona, la mayoría de ellos en el taller del artista. No hay ningún dato que nos permita saber con exactitud cuando empezó a realizar esta serie de una manera sistemática, aunque es probable que el inicio de esta galería iconográfica se sitúe hacia 1897, [1] coincidiendo con la apertura de Els Quatre Gats, [2] inaugurado en junio de aquel mismo año. Aunque, a juzgar por la rapidez con que los hacia, [3] no parece razonable, que hubiera empezado a realizarlos antes de 1897.

                                      

A la hora de inventariar a los retratados, hay un hecho que llama la atención. El retratista solicita como modelo a cualquier enemigo personal suyo, mientras fuera un personaje notorio. Escritores, políticos, pintores, juristas, periodistas, músicos, actores, están todos. Toda la generación de final de siglo pasó por el estudio de Casas.  
Casas posee conciencia de su tiempo, es un hombre del presente, de su presente. Parece que trabaja para legarle al futuro un inventario completo de los personajes de su época. Por tanto cuando retrata a Nonell no se mueve por un principio de provocación, Nonell simplemente era uno de tantos personajes de la Barcelona de la época, y por eso Casas lo retrata.

En cualquier caso, prácticamente todos correspondían a personajes tan relevantes que Utrillo, según el mismo dice en un número de Pèl & Ploma, [4] al hacer el montaje de la exposición en la Sala Parés, para no herir la susceptibilidad de los retratados, decidió disponer los retratos por orden alfabético.

A pesar del planteamiento esquemático del cuerpo de los retratados el artista supo captar también los rasgos de la personalidad que se manifiestan en la postura general del cuerpo. [5]   

La mentalidad de Casas, está, como su obra, a medio camino entre la modernidad y la tradición, mira hacia el futuro pero no rompe con el pasado. Fue un personaje muy peculiar [6] y a la vez muy admirable.

En 1899 y en 1900, por iniciativa de Utrillo, se organizaron exposiciones individuales, puesto que hasta entonces siempre habían sido compartidas con Rusiñol y Clarasó. Las dos exposiciones fueron aclamadas por el público y la crítica. El prestigio de Casas, que entonces contaba con treinta y cuatro años, estaba absolutamente consolidado y la burguesía barcelonesa, que no hacía tanto tiempo se había mostrado hostil ante la producción parisina del pintor, lo consideraba ahora el artista más representativo del Modernismo.

Permaneció en Barcelona y se sumergió en la monotonía de una vida confortable, que evitó cualquier innovación en su trayectoria artística. Retomó algunos temas que había cultivado en épocas anteriores, pero se dedicó fundamentalmente al retrato hasta el final de sus días.



RETRATO DE ISIDRE NONELL

Esta obra fue realizada por Ramón Casas entre 1897 y 1898. Es el retrato de un pintor ignorado y rechazado, en este caso Isidre Nonell (Barcelona 1873-1911), por muy brillante que fuese y lo fue, no era motivo merecedor de una obra para la mentalidad de la época. Aunque este aspecto fuese considerado rupturista en un inicio, en el caso concreto de Casas, en el momento que realiza el dibujo, ya no es tan provocador, puesto que era la figura más sobresaliente de la pintura catalana, una vez superada la primera reacción de rechazo por parte del público y de la crítica más conservadora. [7]

Rechazo del método de trabajo de la Academia. El retrato es simple y sencillo, muy alejado del academicismo laborioso, que no era para un hombre con una retina que lo veía todo, con tanta facilidad para el dibujo. Esto nos lleva a la importancia de la mirada directa, herencia del impresionismo, de su estancia en París. Ciudad a la que debe también, los planos cromáticos amplios y homogéneos, que conforman la vestimenta de Nonell, el dibujo casi sin volumen, muy plano y la simplicidad de la línea. Todo ello nos recuerda a las estampas japonesas.

El retrato de cuerpo entero de Novell, pertenece a la primera serie de la galería iconográfica [8] que fue expuesta en 1899. Todas estas obras poseen un formato similar y el personaje representado -salvo en unos pocos casos- aparece de pie, recortado sobre un fondo neutro y sin ningún elemento alusivo a su identidad o a su profesión, excepto en los retratos del meteorólogo Dionís Puig. Casas se concentra especialmente en el rostro del personaje y mediante un silueteado grueso y seguro, sin esconder los arrepentimientos, traza la silueta.



[1]: Sobre este punto, Jorda y Rafols, amigos y biógrafos del artista, manifiestan opiniones diferentes. Según Rafols, los empezó a hacer en 1897; Jorda, en cambio, afirma que datan del mismo año en que apareció Pèl & Ploma, es decir 1899.
Por nuestra parte, podemos asegurar que Jorda se equivoca, ya que sabemos con toda seguridad que los empezó a hacer antes de 1899 por la razón que expongo a continuación. Daniel Ortiz, que firmaba sus escritos con el seudónimo Doys, tenía una sección diaria llamada "Chirigotas" en el periódico La Publicidad, en la que comentaba en tono sarcástico acontecimientos ciudadanos de diversa índole. En su escrito del ida 11 de julio de 1898 dice: "el pintor Ramón Casas lleva entre manos una obra que ha de llamar singularmente la atención el ida que la exponga al publico. La obra consiste en una colección de retratos de personas conocidas, hechas al carbón, con una soltura, un arte, y un savoir faire admirables. Ahora ya tendrá dibujados un centenar todos muy bien hechos, pero algunos sobresalientes por todos los conceptos..." A continuación enumera algunos de los que ha podido ver. La razón de que Doys dedicara su articulo a estos retratos de Casas era que precisamente aquellos días estaba siendo retratado por el artista.

[2]: Esta cervecería abierta en Barcelona, fundada por Romeu, Utrillo, Rusiñol y el mismo Casas, fue centro de reunión de los intelectuales y artistas modernistas y lugar donde se celebraron importantes actividades artísticas y culturales de vanguardia como exposiciones, conciertos, sesiones literarias, representaciones teatrales, etc. Allí Joan Maragall lee alguno de sus poemas, Isaac Albéniz y Enric Granados dan conciertos, actrices como Duse, Mariani y Réjanne cenaron en el establecimiento coincidiendo con actuaciones suyas en Barcelona, sin nombrar al importante número de artistas que asistían frecuentemente a sus tertulias y hacia en ciertas ocasiones exposiciones de sus obras. No hace falta decir que Els Quatre Gats debió de ser para Casas un buena cantera para conocer a personajes idóneos para sus retratos.

[3]: Al parecer, Casas hacia posar al retratado durante dos sesiones y a continuación, ya en ausencia del modelo, realizaba numerosos retoques hasta que daba por finalizado el retrato.

[4]: Revista excelente, a la altura de las mejores publicaciones modernistas europeas del momento, tenía como único responsable a Miquel Utrillo y al propio Casas. El primero verdadero promotor de la empresa, era el autor de la parte escrita y Casas, de las ilustraciones, buena parte de cuyos originales integraban el contenido de la exposición.

[5]: Testimonios contemporáneos afirman que de borrarles el rostro, a los personajes continuarían siendo instantáneamente identificados por todos aquellos que los conocieron. En las personas, tan reveladora es la cara como la ropa. La americana y los pantalones de cada cual tienen un caída única y personal.

[6]: Claudi Ametlla cuenta que Ramon Casas se definía a si mismo de este modo: " se hacer una ensalada. En segundo lugar, conduzco bien un automóvil. Finalmente, hay quien dice que dibujo y pinto de una manera aceptable". Cuando, enfermo, ya no pudo hacer ninguna de estas tres cosas, no le dolió abandonar el mundo, pese a tener solamente sesenta y cinco años. Dijo a los suyos "No lloréis por mí. Tal vez haya vivido poco, pero he vivido muy bien, como nunca viviréis vosotros..."

[7]: Reacción que se produjo cuando, en 1890, Santiago Rusiñol y el propio Casas, junto con el escultor Clarasó, expusieron en la mencionada Sala Parés las pinturas que los dos primeros acababan de realizar en París.

[8]: Conjunto de obras que engrosaron la primera exposición individual de Ramón Casas, que en aquel momento tenía 32 años. Inaugurada, en los últimos días de octubre de 1899, en la Sala Pares -entonces la única galería de arte existente en la Ciudad. El solo hecho de que se celebrara una exposición individual de un artista vivo era ya un acontecimiento insólito en la Barcelona de entonces, ya que este tipo de eventos se solían celebrar a titulo póstumo.


Índice bibliográfico

- FAERNA GARCÍA-BERMEJO, J.M.: Isidre Nonell. Los Impresionistas y su época. Ediciones Polígrafa, Barcelona, 1996.

- MENDOZA, Cristina.: Ramón Casas retratos al carbón. Editorial AUSA, Barcelona, 1995.

- MOLINA CAMPOS, Enrique.: Retratos de Ramon Casas, ediciones Polígrafa, Barcelona, 1997.


Índice iconográfico

Ramón Casas i Carbó, pintor (Barcelona 1866-1932)
1908, carbón realzado al pastel, 55X42 cm.

Maestranza de Sevilla
1887, óleo sobre tabla, 52X32 cm.

Catalineta
1898, óleo sobre lienzo, 127X166 cm.

Joaquim Mir i Trinxet, pintor (Barcelona 1873-1940)
Hacia 1901, carbón y pastel, 42X40 cm.

Eduardo Chicharro Aguera, pintor (Madrid 1873-1949)
Hacia 1904-5, carbón y pastel, 63X48 cm.

Rafael Martínez Padilla, pintor (Málaga 1878-Barcelona 1961)
Hacia 1904-8, carbón, 57'5X45'5 cm.

Ricard Opisso i Sala, dibujante (Tarragona 1880- Barcelona 1966)
Hacia 1920, carbón, 51'7X42'7 cm.

Ramón Pichot i Gironés, pintor Barcelona 1870- París 1925)
Hacia 1897-99, carbón, pastel y acuarela, 64X30 cm.

Alexandre de Riquer i Anglada, pintor, dibujante, escritor y decorador (Calaf 1856- Palma de Mallorca 1920)
Hacia 1903-06, carbón con toques de pastel, 62'8X48 cm.

Josep M. Sert, pintor (Barcelona 1874-1945)
Hacia 1904, carbón realzado al pastel, 62'3X47'7 cm.

Josefa Teixidor i Torres, pintora (Barcelona 1875-1914)
1910, carbón con toques de pastel, 60'6X48'1 cm.

Isidre Nonell i Monturiol, pintor (Barcelona 1873-1911)
Hacia 1897-99, carbón y fondo pulverizado, 64X30 cm.

 
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