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Recorrido
histórico por el Palacio de la Aduana de Málaga
Susana
Hermoso-Espinosa García
10/10/2004
Como
todo edificio histórico, el Palacio de la Aduana ha ido pasando
por infinidad de situaciones. Fue
concebido como aduana, pero a lo largo de su historia ha desempeñado
casi todas las tareas que se refieren al estado, y desempeñando
por muy poco tiempo el trabajo para lo que fue diseñado.
Vamos
a tratar de describir, en la medida de lo posible, todas las fases por
la que ha ido pasando, quien fue su arquitecto, por qué se construyó,
su situación espacial y su descripción, en definitiva,
todo lo que podría denominarse "la vida de la Aduana"
hasta nuestros días.
La
Aduana está situada justo delante del la Alcazaba, en la salida
de calle Císter, frente a la cual tiene su entrada principal.
Esto siempre fue así, a excepción de, como su propio nombre
indica, cuando estaba junto al mar, y no detrás del parque como
sucede en la actualidad. Hacia la cortina del muelle, posee otra entrada
por la que ahora se accede a la sala habilitada para exponer una pequeña
muestra de la colección del Museo de Bellas Artes de Málaga.
La
realización de esta obra es consecuencia del decreto de libre
comercio, que va a permitir al puerto de Málaga comerciar con
América. En un principio su cuota de mercado era bastante reducida,
pero posibilita un mayor desarrollo de la economía de Málaga.
Su
construcción supone la introducción en Málaga de
la estética clasicista. Podría describirse como un enorme
bloque de arquitectura maciza que nos recuerda un poco a Sabatini y
que es ejemplo del arte oficial que se dio en el reinado de Carlos III.
Este
edificio fue trazado por Manuel Martín Rodríguez (1740-1823),
sobrino y discípulo de Ventura Rodríguez. Martín
Rodríguez, alcanzó puestos importantes y fue un arquitecto
distinguido, no se caracterizó por su neoclasicismo, sino por
un academicismo templado, muy afín a la línea que siguió
su tío y maestro, el mencionado Ventura Rodríguez. Por
entonces, Manuel Martín, era director de la Real Academia de
Bellas Artes de San Fernando. En Madrid construyó la Academia
de Jurisprudencia, la Real Academia Española, y se le atribuye
la fachada del Museo Romántico.

La
Aduana de Málaga la proyectó en 1787, después de
que fuese aprobado el proyecto por Carlos III. Pero no fue Manuel Martín
quien dirigió su construcción. La obra se inició
en el año de 1791 bajo la dirección de Miguel del Castillo,
arquitecto de San Fernando, e Ildefonso Valcárcel,quienes realizaron
los planos de la fachada principal y de la sección en el año
1794. Este encargo también se le otorgó a Pedro Ortega
Monroy, administrador general de aduanas, de las costas de Granada.
Su
estilo es del gusto de los palacios italianos del siglo XVII. En la
fachada utilizó elementos renacentistas como el almohadillado
y la alternancia de frontones triangulares y curvos en las ventanas
del piso principal. Las fachadas están compuestas por un cuerpo
central y dos laterales levemente resaltados. Se trata de un edificio
exento, que posee cuatro cuerpos: el primero, la planta baja, descansa
sobre un zócalo de jaspón, es todo de cantería,
almohadillado con varios resaltos sencillos, siendo también de
piedra las cornisas, las pilastras, los cuadrantes y todo lo que compone
esta planta, y de ladrillo el resto de los muros. Posee dos portadas
con sendos arcos de medio punto y tímpano cerrado de rejería,
cincuenta huecos de ventanas con leves resaltes, y huecos de los flancos
con frontones triangulares. El segundo y el tercero, la planta primera
y segunda, sus muros están realizados con ladrillos. Tienen cincuenta
y dos ventanas cada una, con cornisas y los laterales con frontones
curvos, el la primera planta, y ventanas molduradas en la segunda. El
ático posee pequeños huecos de ventana, rectangulares.
Al
interior se accede a través de dos puertas principales, una situada
al sur y otra al oeste, por la que se pasa a un enorme zaguán
compuesto por pilares de cantería y doce arcos con bóvedas
baídas, en los laterales del zaguán nos encontramos con
unas escaleras de mármol. Posee cuatro crujías entorno
a un patio central porticado en sus dos primeros pisos, retranqueándose
en el tercero para dar cabida a una galería abierta con antepecho
en forma de balaustrada calada, que de tramo en tramo tiene muretes
cúbicos rematados por bustos romanos. Sobre este piso se disponía
el ático con ventanas cuadradas y un tejado en doble vertiente.
En el centro del patio se sitúa una fuente, rodeada de un claustro
con veinte arcos.
La
puerta meridional o principal, sobre la que había un balcón
coronado por un escudo real y dos ángeles trompeteros o famas,
también posee un enorme zaguán, pero carece de escalinatas.
En
1791, se colocó la primera piedra. En el centro de un sillar
de piedra, sobre el que estriban las pilastras que van formando el primer
ángulo de la izquierda, en el patio principal, entrando por la
puerta de la calle del Císter, se colocó una caja de plomo
en la que se depositaron cuatro monedas que donó el Conde de
Llerena para la ocasión. En el texto fundacional que se imprimió
en esa primera piedra, se lee:
'Reinando la
Magestad del Señor rey Don Carlos III, se aprobó la
construcción de este magnífico edificio en el año
1791, siendo expedidas las órdenes para todo por el Excmo.
Señor Conde de Llerena, del Consejo de S.M., Secretario del
Despacho Universal de Hacienda de España y de Indias, Superintendente
General de Rentas, Caballero de la Orden de Santiago y Regidor Perpetuo
de la ciudad de Cuenca, quien facilitó con S.M., sin desfalco
alguno del Real Erario, la construcción de esta Real aduana,
que fabricó con arreglo a los planos de la Real Academia
de San Fernando, valuando su costo en 1.000.000 de pesos, ejecutándose
todo bajo la dirección del administrador de rentas, Don Pedro
Ortega Monroy, Intendente de Provincia, Caballero de la real y Distinguida
Orden de Carlos III, Regidor Perpetuo de esta ciudad y el más
reverente vasallo del rey, nuestro señor. Málaga,
20 de octubre de 1791.'
Este
magno edificio ha sido descrito por Navascúes Palacios como:
"una de las obras más significativas de la segunda mitad
del siglo XVIII, donde Manuel Martín Rodríguez supo imprimir
un sereno carácter como arquitectura oficial que era, a lo que
contribuye grandemente la presencia del recio almohadillado en la planta
baja, esquinales y cadenetas. En la planta noble y sobre los huecos
aparece la característica alternancia de frontones curvos y triangulares,
que fue frecuente en la arquitectura civil de los Rodríguez"
En
1810, se suspendió la construcción del edificio, que fue
saqueado, durante la ocupación de Málaga por los franceses,
quienes deterioraron enormemente el edificio, llevándose los
clavos, las maderas y los elementos almacenados para la finalización
de la obra. Se retomó su construcción reparando dichos
daños y terminando el edificio. Esta tarea la realizó
el arquitecto Pedro Nolasco Ventura quien modificó los planos
primitivos, y lo concluyó en 1829.
En
el siglo XIX, el Palacio de la Aduana fue destinado a Real Fábrica
de Tabacos, un incendio destruyó los tejados, por lo que se sustituyeron
por las actuales terrazas.
En
el siglo XX ha ido pasando por distintas instituciones, fue sede de
Gobernación durante la época franquista. Más tarde
se dispuso una delegación de la Policía Nacional. En este
momento, comparten sede, la mencionada Policía Nacional, la subdelegación
del Gobierno y, tras el traslado del Museo de Bellas Artes, antes situado
en el Palacio de Bellavista, actual sede del Museo Picasso, los almacenes
del Museo de Bellas Artes y prontamente el propio Museo de Bellas Artes.
Bibliografía
- - LLAGUNO Y
ALMIROLA, Eugenio, Noticias de los arquitectos y arquitectura de
España desde su restauración. Madrid, Turner, 1977.
vol.IV pág. 335.
- - Archivo Histórico
Municipal de Málaga, actas capitulares, año 1790.
- - MANDOZ, Pascual,
Diccionario geográfico-estadístico-histórico
de España y sus posesiones de Ultramar. Madrid, 1948.t.XI,
pág. 69.
- - NAVASCUES
PALACIOS, Pedro, "Ventura Rodríguez entre el barroco
y el neoclasicismo", en el arquitecto Don Ventura Rodríguez
(1717-1785). Catálogo de la Exposición de su obra
en el Museo Municipal de Madrid, noviembre 1983, pág. 130.
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