|
Guernica
de Pablo Picasso
Marc
Montijano Cañellas
10/10/2004
Nombre:
Guernica
Autor: Pablo Ruiz Picasso
Fecha: 1937
Técnica: Óleo sobre lienzo
Medidas: 349,3 x 776,6 cm.
Ubicación: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía,
Madrid
A lo largo de este breve estudio, no pretendemos aportar ningún
dato nuevo sobre una de las obras más importantes y conocidas
del recién extinto siglo XX, y mucho menos, diremos algo que
no se haya mencionado anteriormente, y seguramente con mucho más
acierto, sobre su genial autor. Nuestras pretensiones son otras, están
mucho más ligadas al goce, al disfrute del espectador con la
obra de arte. Se ha derramado mucha tinta en vano, intentando descifrar
lo más absurdo y anecdótico de esta obra, como de tantas
otras. Especulaciones tales como qué significa el caballo o el
toro, en las que nos detendremos en su justa medida un poco más
a delante, han sido en ocasiones el eje fundamental de muchos escritos.
Muy mala tiene que ser una obra para que requiera de una comentario
de esta índole previo a su apreciación y este no es el
caso de Guernica de Picasso, aunque sí, porqué no decirlo,
de otras muchas obras del arte del siglo XX que ha seguido erróneamente
la senda abierta por Picasso.
Guernica
es una metáfora inigualable del horror producido por el hombre,
que no requiere mayor explicación que su contemplación.
No por ello queremos insinuar que no sea necesario un correcto análisis,
pues de ello nos ocupamos en estas líneas. Sin más datos,
que los extraídos visualmente ante este grandioso, a la vez que
grandísimo lienzo, el espectador percibe lo principal, pero no
puede pasar de aquí, su conocimiento se queda en la superficie
y el disfrute por lo tanto se reduce notablemente.
Para
contemplar el Guernica en su plenitud, es fundamental conocer bien el
marco histórico y cultural en el que se inserta. Aunque esta
idea no puede cegarnos y mucho menos debemos dejarnos engañar
por la más simplista de todas las interpretaciones, la que se
fundamenta en la temática. Pues una obra de arte, en este caso
un pintura, es considerada buena por el modo en que está resuelta,
es decir, por el grado de maestría con que ha sido pintada. El
tema es secundario y en muchos casos, no pasará de ser un mero
pretexto, para que el pintor desarrolle su creatividad. Por tanto, debe
quedar claro que no es posible tomar el tema como base de todo significado
artístico, haciéndolo así solo podremos entender
las obras cuyo tema esté dentro de nuestro bagaje cultural, lo
cual es tristemente restrictivo. Basta para demostrar estas palabras
un simple ejemplo: tal vez, una de las obras más conocidas del
arte occidental sea La Cena, de Leonardo da Vinci, trabajo que fue realizado
por el genial pintor renacentista entre 1495 y 1497. La interpretación
de esta obra parece única, pero no es así. Prescindiendo
de todos los conocimientos sobre la religión católica,
con una mirada limpia, se puede llegar a la conclusión que Leonardo
ha pintado a un grupo de hippies o vagabundos, con melenas y barbas,
que sentados en una larga mesa ya han terminado de comer y, por lo visto,
deben haber bebido demasiado porque están discutiendo entre ellos,
como se aprecia en sus gestos y muecas. Tal vez, el origen de esta pequeña
trifulca resida en que no se ponen de acuerdo en quien va a pagar la
comida, o tal vez, y esto parece aún más acertado, el
personaje central acaba de anunciar que uno de los presentes no a puesto
su parte del dinero, lo que naturalmente ha originado el estupor general
y ha creado un clima un tanto incómodo.
Todo
el mundo quiere comprender la pintura. ¿Por qué
no intentan comprender el canto de los pájaros? ¿Por
qué a la gente le gusta una noche, un flor, todas las cosas
que rodean al hombre sin tratar de comprenderlas? En el caso de
la pintura, en cambio, se quiere comprender. Que comprendan sobre
todo que el artista obra por necesidad (...) Quienes intentan
interpretar un cuadro, casi siempre se equivocan.
Pablo
Picasso, 1935.
Sin
más dilaciones, hecha esta breve introducción, vamos a
adentrarnos en el universo de Picasso. La obra objeto de nuestro estudio,
Guernica, fue pintada por Pablo Ruiz Picasso (1881-1973), en 1937. El
título de esta obra alude a un episodio concreto de la Guerra
Civil española: el bombardeo de la población vasca de
Guernica, que tuvo lugar el 26 de abril de 1937. Cuarenta y tres bombarderos
y cazas alemanes de la Legión Cóndor y algunos italianos,
al servicio de los nacionales, arrasan la ciudad vasca de Guernica.
En este momento, España estaba inmersa en la Guerra Civil, iniciada
un año antes, el 18 de julio de 1936, cuando las tropas nacionales
se sublevaron contra el gobierno republicano. Mientras tanto, Europa,
a grandes rasgos, tras haber sufrido las consecuencias de la depresión
económica mundial y dividida por el fascismo, se preparaba para
el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Se
ha especulado mucho sobre si Guernica fue o no, un cuadro encargado
por el Gobierno republicano a Picasso. Está claro que Guernica
es fruto de un encargo, pero es necesario aclarar varios puntos al respecto
que han inducido varias veces a error. En 1937 se celebra en París
la Exposición Universal, para los republicanos era vital que
el Gobierno español estuviera bien representado, de modo que
le piden a Picasso que haga algo para el pabellón español,
un pabellón que tenía, evidentemente, un marcado carácter
propagandístico
de la república [Nota
1]. Picasso se comprometió a pintar una gran obra
para este cometido, una pintura que ocupara una pared entera del pabellón
español, pero en ningún momento se comprometió
a pintar Guernica, entre otras cosas porque el bombardeo sobre la citada
ciudad vasca no se había producido todavía.
Sin
embargo, el artista español sufrió una parálisis
creativa que le impidió llevar a cabo dicho encargo durante unos
meses. Las causas pudieron ser varias, en primer lugar, el marcado carácter
propagandístico que le exigían para la obra, le maniataba
mucho; por otro lado, estaba atravesando una crisis sentimental bastante
profunda. Hay que recordar que en este momento, que se conozca, Picasso
estaba casado con su primera mujer Olga Koklova, vivía con Marie-Thérése
Walter con la que tenía una hija y, desde 1936, Dora Maar era
su amante oficial [Nota 2].
Pablo
Picasso salió de su aparente atolladero creativo y vital el 26
de abril de 1937. Por fin encontró el tema que estaba buscando,
el atroz bombardeo le permitiría materializar perfectamente ese
encargo del Gobierno republicano. Esta idea es importante, Picasso inmortalizó
con esta obra el nombre de Guernica, simplemente porque su destrucción
le inspiró ese enorme, a la par que genial, cartel propagandístico
en contra del fascismo. Picasso era consciente que esta obra debía
ser contemplada no sólo por entendidosdel arte, sino, y principalmente,
por todo tipo de personas que visitaran el pabellón español.
Por tanto, el mensaje debía ser perfectamente claro, y que mejor
modo para ello, que partir para la creación de una masacre de
resonancia internacional como la de Guernica. No queremos insinuar con
esto, que Picasso no sintiera una gran repulsión por lo acontecido,
ya que la rabia y la indignación del artista queda visiblemente
palpables sobre el lienzo objeto de nuestro estudio, pero es igualmente
evidente, que este fatal hecho se amoldaba a la perfección al
encargo que había recibido.
Fue
un episodio gratuitamente cruento, no había razones aparentes
que justificaran el ataque de una pequeña ciudad como aquella,
sin especial valor militar, poblada entonces casi exclusivamente por
mujeres, niños y ancianos, ya que los hombres se encontraban
en el frente. El bombardeo de esta ciudad vasca duró tres horas
y cuarto, desde las cuatro y media de la tarde hasta las ocho menos
cuarto. Durante las cuales, una poderosa flota de aviones consistente
en tres modelos alemanes, bombarderos Junkers y Heinkel
y cazas Heinkel, no cesó de descargar sobre la ciudad bombas
de quinientos kilos, a demás de un número de proyectiles
incendiarios de aluminio, que se ha calculado en más de mil.
Mientras tanto, como relató un corresponsal del Times de Londres
llamado Steer, los cazas volaban rasantes ametrallando a las personas
que huían de la ciudad para refugiarse en el campo. Toda Guernica
quedo inmediatamente en llamas y cualquier rastro de vida, tanto humano
como animal, fue aniquilado brutalmente. Pero estos hechos que ahora
narramos y que se encuentran perfectamente documentos, no siempre fueron
contados así. Confirmando una vez más aquella sentencia
de Esquilo que dice La primera baja en la guerra es la verdad, se acusó
durante mucho tiempo desde el bando nacional, y posteriormente con el
franquismo, de haber sido los propios vascos los que incendiaron su
ciudad con latas de gasolina. A pesar de las pruebas, de los testigos
internacionales y de las confesiones por parte de los alemanes (juicio
de Nuremberg), en España se sostuvo durante años la tesis
de la autodestrucción.
El
primero de mayo de 1937 París vivió una fiesta del trabajo
marcada por el rechazo vehemente de la destrucción de Guernica
[Nota 3] y por una
fervorosa oposición al franquismo. Ese mismo día Picasso
encontró su tema y se pudo a trabajar en él de un modo
febril. Durante los siguientes diez días hizo numerosos bocetos
de lo que podría ser el cuadro en su conjunto, así como
de diversos elementos y personajes del mismo. El día 11 de mayo,
Picasso, comenzó a trabajar sobre el soporte definitivo. Se trataba,
como ya hemos apuntado, de una tela de 349 x 776 centímetros,
instalada en un taller especial que Dora Maar había buscado para
este propósito. Era tan inusualmente grande el tamaño
del cuadro que ocupaba por completo toda la altura de la pared, y aún
tenía que inclinarse un poco para que cupiese entre el suelo
y las vigas del techo. Esta circunstancia y el hecho de que estuviera
destinada a adherirse al muro del pabellón de la República
Española forzaron al artista a ejecutarlo con un material que
ofreciera una superficie sin brillos, por eso eligió una pintura
vinílica Ripolin mate, de tipo industrial. El cuadro, que lo
concluyó el 4 de junio de 1937, está pintado en blanco
y negro, con una variadísima gama de grises y algunos toques
azulados casi imperceptibles.
Un
error muy común a la hora de enfrentarse al análisis de
una obra de arte, es confundir la interpretación del arte con
especulaciones acerca de la psicología del artista, y describir
la obra como un retrato de los deseos y conflictos privados de su autor.
Focalizando generalmente todas esas especulaciones, diríamos
mejor, invenciones, en aspectos sexuales, cuanto más truculentos
y enfermizos mejor. Ya que la vida sentimental de Picasso, de sobra
conocida, fue de gran actividad y por ello muy propicia a este tipo
de inventiva, hemos creído oportuno hacer esta advertencia. Por
otra parte, la otra versión de este disparate historiográfico,
tanto o más común que el anterior, consiste en dar a la
vida privada del artista, a través de los amigos, conocidos y
familiares que aparecen en sus obras, un valor desorbitado. Valor que
eclipsa cualquier otro tipo de análisis, que tampoco estamos
indicando que deba ser meramente formalista, y que convierte a la obra
en cuestión, en un culebrón de media tarde. Picassso,
como cualquier artista, pinta lo que tiene a mano, sea un hijo suyo,
su mujer, su amante, su perro o una pera. Pero esta elección,
por mucho que le pese a los románticos del arte, no pasan de
ser un mero vehículo, un pretexto para la creación.
La
composición está distribuida a modo de tríptico,
ocupando un caballo agonizante el panel central. En total el cuadro
reproduce seis seres humanos y tres animales. Picasso encuadra los grupos
en dispositivos triangulares, de los cuales, el más importante
es el central. En la parte superior de este triángulo, un poco
desplazada a la izquierda, aparece una especie de tulipa en perspectiva
en cuyo centro, Picasso situó una bombilla eléctrica.
La base del triángulo central está señalada por
el cuerpo caído del guerrero muerto, un cuerpo desmembrado, descuartizado,
que se convierte en un símbolo visual de la matanza. El brazo
de la derecha, que acaba también sosteniendo una flor, agarra
la empuñadura de una espada rota, mientras el otro brazo acaba
en una mano fuerte y callosa, con poderosos surcos cruzados. Entre esas
líneas puede reconocerse el dibujo de una estrella de cinco puntas.
Esa flor, que puede ser interpretada como una pequeña luz de
esperanza dentro un panorama tan visiblemente descorazonador, también,
por el contrario, puede que no signifique nada especial. Siendo una
reminiscencia, un resto, de la primitiva escena desarrollada en el exterior,
en la que la flor brotaba al lado de una cabeza femenina yacente.
La
cabeza del guerrero fue redondeada, como si fuera un canto rodado. Cabezas
cortadas ha habido muchas en la historia del arte, pertenecientes casi
siempre a mártires inocentes, pero no suelen tener los ojos desmesuradamente
abiertos como ocurre aquí. Observemos que la forma de este elemento
no es casual: las órbitas oculares del toro y del guerrero, pertenecientes
a entes masculinos, son óvalos con los extremos apuntados; los
de las mujeres de ambos laterales con forma de lágrima, pertenecen
a otro grupo, que es el preferido por Picasso para expresar el extremado
sufrimiento femenino; los ojos de las dos hembras restantes y los de
la yegua están constituidos por un círculo con un punto
central, representan más bien una dolorida sorpresa.
La
mujer que entra en la escena por la derecha tiene el trasero al descubierto,
existe una divertida anécdota entorno a esta figura, que nos
ayudará un poco más a advertir, que los discursos grandilocuentes
entorno a una obra de arte parten de críticos e historiadores,
pero pocas veces del propio autor. El significado de la figura nos lo
proporciona un curioso testimonio aportado por Henry Moore, contando
una visita al taller donde se pintaba esta obra maestra: Todavía
faltaba bastante para que Guernica estuviese terminado (...) ¿Recuerda
a la mujer que llega corriendo desde la cabina de la derecha con una
mano levantada delante de ella? Bien, Picasso nos dijo que allí
faltaba algo, se marchó, cogió un rollo de papel y lo
pegó en la mano de la mujer, como para decir que había
sido sorprendida en el cuarto de baño cuando cayeron las bombas.
Así era él. Por supuesto estaba tremendamente conmovido
por España y sin embargo podía tratarlo como una broma.
Sobre
esta curiosa figura se sitúa la mujer que entra por la ventana
sosteniendo con su brazo una lámpara, una figura que irrumpe
en la estancia por la ventana, de un modo surrealista, mirando la escena
horrorizada e iluminando la estancia con su quinqué. Según
algunos autores, podría tratarse de una especie de alegoría
fantasmagórica de la república española, según
nuestra opinión, no se trataría de ninguna alegoría,
sino más bien de una simplificación de una figura que
huye horrorizada del bombardeo, con un semblante descompuesto, con una
mirada ausente, casi en estado de shock. A su derecha, se sitúa
la mujer que cae envuelta en llamas, con los brazos en alto. Las mujeres,
hacen de Guernica la imagen de una humanidad inocente e indefensa convertida
en víctima.
La
madre con el niño muerto, fue un asunto muy mimado por el pintor,
que realizó numerosísimas variaciones en dibujos preparatorios.
El común denominador de todos estos trabajos es el rostro desgarrado
de la mujer que llora, superando mucho en su patetismo a las tradicionales
imágenes españolas de la Virgen Dolorosa. Junto a los
ojos, el otro componente esencial para la expresión del dolor,
es la boca desmesuradamente abierta, de la que sobresale una lengua
afilada. Una lengua como la de la yegua, una imagen extrema que nos
trasporta, inevitablemente, a los caballos destripados por el asta de
un toro, de esas corridas a las que tanto le gustaba asistir a Picasso.
Deudoras, por otra parte, de esas tardes de finales del XIX, en las
que acudía junto a su padre, José Ruiz Blasco, a la Malagueta,
la plaza de toros de Málaga. Se ha hablado poco de la importancia
que tuvo en Picasso su padre, y sobre todo la importancia que tuvo para
Picasso el haber nacido en un hogar de artistas, un olvido un tanto
injusto.
En la
pintura mural en la que estoy trabajando, y que titularé
Guernica, y en todas mis últimas obras expreso claramente
mi repulsión hacia la casta militar, que ha sumido a España
en un océano de dolor y muerte.
Pablo
Picasso, 1937.
Una
vez realizado este pequeño recorrido por los aspectos más
generales de la interpretación, debemos ahora adentrarnos en
un estadio más. Sirviéndonos de las fotografias de Dora
Maar, se puede reproducir el proceso creativo de esta magnifica obra,
llegando a interpretaciones muy distintas a la que se puede hacer partiendo
del trabajo definitivo. Corroborando la idea que cada uno de los elementos
que lo componen no forman un equilibrio complejo e indisoluble, sino
que han sido el fruto de numerosos retoques y correcciones, lógicos,
por otra parte, dentro de cualquier proceso creativo. Por tanto, no
pueden ser analizados como si se tratara de verdades absolutas, ya que
ningún elemento que conforma Guernica significa nada extraído
del conjunto.
Lo
primero que nos llama la atención al contrastar el trabajo definitivo
con las fotografías tomadas durante el proceso de la obra, es
la ubicación espacial de la escena. Guernica, la obra definitiva,
se desarrolla en un interior, iluminado principalmente por la luz artificial,
pudiendo ser perfectamente una escena nocturna. En origen, la escena
era en el exterior, en plena calle, con un hermoso y esférico
sol, como ocurrió realmente la tarde del bombardeo. La figura
femenina fantasmagórica que parece entrar por una ventana, realmente
está saliendo por una ventana de su hogar, candil en mano, una
casa en llamas situada al fondo a la derecha.
El
caballo, o yegua, y el toro, también han experimentado notables
transformaciones. La yegua no aparece con esa expresión de dolor,
que anteriormente hemos analizando, como si la acabaran de atravesar
con una lanza; en un principio, se recogía agonizante sobre si
misma, torturada por el dolor, efecto de una herida previa que le estaba
consumiendo la vida. El toro, también a sufrido varias modificaciones
a lo largo del proceso, la más seria afectó a su ubicación,
pues en un principio estaba dispuesto con el cuerpo en la dirección
contraria, sobrepasando el extremo de su rabo el candil que aparece
en el centro de la composición.
Con
estas dos figuras han surgido muchos problemas interpretativos. Algunos
autores, consideran al toro la alegoría de la muerte, que vuelve
la cabeza sin importarle el dolor. Por el contrario, otros textos lo
consideran el tótem peninsular, una imagen heroica del pueblo
español. En correlación, también se interpreta
el caballo como alegoría del bien o del mal, así algunos
lo consideran la imagen de la España fascista, que pisotea al
guerrero, mientras otros ven en esta figura animal la imagen del dolor
y la agonía del indefenso pueblo español. Picasso ha dado
la razón a todos, permitió a Jerome Seckler que en su
nombre dijera que el caballo representaba al pueblo español y
el toro la brutalidad, pero en otra ocasión, sin embargo, ante
la pregunta de si el caballo representaba al franquismo, respondió
que había que ser ciego, tonto o crítico para no verlo.
Las interpretaciones son todas válidas y ninguna realmente verdadera,
cada espectador puede sacar sus propias conclusiones. Para nosotros,
el caballo es, visiblemente, un ser que sufre, como las mujeres de esta
obra, es una consecuencia de la barbarie, del bombardeo, de una masacre
en la que murieron personas y animales, es una víctima. El toro
sin embargo, posee una lectura algo más compleja. En la composición
primitiva, contrarresta el peso de la casa en llamas, es un elemento
dentro de la composición muy importante, ya que la equilibra.
Posteriormente pierde parte de esta función, aunque sigue siendo
importante estructuralmente. Su lectura, pasa por la más simple
y evidente, representa a un toro, un animal típico y emblemático
de España, un reclamo que servirá a los espectadores del
Pabellón Español para situar rápidamente esa masacre
en nuestro país. De todos modos, en un cuadro tan meditadamente
propagandístico de la situación de España, y que
además había sido encargado a Picasso -el artista español
más conocido del momento-, tenia que surgir, inevitablemente,
por algún sitio este mito ibérico, que por otra parte,
tanto iba con la imagen pública que el pintor daba de si mismo.
El
guerrero es otro de los elementos que ha sufrido mayor número
de modificaciones, en un principio se encontraba, sin desmembrar, con
los pies en dirección a la izquierda, y con un puño alzado,
puño que recogerá posteriormente un manojo de espigas
enmarcadas por ese radiante sol, cuya simbología es fácil
de discernir, y cuyo espacio posteriormente, ocuparía la cabeza
de la yegua, el hecho que apareciera completo, sin descuartizar, desmonta
muchas de las teorías que afirman que se trata de una escultura
despedazada. Detenemos aquí este análisis descriptivo,
para no hacer tan pesada esta lectura, y remitimos, para quien este
interesado en profundizar en el estudio de esta obra, a la bibliografía
que aportamos al final del documento.
Siempre
se ha dicho que Guernica es como un grito en la pared, un
enorme cartel que nos pega un fuerte bofetón. No resulta difícil
encontrar, entre el gran número de visitantes del Reina Sofia
que se amontonan alrededor de Guernica, a alguno un tanto emocionado
mientras contempla esta obra. Gran culpa de este éxito comunicativo
se lo debe a que fue creado recurriendo al lenguaje cubista, que era
el más radical de los varios modos de expresión utilizados
por este artista tan versátil, vivificado por las deformaciones
de las poéticas surrealistas. De ningún otro modo, habría
podido condensar tanto en tan poco, esa es la magia del arte del siglo
XX. No representa tan sólo el bombardeo de Guernica, sobrepasa
esas circunstancias, presenta la tragedia de la guerra, el desafortunado
devenir del ser humano. La información sobre hechos concretos
es prácticamente inexistente, pero la intensidad del horror y
la violencia se respiran al primer golpe de vista, es un cuadro muy
perturbador, donde todos son víctimas, tanto hombres como animales.
Picasso denuncia la primera gran masacre de civiles de la época
contemporánea, un triste precedente que tendrá sonoros
imitadores, pocos años después, en la Segunda Guerra Mundial,
y que llega hasta nuestros días en pleno vigor.
Tras
la clausura del Pabellón, Guernica se expuso en Noruega e Inglaterra
antes de llegar a Nueva York. A fines de 1939, formó parte de
la gran exposición Picasso: forty Years of his Art en el MOMA,
concretamente desde el 15 de noviembre de 1939 hasta el 7 de enero de
1940. La derrota de la República española, a quien el
artista había donado el cuadro, lo mantuvo en préstamo
hasta que pudo volver a España, en 1981 [Nota
4], certificando el final de la época que lo vio nacer.
Nota
1: La asociación
entre Picasso y la república no es nueva, el gobierno republicano
buscó desde el principio de la guerra la colaboración
y el apoyo moral del artista español más conocido internacionalmente.
Picasso, de hecho, fue nombrado director del Museo del Prado por el
Gobierno republicano en septiembre de 1936, aunque nunca llegó
a tomar posesión efectiva de este cargo, por el devenir del conflicto.
También conviene recordar, que la Guerra Civil española
era considerada como una manifestación del belicismo y la agresividad
fascista y nacionalsocialista, a los que, por parte de la izquierda
intelectual y política, se oponía una ideología
pacifista y social. Guernica no era sólo un testimonio del bombardeo,
ni siquiera de la Guerra Civil española, era también un
alegato contra la guerra, contra la barbarie y todos los desastres que
conlleva la sinrazón. Por otra parte, siguiendo con el tema político,
indisoluble a esta obra, Picasso es el maestro indiscutible de todo
lo que Hitler teme del arte moderno, él es el creador de lo que
los nazis llaman el arte degenerado (kunstbolchevismus).
A modo de anécdota, se cuenta que un día la Gestapo fue
a indagar en la casa de Picasso. Durante este registro un oficial nazi,
al ver sobre la mesa una foto del Guernica, le preguntó al artista
español: ha sido usted quien ha hecho esto? ¡No,
ustedes!, respondió Picasso.
Nota
2: Precisamente
Dora Maar, una inteligente fotógrafa de izquierdas, a la que
le debemos una interesantísima serie de fotografías, que
nos permiten seguir minuciosamente el proceso creativo de Guernica,
le encontró a Picasso el lugar idóneo para realizar este
proyecto, una hermosa casa del siglo XVII en el número 7 de la
rue des Grands-Agustins, en pleno corazón de París.
Nota
3: RAMIREZ,
Juan Antonio.: Guernica. La Historia y el mito, en proceso. Electa,
Madrid, 1999. pp.38-41.
Nota
4: Exactamente
el 10 de septiembre de 1981, se instala en el Museo del Prado de Madrid,
hasta que en 1992 se traslada definitivamente al Museo de Arte Reina
Sofía.
Bibliografía
- - ALIX, J.:
Guernica, historia de un cuadro, Poesía, nº 39-40, 1933.
- - ANÓNIMO.:
Guernica, Cahiers dArt, nº 4-5, 1937.
- - ARHEIM, R.
(1962): El Guernica de Picasso. Génesis de una pintura, Barcelona,
Gustavo Gili, 1976.
- - BLUNT, A.:
Picassos Guernica, Oxford University Press, Londres, 1969.
- - CALVO SERRALLER.:
Pablo Picasso. El Guernica, Alianza, Madrid, 1981.
- - CHIPP, H.
B.: Picassoss Guernica. History, Transformations, Meanings,
Thames and Hudson, Londres, 1988.
- - DARR, W.:
Images of Eros and Thanatos in Picassos Guernica, Art Journal,
Vol. XXV, veranos de 1966.
- - DE LA PUENTE,
J.: El Guernica. Historia de un cuadro, Silex, Madrid, 1990.
- - FERNÁNDEZ
GRANELL, E.: Picassos Guernica. The end of Spanish Era. UMI/
Ann Arbor, Michigan, 1967.
- - FERRIER, J.L.:
De Guernica à Picasso, Généalogie dun tableau,
Denoël, París, 1985.
- - GERVERAU,
L.: Autopsie dun tableau: Guernica, París-Mediterraneé,
París, 1996.
- - LARREA, J.:
Guernica, Pablo Picasso, Cuadernos para el Diálogo, Madrid,
1977.
- - Legado Picasso.
Guernica, Ministerio de Cultura, Madrid, 1981.
- - MARIN, J.:
Guernica ou le rapt des Ménines, La Lagune, París, 1994.
- - OPPLER, E.
C.: Picassos Guernica, Noroton Critical Studies in Art History,
Nueva York/Londres, 1988.
- - ORIOL ANGUERA,
A.: Guernica al desnudo, Polígrafa, Barcelona, 1972.
- - ORTEGA, J.:
Guernica y unos apuntes de Picasso escritor, Cuadernos
Hispanoamericanos, nº 246, abril 1979, pp. 18-171.
- - PALAU I FABRE,
J.: El Gernika de Picasso, Blume, Barcelona, 1979.
- - PROWELLER,
W.: Picassos Guernica: A Study in Visual Metaphor ,Art
Joural, Vol. XXX, nº 3, primavera, 1971, pp. 240-248.
- - RAMIREZ, Juan
Antonio.: Guernica. La Historia y el mito, en proceso. Electa, Madrid,
1999.
- - RUSSELL, F.
D.: El Guernica de Picasso. El laberinto de la narrativa
y de la imaginación visual, Editora Nacional, Madrid, 1981.
- - SEBASTIÁN,
S.: El Guernica y otras obras de Picasso: contextos iconográficos,
Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Murcia, Murcia,
1984.
|