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Se trata de una
propuestas para que tus vacaciones sean algo más que las habituales
sangrías, paellas y todas esas cosas a las que nos hemos ido
acostumbrando. Desde luego, no voy a criticar aquí el turismo
de sol y playa; sólo voy a intentar mostrar El itinerario que te proponemos podríamos denominarlo Francia Medieval, y durante seis días nos llevará a recorrer toda la variedad artístico-paisajística del sur de Francia, desde el valle del Dordogne al pintoresco Languedoc, en un ruta que nos descubrirá las bellezas ocultas de una gran ciudad como Toulouse o las singularidades de poblaciones como Cordes o St-Cirq-Lapopie. La fecha ideal para realizar este viaje es difícil de precisar. Desde luego, en primavera podréis disfrutar de la mejor temperatura y de la práctica ausencia de hordas de turistas, aunque, al ser localidades fuera de los circuitos habituales, corréis el riesgo de encontrar cerrados los principales servicios tan necesarios en ocasiones. Esto viene unido al problema de la diferencia de horarios de trabajo de algunos monumentos franceses, de forma que os encontraréis con una mayoría de monumentos que cierran a las 12:00 h. del mediodía y a las 18:00 h. por la tarde. Día 1: Burdeos.
El primer día de la ruta es el menos relacionado con el título
de nuestro viaje, pero es un excelente punto de partida para la ruta
que realizaremos l día siguiente. En este día llegaremos
desde nuestra localidad de origen hasta Burdeos (siempre es recomendable
realizar una pequeña parada en San Sebastián). Burdeos
Burdeos es, además de una ciudad excelente para una primera toma de contacto con el país galo, un sitio excelente para encontrar plazas hoteleras de calidad a precios verdaderamente asequibles. Nuestra recomendación para toda Francia (por supuesto, depende del tipo de viaje que desees) es la reserva en hoteles tipo IBIS, establecimientos funcionales, con una aceptable carta de servicios y cuyo atractivo principal radica en el más que aceptable precio de sus habitaciones. Día 2: Burdeos- Périgueux- Sarlat- Beynac La ruta por los monumentos medievales del sur de Francia comienza este día por el recorrido de la carretera que bordea el río Dordogne (dirección Bergerac). Los menos pacientes pueden coger la autopista dirección Périgueux, aunque no podrán disfrutar del paisaje de la región de viñedos que envuelve a Burdeos. Estas pequeñas plantaciones vitivinícolas están salpicadas de pequeños castillos y mansiones que por sí solos ya merecería la pena dedicarles un día entero para su visita. Éste es un problema que se repite en la zona, y es que la riqueza patrimonial que vamos a dejar de lado es tanto o más importante que la que vamos a visitar. Esta región soportaría, desde luego, varias otras rutas del tipo de la que estamos describiendo.
El itinerario de la autopista llega a Périgueux, donde
es imprescindible la visita a Sant-Front, basílica románica
característica de esta región de Auvernia, que tiene en
su sistema de Ambas carreteras confluyen en la siguiente parada de nuestro camino, Sarlat-la-Canéda. Esta localidad tiene varios monumentos reseñables, pero lo verdaderamente admirable en ella es la riqueza patrimonial de su casco histórico, donde destacan las construcciones en una piedra local que presenta un característico color melado. Estas construcciones nos muestran un entramado de madera y unas techumbres muy inclinadas, que le proporcionan ese singular aspecto evocador que se repite por toda la ciudad. La Catedral de St-Sacerdos se sitúa junto al espectacular cementerio visitable, donde destaca una curiosa construcción llamada 'linterna de los muertos', del siglo XII y que nos presenta una inusual cubierta cónica. Otro espacio que hay que visitar es 'La Boétie', edificio emblemático de la ciudad, así como la plaza del Ayuntamiento, a la que accederemos por intrincados callejones de indudable regusto medieval. Esta plaza es un filón para los amantes de la fotografía, aunque los amantes de la buena mesa tendrán que buscar otro sitio para tomar algo; un buen lugar está en el conjunto de restaurantes cercanos a la catedral. El plato más característico de la zona es el pato, cocinado de diversas maneras y que inunda las cartas de estos restaurantes. También es reseñable la gran tradición de postres de la población, tanto por su calidad como por su gran variedad. La región de Sarlat nos ofrece otros puntos de indudable interés, como la cercana y espectacular Beynac, acomodada a lo largo del río y sobre la montaña. También es interesante la visita a La Roque Gageac y a las cuevas de Lascaux, aunque en esta última tendréis que conformaros con admirar la reproducción de las pinturas situada al exerior, ya que el acceso a la cueva original (al igual que ocurre en Altamira) está estrictamente limitado. DÍA 3: Rocamadour, St-Cirq-Lapopie y Cahors El tercer día nos va a transportar a unos pueblos perdidos en carreteras de montaña y con un escaso volumen de población. Ambas circunstancias, unidas a su alejamiento de los circuitos turísticos, han conseguido mantener el espíritu de Rocamadour y St-Cirq. Cahors, como veremos, es otra cosa. La carretera que conduce a Rocamadour es una de esas en las que no cabe más remedio que disfrutar la conducción a lo largo de un recorrido en el que los kilómetros se suceden con extrema lentitud. Sin embargo, la llegada al antiguo centro de peregrinación bien merece este esfuerzo. Rocamadour se erige en el siglo XI a partir de un eremitorio. El hallazgo en esta época del cuerpo incorrupto del eremita, al que se llamó Amador, supuso la aceptación del hecho religioso en una época en la que la religión buscaba antes las evidencias del paso de Dios por la tierra que el planteamiento de una reflexión teológica más erudita. Consecuencia de esto, se van erigiendo hasta nueve capillas entre los siglos XII y XV, que conforman el llamado parvis de las iglesias, la planta intermedia de la localidad. Rocamadour se divide en tres plantas situadas a lo largo de una única calle que zigzaguea por la montaña. La gran pendiente entre la primera planta y el 'parvis' se salva con la 'grand-escalier' o 'via sancta' que, según la tradición, los peregrinos debían subir de rodillas. Al ser una escala del Camino de Santiago en Francia, Rocamadour ha tenido a lo largo de la historia una gran importancia como centro de peregrinación, pasando de ser un santuario local entre otros en el siglo XII a cobrar la gran importancia que en el siglo XVII equiparaba la visita a sus nueve capillas con el recorrido por los altares del Vaticano. A nivel práctico, hay que señalar que todas las plantas están comunicadas por ascensores que cierran a las 18:00 h.
Tras la visita de Rocamadour, lo ideal sería llegar a comer a
St-Cirq-Lapopie, aunque hay que tener en cuenta que la carretera
retrasará mucho nuestro camino. St-Cirq-Lapopie fue en época
medieval uno de los cuatro vizcondados de Quercy, dominado por la dinastía
de los Lapopie. Es El último punto de este tercer día es Cahors, interesante por su 'Catedral de St-Étienne', que sigue las características de la iglesia de Périgueux que antes señalábamos, y, sobre todo, por el 'Pont Valentré', uno de los monumentos más fotografiados de Francia. Se trata de un puente fortificado con tres esbeltas torres que ha sido escenario de un gran número de películas y cuyo momento más adecuado para ser visitado es por la noche, ya que su iluminación se refleja en el río que circunda Cahors, creando un efecto escenográfico impresionante. Por la noche, llegaremos a Toulouse, ciudad con un gran ambiente nocturno que será el punto donde pasemos las próximas tres noches. Día 4: Toulouse- Moissac- Montauban
Toulouse es la capital de la región y un importante centro
aeroespacial. Su importancia histórica viene por ser cabeza de
la Vía Tolosana en el Camino de Santiago, lo que le ha
dejado alguna de las muestras más interesantes del arte románico
europeo. Su visita la vamos a estructurar a lo largo de los dos días
que nos vamos a quedar en ella, para aprovechar el horario de apertura
de los monumentos a primera hora de la mañana y el gran bullicio
de las calles del centro por la tarde. Así, al amanecer de este
cuarto día de viaje, vamos a visitar la basílica de St-Sernin,
edificio imponente que se levanta según el tipo de iglesia de
peregrinación según el modelo compostelano. Dividida en
cinco naves para albergar grandes masas de población, tiene tres
puntos fundamentales: 'La Tour Nolare', o el cimborrio de cinco
plantas sobre el crucero, los relieves de la girola y, sobre todo, 'la
Porte Miégevill'e (llamada así por estar en la calle que
partía en dos la ciudad), que presenta el primer programa escultórico
Una buena idea puede ser quedarse a tomar algo en las terrazas que, con el buen tiempo, se colocan frente a la portada del monasterio. Si decidimos dar por concluida nuestra visita a Moissac, a veinte kilómetros en dirección Toulouse encontramos la localidad de Montauban, ciudad natal del pintor J.D.Ingres y del escultor Bourdelle. Ambos tienen expuestas sus obras en el 'Museo Ingres', aunque sólo recomendaría su visita para los fanáticos del arte del siglo XIX. En Montauban tenemos otras cosas que ver, como la 'catedral', imponente pero fría y las plazas, realizadas en ese característico ladrillo rojo que le da un aspecto similar al de Toulouse, 'la roja'. A primera hora de la tarde volvemos a Toulouse para visitar, esta vez sí, un museo que no podemos perdernos: el 'Museo de los Agustinos', con colecciones de pintura y escultura desde época altomedieval al siglo XIX. La riqueza de estas colecciones contrasta con su forma de presentación, propia de principios de siglo y que les acerca más al concepto de 'almacén visitable' que al de museo, pero la extraordinaria calidad de sus fondos bien merece pasar por alto esta cuestión. Una vez que cae la tarde (a las 18:00 h., recordemos, cierran los monumentos franceses) es un momento perfecto para introducirse en el tumulto de gente que abarrota la zona comercial y dirigirse a la 'plaza del Capitolio', donde el Ayuntamiento preside con su majestuosidad esta zona salpicada de restaurantes y cafeterías. Una recomendación es 'Florida', una cafetería-restaurante-pub que tiene dos ambientes para distintos públicos y momentos. La planta baja se decora en un estilo decadente que le da un toque especialmente agradable para mantener una conversación tranquila. La planta alta está decorada con motivos de la India y es más apropiada para tomar una copa por la noche, sobre todo, durante el fin de semana, ya que es uno de los lugares preferidos por los jóvenes en Toulouse. Día 5: Toulouse- Albi- Cordes Si en días anteriores veíamos los mejores ejemplos de arte altomedieval de la zona, este día lo dedicaremos al arte gótico en sus representaciones más interesantes: los Jacobinos de Toulouse y la catedral de Albi como monumentos punteros. El monasterio de los Jacobinos se sitúa en el centro de Toulouse, junto al Capitolio. En su construcción destaca la imponente torre (que sigue el modelo de St-Sernin) y la iglesia, que se divide en dos naves separadas con un hilera de columnas que sustenta una gran bóveda de palmera. En esta iglesia se conservan los restos de Sto. Tomás de Aquino bajo el altar mayor.
Tras esta visita en la que hay que incluir el claustro y la sacristía,
emprenderemos la ruta a Albi, localidad situada a setenta kilómetros
de Toulouse en un trayecto muy cómodo por autopista. Albi tiene
muchos encantos, sobre todo en las viviendas que que bordean el centro
marcado por la catedral y el palacio de la Berbie. Una primera vista
Junto
a la catedral está el 'Palais de la Berbie', actual sede del
museo dedicado a Toulouse- Lautrec, natural de Albi. Este palacio se
realiza siguiendo las formas de la catedral, y presenta una colección
con algunas de las obras más importantes del pintor, a las que
se añade una interesantísima colección de pinturas
desde finales del XIX a las vanguardias históricas. El tercer
punto que hay que visitar son los restos de la iglesia de 'St-Saveur',
cuyo claustro historiado, curiosamente. Hoy es el portal de una comunidad
de vecinos. Albi ofrece una excelente variedad de restaurantes para
comer bien y a bajo precio. Quizás lo mejor sea no alejarnos
del centro, donde encontraremos varios lugares que pueden interesarnos. Al llegar a Toulouse, en nuestra última noche, podemos dar un paseo por la zona de la catedral de 'St- Étienne' y el 'boulevard de Estrasburgo', donde se encuentran algunos de los locales de moda. No podemos irnos sin tomar algunos de los platos típicos de Francia, como la imprescindible sopa de cebolla y las clásicas fondues y raclettes. Las raclettes son 'pequeños'artilugios en los que una resistencia eléctrica calienta poco a poco un queso partido por la mitad. El queso fundido se va apartando y se sirve acompañado por una guarnición. Se trata de un plato muy adecuado para tomar en grupo, con el que se pueden pasar horas de animada conversación regada por vinos de la zona, de extraordinaria calidad. Día 6: Carcassonne
El sexto día es la última etapa de nuestro viaje, y lo
dedicaremos a visitar la ciudad fortificada de Carcassonne, justo
antes de volver a nuestra localidad de origen. Carcassonne se nos presenta
como una
Esta ruta es, como decíamos al principio, sólo una de
las muchas que esta riquísima región del sur de Francia
nos ofrece. Por otra parte, la duración, que hemos propuesto
en seis días, puede prolongarse tanto como podamos resistir y
cuanto nuestro bolsillo nos permita. Como opción alternativa
a los grandes circuitos masificados y como lugar de descubrimiento continuo
y sorpresa permanente, este viaje nos presenta una cooperación
íntima entre paisajes naturales y monumentales que lo hacen especialmente
recomendable para pasar una estupenda semana de vacaciones. |
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