|
|
|
'Es
necesario que te veas morir para que sepas que aún estás
vivo'
Así, 'La Crucifixión' de 1930 viene a coincidir con un periodo de desasosiego en la vida del artista. Este periodo abarca desde 1925 hasta los años 40, coincidiendo con la época de entreguerras en Europa y la Guerra Civil Española, donde Picasso pudo descubrir el horror y la barbarie que es capaz de sembrar el hombre a su alrededor. En su vida privada, la situación no era muy diferente. Su matrimonio con Olga Koklova era insostenible, el enfrentamiento entre ambos era constante. Para terminar de desestabilizar la situación en 1927 aparece, en la vida de Picasso, Marie Therese Walter, una joven con la que el artista comenzará una relación sentimental. El inicio de esta etapa coincide con una obra fundamental en la producción artística picasiana, estamos hablando de 'La Danza'. Dentro de este periodo se inscribe otra obra cumbre, 'Guernica'.
A través de este artículo, intentaremos desentrañar el sentido de 'La Crucifixión' y veremos su conexión con las obras antes citadas ya que en muchos aspectos se trata de una obra clave que contiene elementos fundamentales para desarrollar su creación posterior más importante, esto es 'Guernica' y las series dedicadas a la tauromaquia. En 'La Crucifixión' aparecen representados los grandes temas que siempre bsesionaron a Picasso: la muerte, el sufrimiento, la religión, los ritos ancestrales, el sacrificio de víctimas inocentes. Todo bajo la atenta mirada de quien se sabe conocedor de los instintos más bajos que es capaz de sentir el hombre y de quien se recrea ante tal espectáculo. Picasso, en su constante afán de ir un paso hacia delante, se enfrenta a su propio yo y trata de encontrar nuevos campos de investigación que le abra las puertas de la creación. En este sentido, va ser de vital importancia el nuevo grupo de amigos, alejados del encorsetado círculo de la alta sociedad al que había accedido tras su matrimonio con Olga y que ya le resultaba asfixiante. Desde mediados de los años veinte, observamos como Picasso va a sentirse atraído hacia el surrealismo, movimiento que había sido fundado en 1924 por André Breton tras la disolución de Dadá. Reivindicaban la importancia del sentimiento, el inconsciente y la locura por encima de la razón. Picasso nunca se adscribió al movimiento surrealista pero compartía con estos el interés por numerosos temas, sobre todo aquellos relacionados con el lado más oscuro e irracional de la conducta humana. También se interesaron por las numerosas prácticas religiosas así como por la mitología y los rituales primitivos. De todo ello dan cuenta numerosos artículos publicados en revistas como 'Minotaure' y 'Documents'.
Especial importancia cobran los estudios de Sigmund Freud sobre la histeria, los traumas infantiles relacionados con la sexualidad y las prácticas religiosas. Uno de los temas más interesantes tratados por Freud, es el enfrentamiento constante que se produce en el individuo entre Eros y Tánatos. La obra de Picasso en esta época bascula entre estos dos polos. En cuadros como 'La Danza' y 'La Crucifixión' este enfrentamiento es patente. En ellos domina la pulsión de muerte que posee tres niveles: "en el plano biológico la pulsión de muerte nos vendría representada por el sadismo; en el plano cultural por esa frustración que es en definitiva el sentimiento de culpabilidad; en el plano psicológico por el fenómeno de la angustia" [Nota 1]. En este ámbito, es donde una obra como 'La Crucifixión' puede llegar a adquirir todo su significado. Sadismo, culpabilidad y angustia pueden rastrearse en esta obra bajo el aspecto de religiosidad. Para Picasso la escena de la crucifixión, tratada bajo la apariencia del cristianismo, esconde un significado más amplio. No se trato sólo de representar la muerte de Cristo, va más allá en su búsqueda constante de mostrar la angustia vital, la capacidad del ser humano de infligir dolor, el sufrimiento que ese dolor causa a su vez y sobre todo, el sacrificio. Un sacrificio disfrazado de necesidad, planteado como un hecho inevitable, una suerte de exorcismo que conseguirá salvar a un colectivo más amplio y permitirá conservar un ápice de esperanza. Bajo todo ello subyace la idea de Picasso de que el monstruo o, en esta caso, el semidiós debe morir para sentirse con más fuerza la vida.
Desde su infancia tenemos constancia de la presencia de dibujos en los que aparece Cristo crucificado. Stassinopoulos en su obra 'Picasso. Creador y destructor', cuenta, a modo de anécdota, como el joven Pablo ante la enfermedad de su hermana Concepción hizo la promesa de dejar de pintar si ella se salvaba.
Casualmente cada vez que en la vida de Picasso aparece un obstáculo, en su obra se refleja con la presencia de dibujos de Cristo crucificado. Así, en 1915 encontramos un estudio del Crucificado. Esto coincide con dos acontecimientos que trastocaron su vida en aquel momento. Por un lado la muerte prematura de Eva Gouel; por otro lado, la conversión de su íntimo amigo, el poeta Max Jacob, que toma el nombre de Cipriano, uno de los nombres de pila con que había sido bautizado Picasso. Ya hemos aludido a sus problemas vitales entre los años veinte y treinta. Coinciden con dos obras especialmente interesantes. 'La Danza', de 1925, en la que algunos estudiosos han querido ver un reflejo de crucifixión en el personaje central que eleva sus brazos, y la figura distorsionada de la izquierda del lienzo a la que se la ha comparado con María Magdalena. Entre 1927-30 realiza numerosos estudios sobre la crucifixión que cristalizarán en la pequeña tabla que nos ocupa. Posteriormente volverá a aparecer en 1932, en 1938 -con especial violencia- y así a lo largo de toda su existencia.
Es una obra impactante por diversos motivos. Por un lado, Picasso hace uso de colores muy brillantes entre los que destacan los amarrillos y los rojos junto a las tonalidades azules y verdosas. Por otro lado, llama la atención la diferencia de escalas y proporciones; sobretodo por la violenta descomposición a la que Picasso somete a las figuras. Esta descomposición física implica al mismo tiempo distorsiones psicológicas y emocionales. Es una obra de marcado carácter expresionista.
'La Crucifixión' no se ciñe sólo al cristianismo sino que trata de ser una síntesis de los aspectos religiosos más diversos y que abarcan la mitología y ceremoniales primitivos.
Centrando la composición encontramos la figura de Cristo crucificado. Esta figura ha sido estilizada, perdiendo su carácter humano. Investigadores como Barr y Ruth Kaufmann, establecen paralelismos entre esta figura y los ídolos cicládicos prehistóricos [Nota 3]. Picasso, lo representa en el momento en que está siendo clavado a la cruz por una pequeña figurilla. Nada se refleja en su rostro, las muestras de dolor y angustia nos llegan a través de otros personajes que estudiaremos más adelante. A la derecha del cuadro, aparecen representados dos elementos interesantes que ayudarían a ampliar el significado de esta obra. La más cercana a la figura de Cristo nos muestra un perfil inscrito en un óvalo y unido a ella, un triángulo. Este símbolo haría alusión a Mitra, dios benéfico asociado a los ritos solares, fertilizó la tierra con la sangre de un toro sagrado. Es representado sacrificando a un toro y aparece tocado con un gorro frigio que tiene forma triangular. En el cuadro, esta figura integraría al sol y a la luna y cumple la misma función que Cristo. La extraña figura que aparece a su derecha, ha sido interpretada por Kaufmann, como la alusión nuevamente a una figura ritual, quedando encuadrada dentro del contexto surrealista: ' … formaría el tercer eslabón de un triunvirato iconográfico muy cohesivo de figuras generalizadas del culto […] las tres imágenes están unidas por la similitud de su postura, que es simétrica y frontal, en contraste con las otras figuras del cuatro...' [Nota 4].
Tras esta figura, vemos un nuevo personaje, se trata del centurión encargado de rematar a Cristo, clavándole la lanza. Aparece a lomos de su caballo, es el personaje más realista de la composición. No es difícil encontrar similitudes entre esta figura a caballo y las representaciones del picador en las series que hacen alusión a la tauromaquia. Su presencia en la tabla no es gratuita. Cierra el significado entorno a los rituales de sacrificio que comparten Mitra, Cristo y el toro, según los cuales la víctima inocente debe ser inmolada para beneficio de un grupo humano más amplio. En el extremo inferior izquierdo, yacen los ladrones que han sido crucificados junto a Cristo. El modo de representarlos es similar a la figura de Jesús. Kaufmann relaciona esta obra con uno de los pasajes del Manuscrito de Saint Sever, en su opinión Picasso se inspiró en él para su representación: 'Las figuras de brazos y piernas que se extienden en esta escena de 'El Diluvio' parecen ser las fuentes probables de los ladrones de 'La Crucifixión'' [Nota 5] En el extremo inferior derecho, Picasso representa la escena de los soldados que se juegan las vestiduras de Cristos a los dados. Estos personajes permanecen ajenos al dantesco espectáculo que se desarrolla a sus espaldas y centran su atención en los dados. Nuevamente los personajes aparecen despojados de su aspecto humano, Picasso reduce sus cabezas y las confronta con otras partes del cuerpo, que adquieren mayores proporciones. En cuanto a la introducción del tambor, sobre el que se lanzan los dados, Kaufmann nos ofrece a través de sus notas una explicación bastante interesante:
Con esta introducción del juego dentro de una escena trágica, Picasso parece quitar hierro al asunto, aunque también muestra un defecto más del hombre, su capacidad de mostrar indiferencia ante el dolor ajeno. Por otro lado, Picasso sentía especial interés por la representación de juegos en su obra y el azar era un de los temas predilectos de los surrealistas.
Un rasgo que caracteriza a María Magdalena, es que se la representa con los brazos elevados y las manos entrelazadas en señal de plegaría. Para tratar de dilucidar este asunto, hay que recurrir a las explicaciones de los expertos, si nos atenemos a Kaufmann, Magdalena se encontraría situada en el extremo derecho del cuadro, la delatarían los brazos elevados. Llama la atención, la forma inhumana que adquiere la cabeza. Para esta autora, ésta toma forma de mantis religiosa, con lo cual las connotaciones sexuales del personaje son bastante claras. Rafael Jackson, coincide con esta teoría del mimetismo, para este investigador, Picasso 'ajusta esta iconografía al signo de los tiempos' y lleva a cabo este tipo de "deslizamientos inspirados en la entomología […] Sólo a través de este proceso puede entenderse el desdoblamiento de las santas mujeres en mantis…' [Nota 7] Por su parte Roland Penrose, escribe a este respecto: 'Magdalena está en lo alto, a la derecha de la cruz y sus brazos han sido trasladados a una figura alta -símbolo de invocación- situado cerca del borde derecho del cuadro […] ha adquirido una forma más estilizada'. [Nota 8]
Eugenio
Carmona, relaciona esta figura con la iconografía de medusa: 'Sus ojos
son, en este caso, dos intrigantes manchas negras como las órbitas oculares
vacías de una calavera, pero la delatan pelo, boca y dentadura'. 'La Crucifixión' de 1930, es una obra muy interesante porque, como hemos podido observar, en ella se dan cita los grandes temas que interesaban al artista. Es una obra fundamental, que actúa como obra puente entre dos obras cumbres del pintor, 'La Danza' y 'Guernica'. Hay una serie de temas, que vemos que Picasso repite una y otra vez, haciendo uso de un código flotante que convierte al espectador en cómplice de sus obsesiones. Esta obra puede considerarse clave para explicar obras posteriores, junto a Guernica se situaría la serie dedicada a la 'Minotauromaquia'. En palabras de Russell:
Tras un cuadro de aparente temática religiosa, vemos como el genio de Picasso, ha creado todo un canto al dolor, al sufrimiento y al sacrificio. Ha convertido esta obra en el símbolo de la tragedia humana. El hombre, amparándose bajo el manto de la religión, trata de exculparle de un suceso que era inevitable. Nota
1: MORA MÉRIDA, J.A.: Freud: de la líbido al eros. La
coherencia del discurso freudiano. Universidad de Málaga, 1979,
pág. 145. Nota
2: STASSINOPOULOS, A.: Picasso. Creador y destructor.
Ed. Maeva-Lasser. Navarra, 1988, pág. 32. Nota
3: KAUFMANN, R.: "La crucifixión de Picasso de 1930". En
Combalia Dexeus, V. (Ed.) Estudios sobre Picasso. GG Arte. Ed. Gustavo
Gili. Barcelona, 1981., pp. 165 Nota
4: Ibídem., pp. 166-167. Nota5:
Ibídem., pág. 168. Índice iconográfico
Bibliografía
|
|
|
|
|
|
|