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Miguel Ángel Martín. Crónica Negra
Marc Montijano Cañellas
25/4/2004


La búsqueda del bien y la bondad, en ocasiones se aproxima asombrosamente a la depravación más absoluta. La belleza y la fealdad, el bien y el mal, el placer y el dolor, conceptos que se inscriben en un círculo ideal en el que los extremos se tocan y demasiadas veces se confunden. Opuestos que a lo sumo están separados por una fina barrera de apreciación subjetiva que la hace más vulnerable y aleatoria aun si cabe.

Miguel Ángel Martín, autor trasgresor y polémico, de cuyos lápices han surgido obras como Psychopatia Sexualis, Brian the Brain, Big Whack!, Anal Core, The Space Between, Rubber Flesh, Snuff 2000 o Kyrie, nuevo europeo; es uno de los dibujantes más afamados del panorama actual. Sus trabajos han aparecido en publicaciones históricas como Totem, Makoki, Zona 84 o El Víbora, en cuyas páginas colabora actualmente con su serie Surfing on the Thirdwave. Galardonado con el premio Autor Revelación del Salón Internacional del Cómic de Barcelona 1992, y con el prestigioso premio Yellow Kid al mejor autor extranjero, en el Salón de Roma de 1999, vive compaginando el cómic con la ilustración y la publicidad, y realizando, entre tanto, algún que otro guión para cine y televisión. Ha creado la imagen de Subterfuge, la discográfica independiente más importante de España, y la mascota de Festimad; realizó el cartel de la película de Jess Franco Killer Barbys y las ilustraciones del press-book de La Lengua Asesina; ha colaborado con El País, Marie Claire, Primera Línea, Maxim, Leer, CQ, o Rolling Stone entre otras.

En estas líneas, vamos a dejar de lado al Miguel Ángel Martín más conocido y nos vamos a remontar al pasado, sumergiéndonos en los inicios de este dibujante leonés afincado en Madrid, con su obra Crónica Negra, trabajo de gran calidad que realizó entre 1986 y 1987 para La Crónica de León.

A mediados de la década de 1980, Miguel Ángel Martín se encontraba en León, ciudad en la que nació en 1960 y en la que residió sus primeros veintisiete años de vida. No hacia mucho que había dejado, desencantado y aburrido por el ambiente universitario, la carrera de Derecho y también abandonado su intención inicial de ser fiscal por el mundo del cómic. Sus primeros pasos en este medio fueron a través de colaboraciones con los periódicos de su ciudad natal, primero con El Diario y luego con La Crónica. Precisamente para La Crónica de León al terminar Crónica Negra, en 1987, inició su primer gran trabajo que fue Keibol Black.

Como anteriormente ya hemos apuntado, en 1986, fruto del encargo de Benigno Castro, director de La Crónica de aquel momento, nació Crónica Negra. Un trabajo rompedor para su época e incluso para hoy,ya que dieciséis años después resulta difícil imaginarse a un periódico atreviéndose a repetir esta extraordinaria experiencia, no sólo por la novedad que implica este género dentro del cómic, sino también, y principalmente, por la dureza de los temas que trata. Crónica Negra sería, sin serlo estrictamente, una especie de tira diaria o Daily-strip que ilustraba la sección de sucesos de La Crónica de León, desarrollando gráficamente un gran collage, que rescataría una serie de hechos reales bastante desgraciados sin ninguna pretensión moralizante. La obra, subraya la burla sangrienta que nos hace la vida, a través de una ironía mordaz y cruel, al proclamarnos verdugos y ajusticiados a la par. Esta suma fragilidad que nos envuelve, se hace más evidente con el arte que con los medios mecánicos y es por ello que ilustrar un crimen pueda parecer escandaloso y de mal gusto, para una gran mayoría, mientras que fotografiar o filmar una masacre y luego televisarla en la sobremesa, sea considerado el producto de una magnífica labor informativa.

El bombardeo iconográfico, en televisión y prensa, nos ha hecho, a la mayoría, insensibles ante tragedias que por reiterativas las hemos normalizado y, por tanto, aceptado dentro de nuestra cotidianeidad. Este hecho, que no justifica nuestra podredumbre moral, no se produce igualmente con los cómics. El artista es considerado, a diferencia del periodista, responsable del tema elegido para su trabajo. La causa de este error, puede ser debida a la tendencia común a confundir la interpretación del arte con especulaciones acerca de la psicología del artista, y, por tanto, describir la obra como un retrato de los deseos y conflictos privados de su autor. Focalizando generalmente todas esas especulaciones, diríamos mejor invenciones, en aspectos sexuales, cuanto más enfermizos mejor. Prueba ridícula de ello fue el secuestro que sufrió la obra, de Martín, Brian the Brain, el pasado año por parte de la policía judicial italiana, cuando un ciudadano particular acusó a su editor, Jorge Vacca (Topolin Edizioni), de instigación a la pedofilia.

Volviendo a lo que nos ocupa, Crónica Negra está compuesta por un conjunto de ilustraciones atemporales de muy bella factura, que Miguel Ángel Martín realizó, como ya hemos apuntado, para la crónica de sucesos del mencionado periódico. Homicidios, parricidios, suicidios, profanaciones de tumbas, todo tipo de casos reales sucedidos durante este tiempo. Es un trabajo fruto de sus primeros años de profesión, pero que ya posee esa fuerte impronta que marca cada trazo surgido de la mano de este magistral autor. Con unos encuadres plenamente cinematográficos, en los que juega muy acertadamente con los distintos planos, y unas imaginativas perspectivas ópticas, haciendo un verdadero alarde técnico, estas ilustraciones muestran a un Miguel Ángel Martín cómodo, con una línea suelta y fresca.

Antes de proseguir con este breve estudio, se hace necesario realizar unas pequeñas puntualizaciones sobre los trabajos que integraron Crónica Negra. A lo largo de los dos años aproximados que duró el proyecto se deben distinguir dos etapas. En primer lugar, el cuadernillo central propiamente llamado Crónica Negra, compuesto por unas entregas de aparición semanal que duraron tres o cuatro meses. Y por otro lado, otra serie de ilustraciones con la misma temática, que Miguel Ángel Martín realizó durante una temporada más, para la sección de sucesos de La Crónica. De todos modos, para quien este interesado en este trabajo y no quiera ir en su busca a una hemeroteca, hay que apuntar que en 1997 una parte de este material fue editado como álbum por la editorial Midons, la cual ha publicado interesantísimas recopilaciones de ilustraciones de otros afamados dibujantes del panorama actual como Max, Ana Miralles, Manel Fontdevila o Gallardo.

Crónica Negra es la clave para entender el verdadero sentido de la posterior obra de Miguel Ángel Martín. Podría parecer a primera vista un trabajo intrascendente, pero su análisis resulta gratamente clarificador. Debido a su mayor transparencia, al tratarse de un trabajo de juventud, podemos apreciar más claramente las líneas que configuran el lenguaje que desarrollará Miguel Ángel Martín durante toda su carrera y llegar a desvelar la base psicológica que sustenta toda su obra. Dicho de otro modo, su análisis nos permitirá ver que las diferencias entre una ilustración de este trabajo y, por ejemplo, una viñeta del álbum The Space Between o de Rubber Flesh, son meramente formales, siendo el fondo prácticamente el mismo.

Martín ha sido principalmente un gran observador durante toda su carrera, un dibujante que se nutre artísticamente de todo cuanto le rodea. Negando a quienes le califican como un visionario, su trabajo es como una ventana abierta al mundo, pero sin visillo, sin pudor. Sus historias desarrolladas en el marco de ciudades asépticas y futuristas de atmósferas irreales y luminosas; a pesar de estar protagonizadas por un conejo con pajarita o por un niño con el cerebro por fuera, por sórdidas que parezcan en ocasiones, tienen siempre una profunda raíz en nuestra realidad que cómodamente nos negamos a aceptar. Preferimos ver su obra como el producto de una mente tan fantasiosa como pervertida. Y quizá sea esto lo que le confiere a todo su trabajo ese aire misteriosamente cercano y distante a la vez. Siempre se tiende a resaltar la faceta más truculenta de la vida de Miguel Ángel Martín, como si fuera él el creador de tanto mal y ello nos eximiera de toda culpa. Queremos sepultar nuestra travestida conciencia con estas y otras increíbles mentiras. Pero aquí, en las ilustraciones que conforman Crónica Negra, esta lucha se rompe en nuestra contra. Enmarcada por unos ineludibles e inapelables pies, en los que versan frases como Parricidio en los barrios de Luna o Mató a su madre a puñaladas afirmando que él era Dios, la barbarie humana es representada por Miguel Ángel Martín con todo lujo de detalles, evidenciando una y otra vez nuestra cruel y brutal naturaleza.

Esa profunda sensación de calma tensa que envuelve cada una de las viñetas de Miguel Ángel Martín, en las que siempre mantiene al lector expectante ante el inminente y presumiblemente turbador desenlace, aquí se desborda completamente. Cuchilladas, disparos, sangre, vísceras, locura, desesperación, dolor; se hacen los protagonistas de estas pequeñas historias sobre el papel que condensan grandes e irreparables tragedias en la realidad.