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NOVEDADES BIBLIO
GRÁFICAS

La vida perenne
José Luis Sampedro, Editorial Plaza&Janés, Barcelna, marzo, 2015

Un cuaderno de notas hecho con citas, reflexiones y fotografías, como si fueran la carpeta en la que un adolescente apunta sus referencias, sus ideas, las cosas que le gustan, con el fin de hacerse una identidad.
Es un revelador y fascinante viaje a través de la filosofía vital del autor, acompañado por las sugestivas imágenes del fotógrafo Chema Madoz. Es este un libro que acerca a los lectores al José Luis más íntimo, apenas conocido. Un compendio esencial y sorprendente. La vida perenne descubre una faceta inédita de la rica personalidad del autor. Su compromiso vital con la escritura y la sociedad es de sobra conocido, pero sólo sus más íntimos sabían de los caminos que exploró para llegar al desarrollo de su ideal humanista. Este libro recoge ese camino hacia la sabiduría perenne.
"Quienes conocieran a Sampedro, encontrarán en este libro la sensación de que él vuelve y charla con ellos. Los que no, encontrarán sabiduría, píldoras que les harán reflexionar y aquietarán su espíritu", Olga Lucas, esposa de Sampedro.


Casa O’Gorman 1929
Toyo Ito; Victor Jiménez; Xavier Guzmán Urbiola, RM Verlag, México, marzo, 2015

Esta obra narra la historia del primer proyecto arquitectónico de Juan O'Gorman y de su reciente restauración. El libro rescata y rinde homenaje al que sin duda es uno de los ejemplos pioneros en la vanguardia de la arquitectura moderna internacional. Juan O?Gorman se inició como arquitecto de manera espectacular a los 24 años de edad, con el proyecto de una casa que comenzó a construir en 1929 y concluyó en 1931. Gracias a ella, Diego Rivera le encargó su casa estudio y la de Frida Kahlo, construidas en 1931-1932.
El libro incluye 70 fotografías de calidad extraordinaria, reproducciones de planos y los textos: “La primera casa funcionalista levantada en México por Juan O’ Gorman”, de Guzmán Urbiola; “La casa de Juan O’ Gorman de 1929”, de Víctor Jiménez, y “El prodigio de la vanguardia y la pureza. Las casas de Diego Rivera y Frida Kahlo, y la casa del arquitecto Juan O’ Gorman ”, del arquitecto japonés Toyo Ito, Premio Pritzker 2013.
Esta publicación, coeditada por RM, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), forma parte del rescate y de la puesta en valor de la ahora Casa O’ Gorman adquirida en 2010, restaurada y abierta al público en 2013.


Hombres buenos
Arturo Pérez-Reverte, Editorial Alfaguara, Barcelona, marzo, 2015

Hombres buenos: una intriga histórica en el París prerrevolucionario, está basada en hechos reales y documentada con extremo rigor. Narra la heroica aventura de quienes se atrevieron a cambiar el mundo con libros y con la que Arturo Pérez-Reverte vuelve al territorio literario que abrió para la literatura con El club Dumas.
A finales del siglo XVIII, cuando dos miembros de la Real Academia Española, el bibliotecario don Hermógenes Molina y el almirante don Pedro Zárate, recibieron de sus compañeros el encargo de viajar a París para conseguir de forma casi clandestina los 28 volúmenes de la Encyclopédie de D’Alembert y Diderot, que estaba prohibida en España, nadie podía sospechar que los dos académicos iban a enfrentarse a una peligrosa sucesión de intrigas, a un viaje de incertidumbres y sobresaltos que los llevaría, por caminos infestados de bandoleros e incómodas ventas y posadas, desde el Madrid ilustrado de Carlos III al París de los cafés, los salones, las tertulias filosóficas, la vida libertina y las agitaciones políticas en vísperas de la Revolución francesa.


Capítulo Primero

Cruje el piso de madera cuando, tras los postres, un mozo trae la bandeja con una cafetera humeante, agua y una botella de licor, así como avío para fumar. Solícito con sus dos comensales, Vega de Sella, el director de la Real Academia Española, hace él mismo los honores: una taza colmada y una copita de marrasquino al bibliotecario, don Hermógenes Molina, y un dedo de moscatel al almirante Zárate, cuya austeridad —apenas ha probado el carnero verde y el vino de Medina del Campo— es notoria entre los miembros de la Docta Casa. Los tres están sentados en torno a una mesa del comedor pequeño de la fonda La Fontana de Oro, por cuya ventana abierta alcanza a verse el tráfico de calesas y gentío que sube y baja por la carrera de San Jerónimo.

—Es toda una aventura —está diciendo Vega de Sella—. Con la que, no necesito insistir en ello, ganan ustedes el reconocimiento de sus compañeros y de la Academia... Por eso quería agradecérselo a los dos con esta comida.

—No sé si estaremos a la altura —comenta el bibliotecario—. De lo que se espera.

Vega de Sella hace un ademán confiado, mundano, pletórico de oportuno afecto.

—De eso no me cabe duda —apunta, alentador—. Tanto usted, don Hermógenes, como el señor almirante, cumplirán como quienes son... Tengo la absoluta certeza.

Dicho eso, se inclina sobre la mesa y acerca el extremo de un cigarro habanero a la llamita de la vela encendida que trajo el mozo con el tabaco.

—Absoluta certeza —repite, recostándose en el respaldo de la silla mientras su sonrisa deja escapar una nube de humo azulado.

Don Hermógenes Molina, bibliotecario de la Academia —los amigos de confianza se atreven a llamarlo don Hermes—, asiente cortés, aunque poco convencido. Es un hombre bajo, grueso, bonachón, viudo desde hace cinco años. Latinista conspicuo, profesor de lenguas clásicas, su traducción de las Vidas paralelas de Plutarco marcó un hito en las letras cultas hispanas. Aunque poco cuidadoso de su apariencia —la casaca rozada en los codos tiene manchas de chocolate y restos de rapé en las solapas—, su buen carácter lo compensa con creces, haciéndolo estimado de sus compañeros. Como bibliotecario, permite a éstos utilizar libros que son de su propiedad particular, e incluso realiza adquisiciones de ejemplares raros o útiles en librerías de viejo con dinero propio, del que siempre olvida pedir el reembolso. A diferencia del director y de otros académicos, don Hermógenes no usa peluca ni polvos para el cabello, que lleva mocho y mal cortado, todavía oscuro aunque veteado de canas. La barba cerrada, que precisaría dos afeitados diarios para mostrar aseo, sombrea un rostro donde los ojos castaños, bondadosos, castigados de edad y lecturas, parecen contemplar el mundo con cierto despiste y un educado asombro.

—Lo haremos lo mejor que podamos, señor director.

—No me cabe duda.

—Confío mucho en el señor almirante —añade el bibliotecario—. Es hombre viajado, tiene mundo. Y habla muy bien francés.

Se inclina levemente el aludido desde la silla donde se encuentra con la espalda recta, rígido y formal como de costumbre, apoyados en el borde de la mesa los puños de su impecable casaca de frac negra, rematada por un corbatín ancho de seda, de nudo perfecto, que parece obligarle a mantener aún más erguida la cabeza. Vivo contraste, en toda su cuidada persona, con el desaliño entrañable del bibliotecario.

—También usted lo habla, don Hermógenes —apunta, seco.


Nat Tate 1928-1960. El enigma de un artista americano
William Boyd, Malpaso, Barcelona, enero, 2015

Nathwell Tate, gran pintor abstracto y desdichado, se arrojó a las aguas neoyorquinas en enero de 1960. Nunca se halló su cadáver y a duras penas se hallarían dieciocho briznas de su trabajo, pues él mismo se había encargado de destruirlo poco antes de morir. Muchos años después, David Bowie, Gore Vidal, William Boyd y John Richardson convocaron una fiesta de homenaje en el loft de Jeff Koons. Allí se leyeron fragmentos de este libro a la élite cultural de Manhattan, la cual, según las crónicas, recordaba vagamente al malogrado artista, apreció el formidable mérito de sus obras residuales y se sintió muy impresionada por su trágico destino.
Boyd, entre ironía y acercamiento histórico, juega con la realidad y la ficción apoyado en algunos compinches de excepción, como los antes citados Bowie, Vidal y Richardson. El resultado es un libro compuesto por pequeños fragmentos que Boyd ha ido encontrando de Tate en el que reflexiona sobre el arte contemporáneo. No escatima en documentos visuales como fotografías y obras de Tate, además de respaldar su investigación con declaraciones de personas que llegaron a coincidir con el artista.


Todavía no sé lo que me impulsó a subir las escaleras de la galería que Alice Singer tiene en la calle 57 de Nueva York. Fue en junio de 1997. La exposición se titulaba Un aire abarrotado: el dibujo americano, 1900-1990 y parecía desmesuradamente ambiciosa para un espacio tan pequeño. Además, las noticias que sobre ella había leído en el Times y el New Yorker prefiguraban con displicencia mis prejuicios naturales. Caía la tarde, tenía calor, estaba cansado y vagaba ante docenas de dibujos y esbozos anodinos (un Feininger, un zapato de Warhol, un garabato de Twombly me llamaron la atención) cuando algo que nunca hubiera esperado me dejó atónito. Era un dibujo de 30 x 45 centímetros, en tinta, técnica mixta y collage: Puente n.º 122. No me hizo falta leer la cartela para saber que era de Nat Tate.

No estaba fechado, pero sabía que debía ser de los primeros cincuenta, una pieza de su en otro tiempo legendaria (aunque hoy totalmente olvidada) serie de dibujos inspirada en El puente, el gran poema de Hart Crane. Todos los dibujos de la secuencia (y se decía que constaba de unos doscientos) eran de formato parecido: arriba se veía la representación de un puente audazmente estilizada (a veces una maraña de vigas, a veces un simple arco) y abajo, ocupando dos tercios o la mitad de la superficie, se acumulaba un amasijo de desperdicios: puñaladas de tinta o tachones furiosos, ocasionales imágenes semifigurativas (unas veces obscenamente parecidas a grafitis, otras dibujados con pericia y cuidado), letreros o caracteres encolados, ilustraciones arrancadas de revistas o collages diestramente yuxtapuestos en un estilo que recuerda al de Kurt Schwitters. «Me gustan los puentes —le dijo Nat Tate a un conocido—, tan fuertes, tan simples, pero piensa en lo que fluye abajo con el río.» .


Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos
Pablo Neruda, Seix Barral, Barcelona, enero, 2015

Se trata de 21 poemas inéditos que fueron descubiertos hace tres años en la Fundación que lleva su nombre en Santiago de Chile.
Hallados en diversas cajas, fueron escritos en cuadernos, en el dorso de un programa musical, en el menú de un barco en plena travesía, al reverso de una guía de equipajes de ferrocarril, o a kilómetros de altura, camino de Río de Janeiro.
La relevancia de esta obra inédita reside en que los poemas pertenecen a un periodo que abarca desde principios de los años 50 hasta poco antes de su muerte, en 1973. Son, por lo tanto, posteriores a Canto general (1950) y fueron escritos en la época de madurez del escritor chileno. La certificación de la autoría los convierte en el mayor hallazgo de las letras hispanas en los últimos años.
Esta edición, anotada por Darío Oses, incluye un prólogo de Pere Gimferrer y la reproducción facsimilar de varios de los poemas encontrados.
Para dar cierto orden al libro, el criterio editorial ha sido agrupar los seis poemas amorosos en un primer bloque y los 15 restantes en un capítulo de otros poemas.

Poema 15

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía... [...].


Deseo de chocolate
Care Santos, Editorial Planeta, Barcelona, mayo, 2014

El relato abarca la evolución y el desarrollo de la producción del chocolate retrocediendo en el tiempo, desde la actualidad hasta su industrialización durante el siglo XIX y su llegada a Barcelona en el siglo XVIII. Cada etapa histórica se cuenta de forma independiente. El único vínculo es un objeto: una chocolatera de porcelana fina.
La misma chocolatera en manos de tres mujeres que viven en tres siglos distintos. La primera en poseerla es Sara, propietaria de un apellido que en Barcelona es sinónimo de chocolate. Es una mujer actual de unos 40 años propietaria de una chocolatería e involucrada en un triángulo amoroso, y que se enorgullece de dar continuidad a la tradición heredada de sus padres.
En la segunda historia, la chocolatera se halla en la casa de una familia acomodada del siglo XIX, de donde Aurora, hija de una sirvienta, y para quien el chocolate es un producto prohibido, robará la pieza. De fuerte contenido histórico, esta parte está inspirada en el reconocido chocolatero Amatller.
La última parte, está protagonizada por la joven Mariana, esposa del fabricante de chocolate más famoso del siglo XVIII, abastecedor de la corte francesa e inventor de una máquina prodigiosa.

COMPORTAMIENTO DE LOS POLIMORFOS

Las personas —está en nuestra naturaleza— nos aburrimos de todo. De los objetos, de las diversiones, de la familia, incluso de nosotros mismos. Da igual que tengamos cuanto deseamos, que nos guste la vida que hemos elegido o que compartamos los días con la mejor persona del mundo. Las personas, antes o después, terminamos por aburrirnos de todo.

Las personas —está en nuestra naturaleza— nos aburrimos de todo. De los objetos, de las diversiones, de la familia, incluso de nosotros mismos. Da igual que tengamos cuanto deseamos, que nos guste la vida que hemos elegido o que compartamos los días con la mejor persona del mundo. Las personas, antes o después, terminamos por aburrirnos de todo.


Constance
Patrick McGrath, Editorial Mondadori, Barcelona, febrero, 2014

Se trata de una historia de suspense psicológico que comparte rasgos temáticos y formales con autores como Patricia Highsmith o Alfred Hithcock. En la Nueva York de la década de 1960, Constance, la protagonista, es una atractiva y distante joven que trabaja en una editorial. Una tarde asiste a una fiesta literaria y conoce a Sidney Klein, académico inglés expatriado veinte años mayor que ella. Sidney es padre soltero con problemas económicos, y desde que la conociera, persigue a Constance sin cesar. En cuestión de meses, ella acepta su propuesta de matrimonio, y se muda con él a la oscuridad de su apartamento lleno de libros. La atmósfera de fatalidad planea sobre la pareja desde el primer momento: el transcurso de los días acentúa la fragilidad emocional de Constance, incapaz de encontrar el más mínimo atisbo de felicidad. El pasado de Constance es turbulento, y la supuestamente idílica infancia en una bella casa del valle del Hudson no es lo que a primera vista pudiera parecer: su pasado familiar esconde un secreto, y, como uno de los personajes anuncia: 'Los secretos nos enferman'.
Cuando por casualidad le llegan noticias de su vida pasada, su frágil mente sufre una profunda conmoción. Su matrimonio, que ya hacía aguas, amenaza con derrumbarse por completo. Asustada y desamparada, Constance toma una desastrosa decisión y observa cómo su mundo se desmorona rápidamente. Su único consuelo entonces será su amistad con el hijo de Sidney, un niño raro pero delicado, no muy diferente de la propia Constance.


Kinsey y yo
Sue Grafton, Tusquets, Barcelona, enero, 2014

Más de tres décadas después de que se publicara la primera novela protagonizada por Kinsey Millhone, la investigadora privada se enfrenta a nueve casos que son auténticas joyas del género detectivesco. Impregnados por la vigorosa voz narrativa, el ingenio afiladísimo y las irreverentes observaciones que han cautivado a los lectores desde A de adulterio, estos relatos nos recuerdan el cambio sísmico que la irrupción de Millhone provocó en la novela policiaca: las mujeres dejaron de ser meras comparsas para convertirse en protagonistas con carácter y opiniones propias.
Como colofón, se le añaden trece relatos breves protagonizados por Kit Blue, una versión más joven de la propia Sue Grafton, en los que la escritora encara su pasado con emotividad: el resultado es un viaje a su infancia en el seno de una familia problemática, marcada por el alcoholismo de la madre, en un ejercicio autobiográfico que pocos autores han acometido.

Prólogo

Los relatos cortos de intriga constituyen auténticos pro digios de inventiva. El escritor trabaja sobre un pequeño lienzo, perfilando las palabras con un pincel finísimo. En unas veinte páginas manuscritas debe establecer la acredi tación y la personalidad del detective (Kinsey Millhone en este caso), así como el escenario y el periodo en que trans curre la acción. Normalmente se comete un asesinato, o alguien desaparece y su desaparición resulta alarmante. De litos menores como los distintos tipos de robo, la malver sación de fondos o el fraude pueden proporcionar la chis pa que desencadena el argumento, pero, por lo general, el asesinato es el pegamento que mantiene todas las piezas en su sitio.

En pocas palabras, el escritor debe exponer la natura leza del delito e introducir a dos o tres sospechosos posi bles (o «personas de interés policial», como se los suele describir en la actualidad). Mediante unos cuantos trazos certeros, el autor también debe crear suspense y generar un mínimo de acción mientras muestra cómo organiza el detective la investigación y establece una hipótesis de trabajo, que luego será preciso comprobar. Los toques de humor realzan la mezcla, aligeran el tono y proporcio nan al lector un alivio momentáneo de las tensiones im plícitas en el proceso. Por último, la resolución siempre tiene que satisfacer las condiciones planteadas al inicio del relato.


Los años de peregrinación del chico sin color
Haruki Murakami, Tusquets, Barcelona, octubre, 2013

Narra la historia de un joven Tsukuru Tazaki, que, cuando era adolescente se sentaba durante horas en las estaciones para ver pasar los trenes. Ahora, con treinta y seis años, es un ingeniero que diseña y construye estaciones de ferrocarril y que lleva una vida tranquila, tal vez demasiado solitaria. Cuando conoce a Sara, una mujer por la que se siente atraído, empieza a plantearse cuestiones que creía definitivamente zanjadas. Entre otras, un traumático episodio de su juventud: cuando iba a la universidad, el que fue su grupo de amigos desde la adolescencia cortó bruscamente, sin dar explicaciones, toda relación con él, y la experiencia fue tan dolorosa que Tsukuru incluso acarició la idea del suicidio. Ahora, dieciséis años después, quizá logre averiguar qué sucedió exactamente. Ecos del pasado y del presente, pianistas capaces de predecir la muerte y de ver el color de las personas, manos de seis dedos, sueños perturbadores, muchachas frágiles y muertes que suscitan interrogantes componen el paisaje, pautado por las notas de Los años de peregrinación de Liszt, por el que Tsukuru viajará en busca de sentimientos largo tiempo ocultos.

1

Desde julio de su segundo año universitario hasta enero del año siguiente, Tsukuru Tazaki vivó casi todo el tiempo pensando en morir. Entretanto cumplió veinte años, pero esa muesca en el tiempo no significó nada para él. Durante esos meses, la idea de acabar con su vida le parecía de lo más natural y legítima. Todavía ahora, mucho tiempo después, ignoraba la razón por la que no había dado ese último paso, a pesar de que, en aquel entonces, franquear el umbral que separaba la vida de la muerte le habría resultado más fácil que tragarse un huevo crudo.

Si Tsukuru no llegó a consumar el suicidio fue quizá porque si fijación con la muerte era tan pura e intensa que el modo en que podría suicidarse no se asociaba en su mente con a imagen concreta. En su caso, la concreción era más bien un aspecto secundario. De haber tenido a su alcance una puerta que condujese a la muerte, la habría abierto sin titubear, sin pensárselo dos veces, como una prolongación de su día a día, por así decirlo. Pero por fortuna o por desgracia, no encontró a mano esa puerta.


La vida es un regalo
María de Villota, Plataforma Editorial, Barcelona, octubre, 2013

La expiloto de Fórmula 1 María de Villota relata en esta obra el vuelco que dio su vida tras el fatal accidente, en el que estuvo a punto de perder la vida y por el que sufrió graves secuelas, en el transcurso de unas pruebas aerodinámicas con el equipo ruso Marussia en el aeródromo británico de Duxford de Fórmula 1 en el verano de 2012. También cuenta el día en que, estando convaleciente, le cortaron el pelo, cuando tuvo su primer parche, cómo optó por hacerse la dormida la primera vez que le preguntaron por su ojo, o cómo se sintió al volver a pisar la arena de la playa. Cómo el Whatsapp fue su aliado para retomar el contacto con sus amigos, cuando se sentía demasiado agotada como para hablar por teléfono. Y rememora su infancia, su carrera, lo difícil que le resultó, como mujer, moverse en un mundo, el del motor, copado por hombres.
Lejos de caer en el desánimo, su tenacidad y su coraje han sido más poderosos que aquel trágico suceso. La vida es un regalo es el testimonio conmovedor y apasionante de una mujer que no ha renunciado a seguir pilotando con mano firme su propia vida.

Y un día te das cuenta de que vivías dormido, pasabas a ciegas y sentías a medias. Si un accidente no ha parado en seco tu vida, vive soñando, pasea observando y ama apostando. Si un accidente ha parado por un momento tu vida, sabes de lo que estamos hablando. Este libro es para nosotros.


El jardín del hombre ciego
Nadeem Aslam, Editorial Mondadori, Barcelona, septiembre, 2013

La novela narra una historia familiar sobre la superación de los devastadores problemas acontecidos en la última década en los países de Oriente Medio. Se sitúa en un pequeño pueblo de Pakistán, donde viven dos jóvenes, Gio y Mikal, desde niños fueron inseparables. Sin embargo, con el tiempo los caminos les llevan a sitios bien distintos, y mientras Gio estudia medicina especializada, Mikal es un vagabundo que ha perdido a su gran amor. La situación de ambos cambia cuando Jeo decide cruzar la frontera hacia Afganistán, no para luchar, sino para curar a los civiles, y Mikal decide marcharse con él con el fin de protegerlo. Conforme la narración avanza y nuestros dos protagonistas se adentran en el corazón de Afganistán, comienza también a desvelarse el pasado de su familia, y de su padre ciego, atormentado por la muerte de su esposa y por los errores que cometió en nombre del Islam y de la Nación.
El anciano ciego, es el padre de los jóvenes, que ha asistido impotente a la transformación de la escuela islámica que fundó en un centro de yihadistas. A través del veterano personaje, el autor quiere contraponer los ‘valores humanistas’ del Islam, el anhelo de una civilización que antaño fue puntera en el cultivo del arte y de la ciencia, con la intolerancia de los extremistas en auge.
En definitiva, la novela sigue los avatares de una familia paquistaní durante los meses que sucedieron al 11-S y expone el impacto entre la gente común de la intervención occidental en el vecino Afganistán, y de la guerra contra el terror desencadenada tras aquellos ataques. También explora la larga sombra que proyecta sobre la vida de los pakistaníes la guerra en Afganistán y la tensión entre el islam más extremista y sus críticos después de aquel brutal atentado.


Inferno
Dan Brown, Editorial Planeta, Barcelona, mayo, 2013

La estructura de la novela, similar a la de anteriores éxitos, tiene de nuevo como protagonista a Robert Langdon, una vez más inmerso en los misterios de la cultura europea con múltiples códigos y jeroglíficos que resolver, en esta ocasión con Dante Alighieri y su 'Inferno' (de 'La divina comedia') como eje central de la trama.
En el corazón de Italia, el catedrático de Simbología de Harvard Robert Langdon se ve arrastrado a un mundo terrorífico centrado en una de las obras maestras de la Literatura más imperecederas y misteriosas de la Historia: el Infierno de Dante.
Con este telón de fondo, Langdon se enfrenta a un adversario escalofriante y lidia con un acertijo ingenioso en un escenario de arte clásico, pasadizos secretos y ciencia futurista. Apoyándose en el oscuro poema épico de Dante, Langdon, en una carrera contrarreloj, busca respuestas y personas de confianza antes de que el mundo cambie irrevocablemente.

1

Los recuerdos comenzaron a tomar forma lentamente..., como burbujas emergiendo a la superficie desde la oscuridad de un pozo sin fondo.

«Una mujer cubierta con un velo.»

Robert Langdon la contemplaba desde el otro lado de un río cuyas turbulentas aguas estaban teñidas de sangre. En la orilla opuesta, la mujer permanecía de pie, inmóvil, solemne y con el rostro oculto por un velo. En la mano sostenía una cinta tainia que alzó en honor al mar de cadáveres que había a sus pies. El olor a muerte se extendía por todas partes.

«Busca —susurró la mujer—. Y hallarás.»

Langdon escuchó las palabras como si las hubieran pronunciado en el interior de su cabeza.

—¡¿Quién eres?! —exclamó, pero su boca no emitió sonido alguno.

«El tiempo se está agotando —susurró ella—. Busca y hallarás.»

Langdon dio un paso hacia el río pero advirtió que, además de estar teñidas de sangre, sus aguas eran demasiado profundas.

Cuando volvió a alzar la mirada, los cuerpos que había a los pies de la mujer se habían multiplicado. Ahora había cientos, miles quizá.

Algunos todavía estaban vivos y se retorcían agonizantes mientras sufrían muertes terribles e impensables... Consumidos por el fuego, enterrados en heces, devorándose los unos a los otros. Desde la otra orilla del río, Langdon podía oír sus angustiados gritos de sufrimiento.


El maestro del Prado y las pinturas proféticas
Javier Sierra, Editorial Planeta, Barcelona, febrero, 2013

Al más puro estilo de los relatos de enigmas de Javier Sierra, este nuevo libro presenta un apasionante recorrido por las historias más desconocidas y secretas de una de las pinacotecas más importantes del mundo, el Museo del Prado.
Para llevar a cabo el viaje iniciático que narra El maestro del Prado, el autor urde una trama apasionante que tiene como hilo conductor la presencia y las enseñanzas del doctor Luis Fovel, un hombre misterioso al que un jovencísimo Sierra conocerá una tarde de finales de 1990 frente a La Perla, una de las mejores tablas de Rafael. A partir de ese encuentro, Fovel recorrerá con él las salas del museo y le descifrará los enigmas que esconde su colección renacentista, proporcionándole una serie de pautas que llevarán al escritor mucho más lejos de lo que nunca hubiera imaginado.
Se trata de una fascinante historia de cómo un aprendiz de escritor aprendió a mirar cuadros y a entender unos mensajes ocultos que difieren de la ortodoxia de la Iglesia católica.

Este relato comienza con los primeros fríos de diciembre de 1990. He dudado mucho, muchísimo, sobre la conveniencia de publicarlo, sobre todo porque se trata de una aventura de fuertes connotaciones personales. Es, en definitiva, la pequeña historia de cómo un aprendiz de escritor fue enseñado a mirar un cuadro.

Como sucede con todas las grandes peripecias humanas, la mía también arranca en un momento de crisis. En aquel inicio de década, yo era un joven de provincias de diecinueve años recién llegado a Madrid que soñaba con abrirse camino en una ciudad llena de posibilidades. Todo parecía bullir a mi alrededor y tenía la impresión de que el futuro de nuestra generación comenzaba a dibujarse más rápido de lo que éramos capaces de percibir. Los preparativos para las olimpiadas de Barcelona, la Exposición Universal de Sevilla, la construcción del primer tren de alta velocidad, la aparición de tres nuevos periódicos nacionales o la llegada de la televisión privada eran la parte más visible de ese hervidero. Y aunque estaba seguro de que alguna de esas transformaciones exteriores iba a terminar afectándome, nada de aquello resultó importante para mí. Iluso, creía que la posibilidad de ganarme un hueco en el mundo de la comunicación —con el que flirteaba desde que era un niño— estaba a las puertas. De hecho, desde que me instalé en la capital hice lo imposible por visitar emisoras de radio, platós, ruedas de prensa, presentaciones de libros y redacciones de medios, tanto para conocer a los periodistas que admiraba como para hacerme a la idea de lo que iba a ser mi profesión.

Pero aquel Madrid pronto se convirtió en un lugar de alto voltaje.


Bipolar
Elena Méndez, Linajes Editores, México, julio, 2011

Se trata de un libro compuesto por 21 cuentos que nos hablan sobre personajes con trastorno afectivo bipolar (padecimiento anteriormente conocido como psicosis maniacodepresiva). Está dividido en dos apartados: ‘El cuerpo del delito’, donde se aborda la fase maniaca; y ‘Tal vez morir en soledad’, que alude a la fase depresiva.
Dicho trastorno no se nombra explícitamente, sino que se permite que el lector lo deduzca, basado en el comportamiento de los personajes, que suelen moverse en la clandestinidad y ejercer las más inusitadas transgresiones.
Las temáticas abordadas son, entre otras: el amor, el erotismo, la soledad, la amistad, la muerte… todo lo que rodea al ser humano y lo hace ser como es.
También hay una fuerte crítica social, enfocada, sobre todo, a la doble moral y la hipocresía.
El estilo de la autora muestra una enorme influencia de autores como Julio Cortázar, José de la Colina y Élmer Mendoza, particularmente en los tópicos, el uso de la temporalidad y el empleo lúdico del lenguaje.

Sinaloa y sus ojos cafés

Te disgusta viajar adelante adelante o hasta allá atrás, pero ni modo, te tocó la última opción.

Bueno, hay que resignarse y traes un chingo de cargamento; haces algo inusual en ti; pedir ayuda; le dices a un pasajero que te ayude a subir unos cartones llenos de libros, y tu compañero de asiento se ofrece a colocar tu maletota allá arriba.

Admiras sus piernas, piensas que es basquetbolista, pero no, es beisbolista. Es un chavo buena onda; sin querer, empiezas a confesarle tu vida a este desconocido, tal como Arreola contaba que solía hacerlo, y es que a veces es preferible contarle tu vida a un extraño que a una persona supuestamente confiable.

Te saca de onda, porque dice que tiene veinte años. ¡Ja…! ¿Quién te va a creer? Y claro, le exiges muestre su credencial de elector. El güey viene tomadillo (de hecho, no podría dejar de darte el tufo), y te muestra su identificación.

17-10-79; por lo tanto, te lleva un poco más de dos años. Su amigo viene en calidad de cucaracha fumigada; permanece en posición fetal durante buen tiempo, mientras este bato se ríe de él.


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