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El Circo de Fellini
Fernanda Bargach-Mitre
21/05/2007




’Aun si no sé nada, lo sé todo del circo’, afirmaba el director que siendo niño quedo hipnotizado por aquella carpa dorada que se levantó una noche en su pequeña ciudad y en la que se escabulló en la mañana, quedando extasiado por aquel útero enorme,’como un astronauta abandonado en la luna que encuentra su astronave’.

Como el pequeño de la película reconoció en los payasos, en esos rostros de expresión indescifrable y risa de locos, la polaridad entre la impecable cara blanca y el aspecto irracional de lo humano. Consideraba a los payasos más humanos que los humanos mismos, por ser capaces de experimentar lo mejor y lo peor de nuestra naturaleza sin limitaciones, de ser el burlado y el burlador y por todas esas ‘trasgresiones’ ser aplaudido en vez de reprendido.

Fellini, trasgresor por naturaleza, aprovechó una propuesta de la T.V. Italiana y decide hacer ‘I Clowns’ para finalmente dedicarle un film entero al tema del Circo, que tantas veces apareciera de soslayo en sus películas anteriores ya fuese a través de la música, extraños personajes, el uso del humor, la sátira cruel o las nostálgicas errancias

En un fin de semana y sin haberlo reflexionado mucho, realizó el guión y partió con su propia ‘troup’ de extraños seres en un viaje de ciudad en ciudad buscando los vestigios del circo, su ambiente, su forma de vida. En este intento de recrear su emoción, encanto y sorpresa, descubren que el corazón del circo sigue latiendo representando mitos permanentes de la humanidad: la aventura, el viaje, la amenaza, el humor, la capacidad de reírnos de nuestra propia estupidez y de manera hilarante caricaturizar el mundo.

Bario (Manrico Meschi), payaso famoso por su simpático 'Augusto’ : mendigo, borracho, infantil y ruidoso, grabó unas palabras que luego la emoción no le permitió repetir en cámara: ‘...es bueno para la salud hacer de clown...por fin uno puede hacer todo lo que quiere: dar golpes contra todo, destrozar cosas, prenderles fuego, revolcarse por el suelo, y nadie te reta sino que todos te aplauden...es un buen trabajo, si se sabe hacer se gana tanto como un funcionario ¿por qué los padres quieren que sus hijos sean funcionarios y no clowns?...’

Por medio de esta película, Fellini adulto se paraleliza con el Fellini niño que al ver la primera función de circo se sintió iluminado ‘...como si de repente hubiera reconocido algo que me pertenencia desde siempre y que era también mi futuro, mi trabajo y mi vida...’. Ya en ‘La Strada’, tres personajes circenses se involucran en una historia desgarradoramente humana. Aparecen los escondrijos, las luces, los viajes de pueblo en pueblo, las músicas ensordecedoras del circo. El personaje de ‘Gelsomina’ ( Giulietta Masina), a quien Fellini admiraba por su condición de actriz-clown, posee una melancolía indefinida, tierna, un poco loca, una inspiración bufonesca y surrealista propia de el ‘Augusto’.

El Clown Blanco y el Augusto

Carlos contra el mundoFICHA TÉCNICA DE 'THE CLOWNS'

+ Dirección: Federico Fellini.
+ País: Francia.
+ Año: 1971.
+ Interpretación
: Riccardo Billi, Fanfulla, Mayo Morin (TV Troup), Lima Alberti (TV Troup), Alvaro Vitale (TV Troup), Pierre Etaix, Annie Fratellini, Liana Orfeo, Nando Orfeo, Anita Ekberg, Victoria Chaplin.
+ Guión
: Federico Fellini y Bernardino Zapponi.
+ Productores: Elio Scardamaglia y Federico Fellini .
+ Director de Fotografía: Dario Di Palma.
+ Montaje: Jay Rabinowitz.
+ Vestuario: Danilo Donati.
+ Música: Nino Rota.

El Clown blanco, de imponente apariencia, simboliza la elegancia, la inteligencia, la armonía, lo divino, el ideal de payaso-hombre envuelto en la vanidad. En contraposición aparece el personaje del Augusto, torpe, rebelde, un contestatario gracioso representando a todos los seres ‘inadaptados’ o ‘locos’. Se dice que a finales de siglo hubo un criado muy tope y gracioso llamado Augusto, de quien se tomo el nombre para el personaje. Sin embargo, el primer creador del Augusto fue el francés Jim Guillon, famoso por lograr cubrirse la nariz con el labio inferior, quien murió solo y enfermo en un hospital años mas tarde.

Si bien el Augusto se caracterizaba por representar todo lo contrario al Clown Blanco, quien autoritariamente trataba de imponerle su magnánima perfección, Los Fratellini introdujeron un tercer personaje: le contre-pitre, parecido al Augusto pero que prestaba obediencia a su amo y trataba duramente de aprender.

Cuando Fellini hablaba de Clown, se refería fundamentalmente al Augusto, si bien reconoce que ambas figuras representan la dualidad humana, el yin yang, la búsqueda insistente de la reconciliación de los contrarios para lograr la unicidad del ser. Sin embargo El Augusto es más divertido, es la imagen del loco rechazado. Los niños, que aun están en esa etapa difuminada donde no se han establecido los confines de la conciencia adulta, a través de él pueden imaginarse que hacen todo lo prohibido sin ser condenados: ‘...La familia burguesa es un consenso de clowns blancos donde el niño es arrojado en la condición del Augusto..’ .

La sombra del payaso

El payaso es a la humanidad como al hombre es a su sombra. Representan las crueldades y maravillas del hombre a través de la risa. En 'I Clowns', Fellini recrea un tiempo en el que la carpa estaba llena de clowns realizando docenas de actos al mismo tiempo, sin la impersonalidad del actor.

En uno de los números, el payaso pretende no entender que su compañero ha muerto y que por consiguiente no puede cobrarle una antigua deuda. Trata y trata de llamarlo sin respuesta y decide interpretar en la trompeta la vieja melodía que tocaban juntos. Súbitamente, su compañero emerge de las sombras del escenario, acompañándolo con su trompeta como en los viejos tiempos. Sólo a través de la música logran reunirse nuevamente dejándonos una profunda metáfora acerca de la muerte, el amor y de cómo el arte puede alcanzar a otro espíritu humano.

Yo, Augusto

Ya en su niñez, Fellini reconoce Augustos en las calles de su pueblo: El vagabundo Giovannone, muy simpático y cortejador de campesinas; la monja enana que pasaba la mitad del tiempo en el convento y la otra en el manicomio; Giudizio, que enloquecía al ver películas de guerra y salía a pelear con su uniforme. ‘El mundo, y no sólo mi pueblo, está poblado de clowns’, mientras realizaba el filme, veía desde el auto, personajes bufonescos en las calles ‘ ...viejas ridículas con sombreros absurdos...melenudos con gabanes descocidos...y un obispo con aspecto de momia dentro de un coche...’.

El payaso es el espejo del hombre. Dentro de la sociedad institucionalizada, hay un lugar donde ‘los Augustos’ , los raros, los diferentes, son aplaudidos. Hay un lugar donde todos tenemos nuestro payaso fragmentado. Fellini, un Augusto rebelde y visionario, encontró en el cine la forma de hacerse aplaudir. Aquella función que presenció de niño, fue la compuerta que abrió su mente a interpretar el mundo de manera distinta, sabiendo que en el circo existían los Augustos festejados por el público y en las calles los rechazados por el Clown Blanco de la normativa social.

El Circo otra vez nos reinterpreta, el arte nos salva, pero no a todos. Muchos 'Augustos' sin carpa ni arte, siguen siendo condenados por sus diferencias. Algunos se disfrazan de día y cargan con la escisión producto de la hipocresía.

Ser Augusto es una condición sin tregua y significa recuperar, la facultad infantil de vivir la fantasía con la misma profundidad que la realidad.

Citas: Tomadas de La película ‘I CLOWNS’ y el libro ‘HACER UNA PELICULA’ Federico Fellini con ‘AUTOBIOGRAFIA DE UN ESPECTADOR’ de Italo Calvino.