Nacido
en Barcelona en 1866, Ramón Casas, siempre conoció la
holgura económica, pues su padre había hecho fortuna en
América. Tuvo una larga carrera profesional, durante la cual
cultivó con igual fortuna la pintura, el dibujo y el cartel.
Fue precoz, ya que en 1881, con sólo quince años, publicó
su primer dibujo y dos años después participó en
una exposición en el Salon des Champs Élysées
de París, en la cual presentó su Autorretrato vestido
de flamenco. En esta ciudad, llevó una vida bohemia, pero
acomodada y sibarita. En Barcelona, instaló el taller en su casa
del Paseo de Gracia. En su ciudad natal, el reconocimiento fue acompañado
siempre del éxito económico. Murió en 1932, a los
sesenta y seis años.
Concluida
su primera estancia en París, realiza una serie de obras de tema
taurino, en la década de 1880, en las que el artista abandona
la paleta oscura y pone de manifiesto sus excelentes dotes de colorista.
Con todo, su producción más numerosa durante estos años,
y de hecho a lo largo de toda su carrera, es la dedicada al retrato.
Género en el que, desde fecha temprana, destaca como el mejor
retratista de la pintura catalana del cambio de siglo.
En cuanto a la pintura, la renovación
que aportó a Barcelona fue básicamente la de un impresionismo
de concepto, al estilo de Edgar Degas, pero nunca un impresionismo cromático
como el de Monet. Se impregnó de obras parisinas, en la línea
del nombrado Degas, y, sobre todo, de Whistler, que, en lugar de describir
prolijamente un asunto, captaban una instantánea fugaz. También
en sus dibujos, recibe influencias de Toulouse-Lautrec y Steinlen.
Casas rechaza el método de trabajo
de la Academia.Este es realmente narcotizante y puede llegar a anular
la personalidad del artista, pero una formación tradicional nunca
es negativa, hay una gran diferencia entre intentar olvidar algo y no
haberlo sabido nunca. Casas posee una gran formación y eso se
nota a pesar de que trabaje de forma rápida y no realice un acabado
meticuloso.
La
representación incompleta, o abreviada que explotaron los impresionistas,
aunque no fueron ni mucho menos los primeros en descubrirla, le va muy
bien a Casas por su forma de trabajar. Este método, además,
no le resta verosimilitud al retratado, se pude llegar a afirmar que
son más verídicos, más próximos y cercanos
para los que lo conocieron, que por ejemplo un retrato académico.
El académico no ve, capta los rasgos y los plasma materialmente
a través de unos principios que le han enseñado, puede
ser mucho más proporcionado, estar más centrado en el
lienzo y mejor acabado, pero Casas capta el alma de la persona, su psicología,
su actitud. El académico abunda en detalles innecesarios a la
hora de la identificación, la mente ya suple la falta de acabado
como nos demuestra este escrito de finales del diecinueve, de William
James:
'Cuando escuchamos a una persona que
habla o leemos una página impresa, mucho de lo que creemos
ver u oír es suplido por nuestra memoria. Pasamos por alto
erratas de imprenta, imaginamos las letras correctas, aunque vemos
las equivocadas; y de lo poco que oímos en efecto cuando escuchamos
el habla, nos damos cuenta al asistir a un teatro extranjero, porque
allí lo que nos desconcierta, más que el hecho de que
no entendamos lo que dicen los actores, es que no logramos oír
sus palabras. El hecho es que no oímos más, bajo mismas
condiciones, en nuestra lengua, y solo nuestra mente, al estar más
llena de asociaciones verbales inglesas, suple el material requerido
para la comprensión, basándose en una insinuación
auditoria mucho más leve.'
Por
eso en un retrato, el retratado se siente más identificado si
se capta su psicología que si tiene la ceja a la altura perfecta.
Es por ello que una obra de cualquier famoso del museo de cera nos parece
horriblemente mala, los rasgos físicos están pero no se
parece a la persona de la que provienen, y sin embargo un dibujo como
el que Casas realiza de Mir es Mir.
No todo fue modernidad e innovación,
es innegable que Casas hizo una pintura agradable y elegante, basándose
en el culto a la belleza y al refinamiento. Oller ya indicaba la importancia
que para el naturalismo tenía la "emoción".
Algo similar sucede con otros textos de Josep Yxart, en los que afirma
el ideal, el ennoblecimiento y la belleza. Esta característica
de su producción artística fue en gran parte, la culpable
de la extraordinaria y unánimemente acogida que la critica dispensó
a esta primera exposición monográfica de Casas. Tanto
por parte de los defensores del artista, como de los que habían
sido sus más conspicuos detractores.
Casas va más allá del
simple registro de los acontecimientos, no se limita a mirar. Penetra
bajo la apariencia de las cosas, para ofrecerlas en una imagen más
verdadera, más sincera y más profunda.
En 1894, se instaló con su familia
en la residencia que se había hecho construir en la parte alta
del Paseo de Gracia. Realizó entonces la mayoría de pinturas
dedicadas a plasmar un acontecimiento ciudadano, como Garrote vil,
Baile de tarde o Embarque de tropas. Estas obras le dieron
una gran popularidad, porque aludían a hechos recientes acaecidos
en Barcelona y estaban en la memoria de sus ciudadanos. Asimismo, entorno
a este año, pintó una serie de desnudos, temática
novedosa en la producción del artista, en la que la modelo suele
aparecer echada en el suelo y en complejos escorzos.
Por estas fechas realizó, los
ciento treinta y dos retratos que formaron parte de la exposición
de la Sala Parés de 1899. Dibujados en Barcelona, la mayoría
de ellos en el taller del artista. No hay ningún dato que nos
permita saber con exactitud cuando empezó a realizar esta serie
de una manera sistemática, aunque es probable que el inicio de
esta galería iconográfica se sitúe hacia 1897,
[Nota 1] coincidiendo
con la apertura de Els Quatre Gats, [Nota
2] inaugurado en junio de aquel mismo año. Aunque,
a juzgar por la rapidez con que los hacia, [Nota
3] no parece razonable, que hubiera empezado a realizarlos
antes de 1897.

A
la hora de inventariar a los retratados, hay un hecho que llama la atención.
El retratista solicita como modelo a cualquier enemigo personal suyo,
mientras fuera un personaje notorio. Escritores, políticos, pintores,
juristas, periodistas, músicos, actores, están todos.
Toda la generación de final de siglo pasó por el estudio
de Casas.
Casas posee conciencia de su tiempo, es un hombre del presente, de su
presente. Parece que trabaja para legarle al futuro un inventario completo
de los personajes de su época. Por tanto cuando retrata a Nonell
no se mueve por un principio de provocación, Nonell simplemente
era uno de tantos personajes de la Barcelona de la época, y por
eso Casas lo retrata.
En
cualquier caso, prácticamente todos correspondían a personajes
tan relevantes que Utrillo, según el mismo dice en un número
de Pèl & Ploma, [Nota
4] al hacer el montaje de la exposición en la Sala
Parés, para no herir la susceptibilidad de los retratados,
decidió disponer los retratos por orden alfabético.
A pesar del planteamiento esquemático
del cuerpo de los retratados el artista supo captar también los
rasgos de la personalidad que se manifiestan en la postura general del
cuerpo. [Nota 5]
La mentalidad de Casas, está,
como su obra, a medio camino entre la modernidad y la tradición,
mira hacia el futuro pero no rompe con el pasado. Fue un personaje muy
peculiar [Nota 6]
y a la vez muy admirable.
En
1899
y en 1900, por iniciativa de Utrillo, se organizaron exposiciones individuales,
puesto que hasta entonces siempre habían sido compartidas con
Rusiñol y Clarasó. Las dos exposiciones fueron aclamadas
por el público y la crítica. El prestigio de Casas, que
entonces contaba con treinta y cuatro años, estaba absolutamente
consolidado y la burguesía barcelonesa, que no hacía tanto
tiempo se había mostrado hostil ante la producción parisina
del pintor, lo consideraba ahora el artista más representativo
del Modernismo.
Permaneció en Barcelona y se
sumergió en la monotonía de una vida confortable, que
evitó cualquier innovación en su trayectoria artística.
Retomó algunos temas que había cultivado en épocas
anteriores, pero se dedicó fundamentalmente al retrato hasta
el final de sus días.
RETRATO DE ISIDRE NONELL
Esta
obra fue realizada por Ramón Casas entre 1897 y 1898. Es el retrato
de un pintor ignorado y rechazado, en este caso Isidre Nonell (Barcelona
1873-1911), por muy brillante que fuese y lo fue, no era motivo merecedor
de una obra para la mentalidad de la época. Aunque este aspecto
fuese considerado rupturista en un inicio, en el caso concreto de Casas,
en el momento que realiza el dibujo, ya no es tan provocador, puesto
que era la figura más sobresaliente de la pintura catalana, una
vez superada la primera reacción de rechazo por parte del público
y de la crítica más conservadora. [Nota
7]
Rechazo del método de trabajo
de la Academia. El retrato es simple y sencillo, muy alejado del academicismo
laborioso, que no era para un hombre con una retina que lo veía
todo, con tanta facilidad para el dibujo. Esto nos lleva a la importancia
de la mirada directa, herencia del impresionismo, de su estancia en
París. Ciudad a la que debe también, los planos cromáticos
amplios y homogéneos, que conforman la vestimenta de Nonell,
el dibujo casi sin volumen, muy plano y la simplicidad de la línea.
Todo ello nos recuerda a las estampas japonesas.
El retrato de cuerpo entero de Novell,
pertenece a la primera serie de la galería iconográfica
[Nota 8] que fue expuesta
en 1899. Todas estas obras poseen un formato similar y el personaje
representado -salvo en unos pocos casos- aparece de pie, recortado sobre
un fondo neutro y sin ningún elemento alusivo a su identidad
o a su profesión, excepto en los retratos del meteorólogo
Dionís Puig. Casas se concentra especialmente en el rostro del
personaje y mediante un silueteado grueso y seguro, sin esconder los
arrepentimientos, traza la silueta.
Nota 1: Sobre este punto,
Jorda y Rafols, amigos y biógrafos del artista, manifiestan opiniones
diferentes. Según Rafols, los empezó a hacer en 1897;
Jorda, en cambio, afirma que datan del mismo año en que apareció
Pèl & Ploma, es decir 1899.
Por nuestra parte, podemos asegurar que Jorda se equivoca, ya que sabemos
con toda seguridad que los empezó a hacer antes de 1899 por la
razón que expongo a continuación. Daniel Ortiz, que firmaba
sus escritos con el seudónimo Doys, tenía una sección
diaria llamada "Chirigotas" en el periódico La Publicidad,
en la que comentaba en tono sarcástico acontecimientos ciudadanos
de diversa índole. En su escrito del ida 11 de julio de 1898
dice: "el pintor Ramón Casas lleva entre manos una obra
que ha de llamar singularmente la atención el ida que la exponga
al publico. La obra consiste en una colección de retratos de
personas conocidas, hechas al carbón, con una soltura, un arte,
y un savoir faire admirables. Ahora ya tendrá dibujados un centenar
todos muy bien hechos, pero algunos sobresalientes por todos los conceptos..."
A continuación enumera algunos de los que ha podido ver. La razón
de que Doys dedicara su articulo a estos retratos de Casas era que precisamente
aquellos días estaba siendo retratado por el artista.
Nota
2: Esta cervecería abierta en Barcelona, fundada por Romeu,
Utrillo, Rusiñol y el mismo Casas, fue centro de reunión
de los intelectuales y artistas modernistas y lugar donde se celebraron
importantes actividades artísticas y culturales de vanguardia
como exposiciones, conciertos, sesiones literarias, representaciones
teatrales, etc. Allí Joan Maragall lee alguno de sus poemas,
Isaac Albéniz y Enric Granados dan conciertos, actrices como
Duse, Mariani y Réjanne cenaron en el establecimiento coincidiendo
con actuaciones suyas en Barcelona, sin nombrar al importante número
de artistas que asistían frecuentemente a sus tertulias y hacia
en ciertas ocasiones exposiciones de sus obras. No hace falta decir
que Els Quatre Gats debió de ser para Casas un buena cantera
para conocer a personajes idóneos para sus retratos.
Nota
3: Al parecer, Casas hacia posar al retratado durante dos sesiones
y a continuación, ya en ausencia del modelo, realizaba numerosos
retoques hasta que daba por finalizado el retrato.
Nota
4: Revista excelente, a la altura de las mejores publicaciones
modernistas europeas del momento, tenía como único responsable
a Miquel Utrillo y al propio Casas. El primero verdadero promotor de
la empresa, era el autor de la parte escrita y Casas, de las ilustraciones,
buena parte de cuyos originales integraban el contenido de la exposición.
Nota
5: Testimonios contemporáneos afirman que de borrarles
el rostro, a los personajes continuarían siendo instantáneamente
identificados por todos aquellos que los conocieron. En las personas,
tan reveladora es la cara como la ropa. La americana y los pantalones
de cada cual tienen un caída única y personal.
Nota
6: Claudi Ametlla cuenta que Ramon Casas se definía a
si mismo de este modo: " se hacer una ensalada. En segundo lugar,
conduzco bien un automóvil. Finalmente, hay quien dice que dibujo
y pinto de una manera aceptable". Cuando, enfermo, ya no pudo hacer
ninguna de estas tres cosas, no le dolió abandonar el mundo,
pese a tener solamente sesenta y cinco años. Dijo a los suyos
"No lloréis por mí. Tal vez haya vivido poco, pero
he vivido muy bien, como nunca viviréis vosotros..."
Nota
7: Reacción que se produjo cuando, en 1890, Santiago Rusiñol
y el propio Casas, junto con el escultor Clarasó, expusieron
en la mencionada Sala Parés las pinturas que los dos primeros
acababan de realizar en París.
Nota
8: Conjunto de obras que engrosaron la primera exposición
individual de Ramón Casas, que en aquel momento tenía
32 años. Inaugurada, en los últimos días de octubre
de 1899, en la Sala Pares -entonces la única galería de
arte existente en la Ciudad. El solo hecho de que se celebrara una exposición
individual de un artista vivo era ya un acontecimiento insólito
en la Barcelona de entonces, ya que este tipo de eventos se solían
celebrar a titulo póstumo.
Índice bibliográfico
- FAERNA GARCÍA-BERMEJO, J.M.:
Isidre Nonell. Los Impresionistas y su época. Ediciones
Polígrafa, Barcelona, 1996.
- MENDOZA, Cristina.: Ramón
Casas retratos al carbón. Editorial AUSA, Barcelona, 1995.
- MOLINA CAMPOS, Enrique.: Retratos
de Ramon Casas, ediciones Polígrafa, Barcelona, 1997.
Índice iconográfico
Ramón Casas i Carbó,
pintor (Barcelona 1866-1932)
1908, carbón realzado al pastel, 55X42 cm.
Maestranza de Sevilla
1887, óleo sobre tabla, 52X32 cm.
Catalineta
1898, óleo sobre lienzo, 127X166 cm.
Joaquim Mir i Trinxet, pintor (Barcelona
1873-1940)
Hacia 1901, carbón y pastel, 42X40 cm.
Eduardo Chicharro Aguera, pintor
(Madrid 1873-1949)
Hacia 1904-5, carbón y pastel, 63X48 cm.
Rafael Martínez Padilla,
pintor (Málaga 1878-Barcelona 1961)
Hacia 1904-8, carbón, 57'5X45'5 cm.
Ricard Opisso i Sala, dibujante
(Tarragona 1880- Barcelona 1966)
Hacia 1920, carbón, 51'7X42'7 cm.
Ramón Pichot i Gironés,
pintor Barcelona 1870- París 1925)
Hacia 1897-99, carbón, pastel y acuarela, 64X30 cm.
Alexandre de Riquer i Anglada,
pintor, dibujante, escritor y decorador (Calaf 1856- Palma de Mallorca
1920)
Hacia 1903-06, carbón con toques de pastel, 62'8X48 cm.
Josep M. Sert, pintor (Barcelona
1874-1945)
Hacia 1904, carbón realzado al pastel, 62'3X47'7 cm.
Josefa Teixidor i Torres, pintora
(Barcelona 1875-1914)
1910, carbón con toques de pastel, 60'6X48'1 cm.
Isidre Nonell i Monturiol, pintor
(Barcelona 1873-1911)
Hacia 1897-99, carbón y fondo pulverizado, 64X30 cm.