La
Capilla de los Caballeros es una de las más importantes de la
catedral de Cuenca. Alberga en su interior varios enterramientos, siendo
los más destacados, precisamente, los dos que le otorgan el nombre
por tratarse de dos figuras yacentes vestidas con armadura de caballeros
sobre las laudas de dos sepulcros de
alabastro,
cobijadas en sendos arcosolios. Representan a don García Álvarez
de Albornoz y don Alvar García de Albornoz, padre y hermano del
famoso Cardenal de Toledo, don Gil. Aunque ambos murieron en el siglo
XIV, estos sepulcros se hicieron en el siglo XVI durante la reforma
de la capilla.
La
acumulación de polvo durante siglos sumado al mal estado de las
canalizaciones de agua, había provocado graves deterioros en
la piedra a causa de la condensación de humedad, que a su vez
desencadenaba la aparición de otras alteraciones. A esto había
que añadir la existencia de un repolicromado de cal, total o
parcial, en las placas de alabastro y esculturas de bulto redondo que
las enmarcan, cubriendo tanto la caliza original como el alabastro policromado.
Los
trabajos de restauración dieron comienzo el 1 de junio de 2002
y finalizaron el 30 de ese mismo mes, corriendo a cargo de los alumnos
de la especialidad de escultura de la Escuela Superior de Conservación
y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, dirigidos por
Francisco del Hoyo.
Para devolver al conjunto su belleza original, fue necesario el desmontaje
de las piezas de alabastro que conformaban los sepulcros, facilitando
así su limpieza y reintegración volumétrica en
aquellos casos en que fue necesario. Para aislarlos de la humedad, los
restos óseos hallados en el interior de las esculturas funerarias
fueron introducidos en cajas de madera, tratadas para prevenir el ataque
de xilófagos.
La eliminación de la capa de cal que cubría los ornamentos
cobijados en los arcos, sacó a la luz la policromía original
que había estado oculta a lo largo de varios siglos, siendo necesario
reintegrar aquellas zonas que la habían perdido.
Asimismo, se decidió la eliminación de un repinte del
siglo XVIII compuesto por cal y pigmento que cubría las paredes
de los arcosolios quitando protagonismo a los sepulcros.
Una vez finalizados los trabajos de restauración, la capilla,
de carácter privado, se abriò al público el 26
de octubre de ese mismo año.